No es una postura desde la institución. Las modificaciones al Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la UNAM son producto de la movilización estudiantil de septiembre pasado.

Paros, marchas multitudinarias y asambleas interuniversitarias exigieron mayor seguridad dentro de las instalaciones de la institución educativa, en donde, además de un enfrentamiento entre estudiantes y grupos de choque, se han encontrado cuerpos de mujeres con signos de violencia, se han denunciado violaciones en sus baños y acoso en las aulas.

“La importancia de que estas reformas al protocolo de violencia de género están siendo reconocidas de manera oficial por las autoridades universitarias es que devienen de un movimiento estudiantil en donde se hizo evidente la necesidad de seguridad de la comunidad universitaria”, dijo en entrevista para El Economista Lucía Núñez, doctora en Ciencias Sociales, abogada por la UAM Xochimilco e investigadora en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.

“Si bien la autoridad ya se había percatado de que el protocolo necesitaba mejoras, son las mismas estudiantes, académicas y trabajadoras de la UNAM las que están haciendo las propuestas para mejorar el protocolo que no las protege y que no es una postura institucional, ni se le ocurrió a las autoridades”, expuso.

Deficiencias

“Aunque el protocolo es bueno en sí mismo, es necesaria una revisión y actualización de las necesidades de manera constante”, destacó la experta.

El informe anual sobre la implementación del protocolo para la atención de casos de violencia en la UNAM, de junio del 2017 a junio del 2018, reflejó que el número de quejas por casos relacionados con la violencia de género asciende a 251, pero la abogada general Mónica González detalló que se registraron al menos 325, además de que en los últimos dos años el número de quejas presentadas por violencia de género en la universidad aumentó 11 veces, en comparación con la cantidad registrada durante los 13 años anteriores.

El 98% de las denuncias recibidas fueron hechas por mujeres, mientras que 97% de los agresores resultaron ser hombres. Debido a las constantes denuncias y las exigencias de asambleas interuniversitarias, el 18 de septiembre del presente año se instaló la Mesa de Atención en Asuntos de Género debido a la presión de las movilizaciones, espacio que recabó el mayor número de sugerencias y críticas de parte de la comunidad para modificar el protocolo que se publicó hace más de dos años, el 29 de agosto del 2016.

Además del Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género, la Mesa de Atención en Asuntos de Género también contempla cambios a la Legislación Universitaria, en los que sugiere la ampliación de mecanismos de denuncia sobre hostigamiento y acoso sexual, una reforma al Estatuto General de la máxima casa de estudios y del Reglamento de la Defensoría de los Derechos Universitarios, a fin de mejorar el acompañamiento y atención de estos casos de violencia.

La Mesa estuvo a cargo de Luisa Puig, Estela Roselló, Abril Alzaga, Sandra Lorenzano, Lucía Raphael, Ignacio Díaz de la Serna y José Luis Palacio, además de algunos activistas, entre quienes destaca Araceli Osorio, madre de Lesvy Berlín Osorio, de quien se encontró su cadáver dentro de las instalaciones de Ciudad Universitaria y cuya muerte se investiga bajo la línea de feminicidio.

La UNAM es vanguardista en equidad de género

La investigadora Lucía Núñez, experta en estudios de género, consideró a la UNAM como la única institución en México a la vanguardia que ha incorporado medidas necesarias para atender la violencia de género.

“Hay que reconocer que la UNAM va a la vanguardia. Malo o bueno, el protocolo es un hecho y hay muchas universidades que no lo tienen, no lo aplican y ni si quiera lo contemplan. La UNAM fue la primera institución en implementarlo, esto permite que haya lugar a una reforma del mismo, y que se vayan atendiendo las necesidades de las mujeres de la comunidad.

“También es atinado reformar legislaciones universitarias que se hicieron en los años 70, cuando la percepción de la violencia hacia las mujeres era normalizada o se ignoraba, pues ahora es evidente que la violencia afecta de manera distinta a los hombres que a las mujeres”, detalló.

Las reformas al protocolo y las modificaciones a la Legislación Universitaria podrían ser una realidad el próximo año cuando se analicen los mecanismos, posibilidades y recursos con los que cuenta la UNAM para obedecer las modificaciones que la comunidad estudiantil exige ante la Comisión Especial de Equidad de Género del Consejo Universitario para su análisis y eventual puesta en marcha.