La presente semana, la mexicana Elisa Carrillo, prima ballerina del Staatsballett Berlin, en Alemania, fue anunciada como ganadora del premio Alma de la Danza, el de mayor prestigio para reconocer a un artista coreográfico en Rusia, otorgado por el Ministerio de Cultura de dicho país en sociedad con la revista especializada Ballet. El merecimiento, se dijo en el anuncio, es por su trabajo de promoción del patrimonio clásico en el mundo.

Con este pretexto, El Economista sostuvo una conversación telefónica con la también nombrada embajadora de la Cultura de México e investida con la Medalla Bellas Artes, creadora de la Fundación Elisa Carrillo Cabrera AC, dedicada a impulsar a los jóvenes talentos de la danza en México.

—¿Cuál es tu sentir con el anuncio de la próxima recepción del premio Alma de la Danza?

Agradecida por todas las bendiciones en mi vida. Además, que venga de la cuna de la danza clásica, en Rusia, un país con grandes artistas, es algo que me tiene muy emocionada. Faltan casi tres meses para ese evento. Rusia es un país al que llevo muy en el alma, porque mi hija es mitad rusa y mi esposo es ruso. Siempre me he sentido muy conectada con el país. Aprendí el idioma. Las cosas se han dado. De verdad que es un gran honor y eso lo único que hace es motivarme para seguir adelante e ir allá orgullosísima de ser mexicana y de que se sepa que México también es uno de los países donde se puede ver danza clásica. Creo que México en el futuro puede dejar muchas semillas dentro del mundo de la danza.

Además, eres reconocida oficialmente como embajadora de la Cultura de México. El premio es una palestra para mostrar la cultura mexicana en ti como imagen de la misma.

Sí. Cuando he estado allá, en presentaciones, algo que siempre les ha llamado la atención es que soy mexicana. Hace unos años llevé a San Petersburgo el estreno de un ballet inspirado en la vida de Frida Kahlo. He tratado de llevar cosas de mi país pero también he procurado convocar a grandes artistas rusos para que formen parte de nuestros eventos en México.

—¿Cuál es tu lectura sobre el estatus actual de la danza, no nada más en Rusia o Alemania sino en el mundo, en cuanto a consumo y público?

La danza ha evolucionado mucho. hoy en día tiene muchas maneras de expresarse: danza contemporánea, moderna, urbana, folclórica. Pero la danza clásica en especial ha evolucionado mucho, tiene otras maneras de expresarse. Se hacen temas sobre lo que pasa en el mundo, como la violencia o la política.

Aquí en Alemania hay 72 compañías, tanto pequeñas como grandes. En cada ciudad en Alemania hay algún lugar en el que puedes ver danza. A la gente le gusta verla, la disfruta, la conoce y todavía descubre cosas nuevas.

De la misma manera me gustaría que fuera una de las artes importantes en México, que las nuevas generaciones vayan al teatro. Creo que en los últimos cinco años ha habido un gran cambio. Lo veo en la respuesta de la gente cada vez que llevo espectáculos en el verano. Veo cómo el público disfruta, empieza a conocer más de otros estilos, de diferentes coreógrafos. La danza es un lenguaje que la gente puede disfrutar y puede comprender. Es cuestión de acercarse a ella.

—¿De qué manera se puede cambiar la noción de la danza para que más gente se sume a estas disciplinas que, se argumenta, pueden ser factores de transformación social?

Mi caso es un ejemplo claro y creo que puede ser similar al de mucha gente en México. Vengo de una familia muy humilde. Mi mamá es de Chiapas, mi papá, de Nayarit. Cuando vieron que me gustaba la música, que me gustaba bailar, me metieron a una academia pequeña para tomar clases, pero no porque pensaran que yo tenía talento, porque no era parte de su mundo; no sabían que la danza clásica podía ejercerse como una carrera profesional. Veían que su hija se movía, se expresaba, y me lo permitieron pensando que era un hobby.

Creo que eso es muy importante, que los padres descubran qué es lo que le gusta a sus hijos. Es importante que un niño, desde muy pequeño, se acerque a algún tipo de arte. Claro, muchas familias no tienen la posibilidad, pero hay que estar ahí. Mis padres no hubieran tenido la posibilidad de apoyarme, pero la maestra vio que yo tenía posibilidades y me envió a la Escuela Nacional de Danza Clásica.

Si los padres descubren que sus hijos tienen la posibilidad, la habilidad de hacer arte, deben preguntar. Hay muchas instituciones a las cuales acercarse. Por ejemplo, está mi fundación. Lo que uno no puede hacer con un niño a esa edad es forzarlo a que haga algo. A mí me gustó y nunca lo vi como una obligación. Me nació y tuve disciplina porque me hacía feliz.

Mis padres tuvieron la suerte de que representé a mi escuela en un examen y me becaron para ir a Londres.

Es cuestión de poner atención en los hijos y de buscar la manera: con fundaciones o instituciones que lanzan convocatorias. Cuando hay niños que tienen el talento para salir adelante, quienes tienen la posibilidad de apoyarlos van a buscar la manera de que reciban la ayuda.

—En ese sentido, ¿cuánto trabajo se ha logrado con la fundación?

Ya son seis años con el programa de becas. Cada año se otorgan 111 de ellas, de las cuales 100 otorgan una ayuda para que los niños puedan acudir a las casas de cultura. Hay 10 destinadas para que los niños ganadores puedan formar parte de la compañía del Estado de México. La beca más grande, de 25,000 dólares, es para que se vayan al extranjero. De ésas son ya seis becas entregadas. Una niña está bailando en la compañía de Polonia, otra estuvo un tiempo en Europa y ahora está bailando en México. Tenemos a dos niñas en la escuela de Berlín.

—Con el cambio de administración en México y desde tu perspectiva, ¿qué programas se deben implementar para incentivar el involucramiento en la cultura de los sectores más desprotegidos?

La cultura debe de ser primordial en cualquier país. Hay que llegar a todas esas partes donde la gente no ha tenido la posibilidad de ver danza. Siempre he dicho que esta disciplina es una manera de acercarse a la parte más sensible del ser humano. Hay que generar proyectos donde mucha gente pueda ver este tipo de espectáculos y no tenga que pagar. A todos los rincones del país.

Las veces que me toca ofrecer espectáculos gratuitos en México, la gente llega y me dice que le ha cambiado la vida, que ahora ve la vida de otra manera y se olvida de sus problemas. Por supuesto es primordial que los espectáculos que la gente vea sean de mucha calidad. A mí me pasó que cuando vine a Europa nunca había visto una gran compañía en vivo a pesar de que ya era bailarina. Solamente había visto videos, pero cuando vi por primera vez una función en vivo quedé impresionada. Que ésa sea una parte importante de todas las medidas que se toman sobre cultura en el país.

—¿Ya has platicado con la nueva secretaria de Cultura o con la directora del Inbal?

Sí. Hemos estado en contacto. Ellas saben de todos mi proyectos. He tenido acercamiento con distintas instituciones. Estamos viendo la manera de colaborar juntos.

—¿Cuántos años más en la danza, para Elisa Carrillo?

Está muy claro que la danza siempre va a formar parte de mi vida. Todavía tengo unos años más. Quiero bailar, disfrutar el tiempo que me queda. Son los mejores años porque estoy en un momento de mi carrera en el que ya me conozco al cien por ciento, conozco mi cuerpo, tengo más experiencia.

Después seguiré con mi fundación. Por ahora quiero concretar la edición 2019 de Danzatlán. Quiero que sea un festival importante, reconocido internacionalmente. Ésa sería mi manera de poner a mi país en el mapa mundial de la danza. Sueño que México forme parte de esos países con gran nivel.

Este año tengo varias cosas. El próximo fin de semana estaré en la Semana de Mozart, en Salzburgo, con dos compatriotas: Rolando Villazón y Alondra de la Parra. Después regreso a Berlín para presentar una función de Romeo y Julieta. El 1 de febrero estaré en el Bolshói, en una gala. Iré a Londres, después a México y el 30 de abril estaré en Moscú para recibir el premio.

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