El domingo, la comunidad cultural, amigos, funcionarios, gente que fue tocada por la bondad y belleza de su música, se reunió en el Palacio de Bellas Artes para rendir un emotivo homenaje al maestro Luis Herrera de la Fuente (1916-2014), uno de los grandes de la música que se fue de este mundo con el año que recién terminó.

El ambiente era de comunión, de expectativa, por recordar esa otra faceta del maestro, la de compositor. En el homenaje se interpretarían del maestro la Sonatina en dos movimientos (dedicada al maestro Carlos Prieto), el Concierto para piano y orquesta y Fronteras, suite de ballet.

Aportes

En el homenaje, la directora del INBA, María Cristina García Cepeda, se refirió al compositor fallecido con estas palabras plenas de agradecimiento y emoción: Luis Herrera de la Fuente forma parte de la historia de las orquestas más importantes de México, impulsó la formación de las Orquestas de Cámara de la UNAM y de Bellas Artes, y durante casi dos décadas fue un director emblemático de la Orquesta Sinfónica Nacional, la que hoy le rinde un cariñoso tributo con la música que tanto nos enseñó amor .

Luego intentó un resumen, tan difícil de hacer de la obra de un hombre tan completo y complejo como lo fue el maestro Herrera de la Fuente; sin embargo, su intervención dejó ahí dos puntos nodales:

Su talento, visión y presencia constante en los diversos escenarios del país fue fundamental en la construcción de la cultura sinfónica en el México contemporáneo.

Gracias a él se tuvo la oportunidad de escuchar grandes interpretaciones tanto de obras clásicas como de vanguardia, lo que trajo consigo prestigio para las orquestas mexicanas en el plano internacional .

Es decir que el maestro contribuyó de manera decisiva en la configuración de una cultura sinfónica en México y nos hizo contemporáneos del mundo de la música. Ambas contribuciones no son cualquier cosa.

A un lado de la funcionaria del INBA escuchaban con mucha atención los hijos del maestro, Luis Javier y Magdalena.

Después se dio paso a la música del maestro, que sorprende por su frescura, sus estructuras perfectamente trazadas y ese espíritu de alegría al contemplar la felicidad de vivir en el mundo.

Amistad

A Guadalupe Parrondo tocó intervenir en la parte del piano; a Carlos Prieto, en la del chelo. La Orquesta Sinfónica Nacional acompañó este homenaje dirigida limpiamente por José Guadalupe Flores en su calidad de director huésped.

Carlos Prieto, un ingeniero metido a chelista (perdió la ingeniería mexicana, pero ganó la música), con su inseparable instrumento Chelo Prieto, recordó antes de interpretar la Sonatina... su amistad de casi 40 años con Herrera de la Fuente.

Rememoró que el maestro lo invitó a tocar con la Orquesta de Jalapa y cómo tocaron juntos, con diferentes ensambles, a Saint-Saëns, Dvorák, Shostakóvich, Kabalevski. También recordó que hicieron dos grabaciones memorables, el Concierto núm. uno de Shostakóvich, con la Orquesta de Xalapa, y el Concierto en la menor de Saint-Saëns, con la Orquesta de Minería. Luego tocó y tocó con esa grandeza de espíritu que posee Carlos Prieto... para al final mostrar a los ahí congregados la partitura como forma emblemática de decir que Herrera de la Fuente estaba también ahí en el papel pautado.

El Palacio de Bellas Artes hizo una muy buena síntesis de lo que fue la trayectoria artística del maestro como ejecutante, como director y como compositor: esta trinidad en la que apoyó su vida.

De este modo, en el programa de mano del homenaje leemos: Más allá de su deseo intenso de ser reconocido como compositor, el hecho es que varias generaciones de melómanos lo recordarán como el director de orquesta fundamental durante un largo e importante periodo de la historia de la música mexicana. Más aún: un amplio sector de melómanos interesados en los registros fonográficos de las obras sinfónicas de nuestros compositores destacados recordarán por siempre a Herrera de la Fuente como el autor de dos antiguas y emblemáticas grabaciones realizadas al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, en sendos discos LP. La que contiene Sones de mariachi de Galindo, el Huapango de Moncayo, el Homenaje a Federico García Lorca de Revueltas y Tribu de Ayala (...) .

Un Rigoletto

Pero las novedades surgen y surgen: a este trípode en que se apoyaba el maestro Herrera de la Fuente viene a agregarse lo que ahora revela el maestro Manuel Yrízar al hacer pública una carta que le enviara Luis Herrera de la Fuente, en la cual le escribe y describe su anhelo por ser cantante de ópera. Veamos:

Luis Herrera de la Fuente me platicó que casi había nacido en un teatro de ópera. Fue un 25 de abril de 1916 en una función de Aída de Verdi. No empezaba el acto final cuando sus papás tuvieron que salir de ahí porque la madre del futuro músico sintió que ya llegaba su hijo. ‘Mi mamá siempre me reclamó que por mi culpa no pudo terminar de ver la ópera’. También me contó que él hubiera querido ser, antes que cualquier otra cosa, cantante de ópera. Pero no cualquiera: quería ser barítono. Pero no cualquier barítono: quería ser Ricardo Stracciari. Para cantar no cualquier título: quería cantar Rigoletto . Ni más ni menos...

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