El artista plástico, considerado como una de las figuras trascendentales de la Generación de la Ruptura, Gustavo Arias Murueta, falleció este lunes 15 de abril, a los 95 años edad. Así lo dio a conocer su familia a través de un comunicado sin especificar el motivo del fallecimiento.

“Con profundo y sentido dolor, les compartimos la triste noticia de que nuestro querido padre, el maestro Gustavo Arias Murueta, falleció el día de hoy y como el gran maestro que dejó un patrimonio a la humanidad, con su valiosa obra. Bendiciones y que en paz descanse”. Ese fue el mensaje que la familia del artista hizo público para anunciar su deceso.

Nacido en Los Ángeles, California, el 26 de mayo de 1923, Gustavo Arias Murueta inició sus estudios básicos en Torreón, Coahuila, y les dio continuidad en la Ciudad de México, una vez que su familia se mudó a la capital del país en 1939. Fue aceptado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para hacer sus estudios profesionales en Arquitectura. Ahí se pudo codear con pintores mexicanos trascendentales, como Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, estos dos últimos, de quienes posteriormente tomaría distancia.

Fue durante la segunda mitad de la década de los 50 que comenzó su trabajo formal como creador plástico y pudo concretar sus primeras exposiciones a principios de los años 60. Destacó por la capacidad de abstracción y de composición estética de sus dibujos y óleos. En esa misma década residió en varias ciudades de Europa y Estados Unidos, visitando museos, estudiando de cerca los trabajos de los grandes maestros; hasta que se instaló definitivamente en la Ciudad de México en 1974, donde terminó por ser vinculado con la Generación de la Ruptura, una desvinculación artística del nacionalismo propio del muralismo mexicano con la que simpatizaban colegas como José Luis Cuevas, Juan Soriano, Pedro Coronel o Manuel Felguérez.

Pese a que dedicó gran parte de su producción al dibujo y a la pintura al óleo, también destacó como escultor y poeta. Sus exposiciones tempranas se concretaron en espacios tanto de México como en Estados Unidos, como la Galería Chapultepec (1962), la Pacific Art Gallery, de Los Ángeles; el Salón de la Plástica Mexicana (1968), en la Ciudad de México, o la galería Zegry, de Nueva York, en 1970. A partir de entonces, dejó de viajar por el mundo para integrar exposiciones individuales pero también colectivas, junto a otros maestros de la talla, como aquella que se inauguró en la Fundación Sebastian en 2012: “Las posibilidades de la forma, antología visual entre siglos”, junto a obras firmadas con apellidos como los de Aceves Navarro, Cuevas, Toledo y Felguérez.

Participó en proyectos colectivos como la elaboración de un mural para respaldar las demandas del Movimiento Estudiantil de 1968. También recibió distinciones como el Primer Lugar en Dibujo en 1975, del certamen que organizaba el Salón de la Plástica Mexicana. Además fue homenajeado en 2014 por el entonces Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por su medio siglo de trayectoria.

“Deja un legado imprescindible en la pintura y el grabado, por el que fue reconocido con la Medalla Bellas Artes en 2014. El INBAL lamenta su partida y envía a su familia un abrazo solidario. Descanse en paz”, publicó la dependencia a través de sus redes sociales para sumarse al dolor por la pérdida del artista.