Por Arturo Gallegos García

Icónico es la mejor palabra para describir al príncipe payaso del crimen, al as de bandidos, al arlequín del odio: el Guasón —Joker, en inglés. Pero, ¿por qué un personaje con la característica de demostrar auténtica locura ha perdurado casi 80 años, siendo reconocible por propios y extraños?

Yo siempre tengo pensamientos oscuros

Como si hubiera sido predestinado, cuando el caballero de la noche finalmente obtuvo su propia serie en DC Comics, el primer villano al que se enfrentó fue el Guasón. Desde el Batman #1 del año 1940, la clásica figura del Guasón quedó definida: de cara pálida, pelo verde, sonrisa roja y perpetua, traje morado, personalidad sádica, mentalidad de psicópata, armas y herramientas caricaturescas, así como su identidad desconocida.

Sus creadores fueron Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson, quienes se basaron en el personaje Gwynplaine —un hombre con la cara desfigurada— de la película muda El hombre que ríe —The Man Who Laughs— (1928), interpretado por el actor Conrad Veidt. Con esa apariencia, aunado a un sketch que involucraba una carta comodín —joker— hecha por Robinson, el arquetipo del villano había nacido, aunque originalmente se pretendió que el Guasón muriera en su debut —salvado por el entonces editor Whitney Ellsworth.

¿Alguna vez has bailado con el Diablo bajo la luz pálida de la luna?

Ahora bien, desde la perspectiva temporal de los cómics, el Guasón nació en la Edad de Oro —entre 1930 y 1950—, periodo en el que la censura no existía y los héroes y villanos iban directo al grano. Gracias a ello, la personalidad y psicología del personaje son las que —hasta el día de hoy— intrigan y generan morbo por saber cómo le hace para desafiar constantemente al más estricto de los superhéroes, Batman.

Sin embargo, en 1954 entró en vigor el Código de Autoridad del Cómic, por lo que para la Edad de Plata y parte de la de Bronce —hasta mediados de los 70— el Guasón pasó de ser un maniaco a un burdo bromista pesado; más aún, él, que era un personaje cotidiano en los cómics, tuvo un periodo de cuatro años sin aparecer. Esto no impidió que en su regreso se estrenara la primera miniserie para un supervillano, The Joker (1975), bajo las manos de próceres de la industria como Dennis O’Neil y Neal Adams, devolviéndole la locura al asunto.

¿Por qué tan serio?

No obstante, sería a partir de la década de los 80 hasta la actualidad en la que el Guasón alcanzaría su estatus legendario dentro y fuera de los cómics. Por una parte, el maestro Frank Miller con su The Dark Knight Returns (1986) nos mostró lo que sucedería cuando Batman dejara de existir: el Guasón pasaría como una celebridad inofensiva. Y por otro, The Killing Joke (1988), de Alan Moore y Brian Bolland, maximizó la figura del príncipe payaso del crimen.

Estas historias, junto a muchas otras que definieron el mito del caballero de la noche, permearon en otros ámbitos: en la película Batman (1989), de Tim Burton, protagonizada por Michael Keaton como Batman y Jack Nicholson como el Guasón; o en las caricaturas Batman: la serie animada (1992) y Batman del futuro (1999), con Mark Hamill prestando su voz al Guasón —en inglés. Así, el personaje comprobó su rentabilidad.

Prefiero que mi pasado sea de opción múltiple

Como buen personaje de cómic, el Guasón tiene un origen establecido al que muchos autores le han echado de su salsa creativa: un asistente de laboratorio que, aburrido por su trabajo, renunció para comenzar una carrera como comediante stand up. Ya que no era gracioso y con una familia por mantener, este hombre empieza a realizar actos vandálicos bajo el nombre de Red Hood —Capucha Roja— hasta que, eventualmente, se cruza con Batman. Durante el conflicto, él cae a un contenedor de sustancias químicas, desfigurándole el rostro y cambiándole su pigmentación natural. Al mismo tiempo, su esposa embarazada es asesinada por un policía corrupto, por lo que éste termina por enloquecer.

Se trata de un hombre desconocido y demente, que carece de empatía, conciencia y que no sabe discernir entre el bien y el mal; curiosamente jamás se ha descrito si padece algún trastorno psicológico específico. Lo que hace peligroso al Guasón es su alta capacidad intelectual para desarrollar sus sádicos planes que tienen como único objetivo el de jugar con Batman, nada de dominación mundial u obtención de dinero para fines personales. También cabe mencionar su buena habilidad física para los trancazos.

Oh, Batsy

La motivación del Guasón es hacer miserable a Batman, hacerlo dudar de sus principios, por lo que recurre a todos los medios habidos y por haber. Fue en los años 80 cuando sus acciones terminaron por repercutir en la psique de Batman, empezando con la muerte de Jason Todd, el segundo Robin, en A Death in the Family (1988). Técnicamente los lectores de ese tiempo fueron cómplices del Guasón, ya que esa versión de Robin no fue bien recibida, por lo que DC optó por una votación para conocer su destino: primero haber sido brutalmente golpeado con una barra metálica y, después, justo cuando Batman estaba llegando al rescate, morir por la explosión del lugar.

Volviendo a The Killing Joke, el Guasón le dispara a Barbara Gordon —Batichica— dejándola paralítica, mientras que secuestra al Comisario Jim Gordon para torturarlo, sólo para provocar y demostrarle a Batman que con un mal día se puede corromper a cualquier persona. O más recientemente, en Death of the Family (2012-2013) de los geniales Scott Snyder y Greg Capullo, donde secuestra a toda la batifamilia, porque conoce sus identidades secretas para después arrancarles el rostro. Al final, resultó ser el bluff más macabro y elaborado de todos.

El agente del caos

No importa qué métodos siga, si usa armas personalizadas —como su veneno Guasón—, si tiene hienas como mascotas, si forma equipo con otros villanos como el Acertijo o Lex Luthor, si se llama Jack o Arthur, la figura del Guasón es sumamente atractiva por todo lo que representa: la antítesis de uno de los superhéroes más emblemáticos de la historia. En sus propias palabras: Dejaré de asesinar cuando Batman muera.

Jorge tiene razón

Banalidad

En el cine mexicano nadie se está muriendo de hambre. El problema es que cuando ve uno en la calle alguien vestido de loco o de loca dice: “Ése ha de ser del cine”. No es que haya falta de dinero, es que hay sobra de frivolidad.

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