A veces uno simplemente quiere ver algo estúpido y reírse hasta que el refresco le salga por la nariz. A veces uno simplemente quiere volver a tener 16 años por un par de horas. Para esas veces existen películas como Proyecto X.

La cinta, dirigida por el desconocido primerizo Nima Nourizadeh, le debe más en autoría a su productor, Todd Phillips, el realizador de ¿Qué pasó ayer?, otro himno a la estupidez cómica.

¿De qué trata Proyecto X? De tres adolescentes dispuestos a hacer lo que sea con tal de cambiar el juego , es decir, dejar de ser los nerds de la prepa y lograr que las muchachas los miren con deseo y los machos alfa de la escuela los respeten como a iguales.

¿Cuál será la proeza que les dará semejantes dones? Si ha visto cintas de adolescentes, lo sabrá: hay que hacer la fiesta más titánica, espectacular, sin control, de la que se tenga memoria.

UNA FIESTA CON TODO MENOS PADRES

Thomas (Thomas Mann) es el cumpleañero; Oliver, alias Costa (Oliver Cooper) es el amigo judío dispuesto a cualquier cosa con tal de lograr la fiesta, y JB (Jonathan Daniel Brown) es el gordito tímido que hace lo que los otros dos decidan.

La fiesta es el Proyecto X. También lo es el video casero que los muchachos están grabando para dejar testimonio de su éxito. Toda la cinta está narrada desde este punto de vista, mezclado con algunos momentos sacados de las cámaras de celulares de los asistentes a la fiesta. Es un lenguaje que los adolescentes de hoy en día tienen completamente asimilado y es uno de los grandes triunfos de Proyecto X.

El resultado es, como es de esperarse, una fiesta de toda la noche, sin padres (por supuesto), sin control, con violaciones a la ley y las buenas costumbres, con chavas en topless, alcohol, éxtasis, mariguana… Y un lanzallamas más un gnomo que saluda a la audiencia alzando su dedo medio.

CAMBIANDO LA TRADICIÓN

El cine de adolescentes es una tradición de unos 30 años en el ámbito hollywodense. Desde los 80 con cintas como Porky’s, pasando por American Pie ya en los 90 y Supercool en la década pasada, la cintas de adolescentes que aprenden valiosas lecciones después de hacer una locura invaden la pantalla, siempre con una moraleja para masticar al final.

Proyecto X es clasificación C y por lo tanto la entrada le estará vetada a su verdadero público. Si de causalidad hay alguien menor de 18 años leyendo esta reseña, le digo: ¡Cuélate al cine! Definitivamente ésta es la película que no debes perderte. Y para los adultos, les digo que saquen su adolescente interno y disfruten como si todavía tuvieran barros.

concepcion.moreno@eleconomista.mx