Este lunes 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bibliodiversidad y también el segundo aniversario de la conformación de la Red Nacional de Librerías Independientes (Reli) en México misma organización que el año pasado decidió aprovechar la coyuntura para sumar a esta fecha una nueva conmemoración: el Día de las Librerías Independientes.

Sin embargo, este año más que una celebración para la Reli será una excusa para invitar a reflexionar desde y para este eslabón, quizás el más golpeado de la cadena del libro, que hasta antes del contexto pandémico y de crisis económica se integraba por poco más de 50 establecimientos en todo el país y que, al menos hasta ahora, reporta que 30% de sus agremiados no han tenido alternativa más que cerrar sus librerías ante la imposibilidad de sostener las rentas y gastos corrientes. De ellos, la mitad ha confirmado su baja definitiva de esta actividad comercial, mientras que el resto está esperanzado en recuperar lo suficiente en el resto del año como para reabrir un establecimiento, eso sí, en un plazo no determinado.

“El panorama es muy diverso, aunque la situación en general es de pérdida. Hay librerías que se han adaptado y han podido mantenerse con ventas que son muy variables. Hay librerías que se visualizaban lo suficientemente fuertes para sobrevivir a la crisis, pero ahora ya están cerradas. Algunas han cerrado su local físico y han abierto su página, pero las menos afortunadas, por ejemplo, atienden a sus clientes desde una simple cuenta de WhatsApp, vendiendo el material que todavía les queda en bodega”, explica la librera Claudia Bautista, también presidenta de la Reli.

Independencia como desventaja

En la edición del 10 de septiembre, con base en los datos de Nielsen Bookscan México, El Economista informó sobre la tendencia a la recuperación del mercado editorial en las últimas semanas, lo cual podría permitir a la industria cerrar en números similares a las ventas al cierre del año pasado y dejar atrás el “abismo” calculado en -31% por la falta de ventas durante el cierre más estricto de las actividades, que el gremio asimila como irrecuperable.

Sin embargo, la sensación de recuperación no es la misma en el eslabón independiente de la cadena. Los grandes descuentos que en los últimos meses han implementado tanto editoriales en su venta directa como las grandes librerías han dejado fuera de la jugada a las librerías de barrio.

“Conozco las cifras de Nielsen. Sí, hay una recuperación de la venta, pero no pasa por nosotros. En nuestras cajas registradoras no se ven reflejados los incrementos que dan los indicadores. Las tiendas en línea de las grandes cadenas han sido muy socorridas por los lectores. Definitivamente, como librerías pequeñas nos vimos rezagados con la tecnología y ahora lo estamos pagando. Pudimos entrar al mercado digital, pero de entrada competimos con la desventaja de que no podemos dar descuentos”, lamenta la entrevistada.

Explica que si una editorial pone a la venta en línea un ejemplar con 30% de descuento, este es el mismo precio al que una librería pequeña obtiene ese ejemplar y es su margen de ganancia, por lo que un negocio de barrio o independiente no está en posibilidad de bajar aún más sus precios a costa de reducir el estrecho margen y, por consecuencia, su venta es más alta a la de las ofertas desde las editoriales; por lo tanto, comprar en una editorial independiente puede no resultar atractivo para el lector.

“Cuando la editorial otorga el descuento directamente al lector, estamos siendo eliminados y ya no hay posibilidad de movimiento. Esto se agrava cuando se trata de librerías del interior de la República porque, además, tienen que pagar el flete. Les queda un margen mucho menor”, precisa Bautista y agrega: “respetamos y sabemos que son medidas de urgencia para rescatar una empresa, para que no cierre, pero creemos que si seguimos con esta forma de trabajar, no nos va a llevar a ningún lado a mediano plazo. Es complejo en este contexto, pero debemos ajustar el timón para tomar ese rumbo. La línea correcta para llegar de manera virtuosa a toda la cadena y generar más lectores a mediano plazo debe ser respetar el canal de venta”.

El trajín de los libreros independientes:

23 de marzo

Implementación de la Jornada Nacional de Sana Distancia y suspensión temporal de las actividades no esenciales (incluyendo la editorial).

4 de junio

Abre la página libreriasindependientes.com.mx a la par de que el 70% de las agremiadas se declara en algún grado de riesgo para poder continuar con sus actividades.

17 de junio

Librerías de barrio y de viejo anuncian cierres por la imposibilidad de sostener las rentas pese a la luz verde para su reapertura (entre ellas, la librería A través del espejo).

30 de junio

Se triplica el negocio editorial digital, anuncia la Caniem. La oferta de portales para la venta se diversifica y comienzan los descuentos en ventas directas.

2 de julio

Comienza la reapertura de las cadenas de librerías en la Ciudad de México y varias regiones del país, una competencia más para las independientes.

4 de agosto

Las actividades realizadas por editoriales y librerías finalmente son reconocidas como esenciales en el país.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx