Para nadie es secreto el poder y el peso que las telecomunicaciones (telcos) tienen en el contexto histórico de una nación. Fue así que desde sus inicios, esta industria estuvo sujeta a estrictas leyes y condiciones regulatorias en la mayoría de los países del mundo. Incluso, en aquellos donde los regímenes políticos tendían a ser más centralizados lo normal era que la industria de las telecomunicaciones fuera propiedad total o parcial del gobierno.

Hasta cierto punto este fue el caso de nuestro país. La empresa de telefonía, así como los telégrafos y el correo eran empresas paraestatales y salvo muy contadas excepciones, como el caso de lo que actualmente conocemos como Televisa, también gran parte de la programación televisiva era propiedad del estado. Incluso el periódico, que si bien no forma parte de la industria de las telecomunicaciones como tal, era celosamente vigilado a través de la oferta de papel periódico que era distribuido por el gobierno federal. Durante los años en los que nuestro país vivió bajo un mayor autoritarismo en los sexenios de Díaz Ordaz y Echeverría, el control por la información era tal que surgieron algunos medios disidentes como las revistas Siempre o Proceso.

Posteriormente, en los 80 y 90, durante los liderazgos de Margaret Thatcher en el Reino Unido, Ronald Reagan en Estado Unidos y Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética, las grandes potencias aplicaron políticas más liberales con respecto a las regulaciones estatales, lo que fomentó un enorme crecimiento en la oferta de medios, contenido y periodismo. En el caso de México, lo mismo puede decirse durante los sexenios de Salinas de Gortari, Zedillo y Fox.

En fechas recientes el mundo ha visto de nuevo legislaciones que buscan tener mayor injerencia en los medios. En México, el IFT ha tomado un papel incluso represivo ante lo cual los medios han tratado de defender su autonomía y su derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, más preocupante que eso es el papel que está tomando Donald Trump internacionalmente para desacreditar, chantajear y amenazar a empresarios de distintas industrias. Pero con más miedo se ve el poco respeto que el futuro presidente ha mostrado a prestigiosos medios como Univisión, The New York Times y CNN. Ante amenazas impositivas e iracundas acusaciones, Trump quiere lograr que los empresarios se tiendan a sus pies y sigan sus caprichosas intenciones. Lamentablemente hemos visto cómo directivos de empresas se ajustan a sus deseos y se empiezan a sentar con él, a pactar, a veces en perjuicio de la sociedad.

Televisa y Univisión unen esfuerzos

A raíz de la luz verde por parte de autoridades para que Televisa adquiriera 40% de Univisión, Grupo Televisa y Univisión Holdings Inc anunciaron una serie de medidas que fortalecen y amplían la relación entre las dos empresas, al unificar sus esfuerzos en el desarrollo y producción de contenidos. El beneficio para ambas estará en atender a sus audiencias en los dos mercados de manera conjunta, así como en posibles sinergias en costos de producción.

Las empresas anunciaron que los noticieros y todas las demás operaciones de las dos empresas seguirán siendo independientes y los términos y condiciones del acuerdo de licencia de programación existente entre Televisa y Univisión continúan sin cambios. También a partir de esta fecha, Isaac Lee, quien se desempeña como director general de Noticieros, Entretenimiento y Digital para Univisión y como director general de Fusion, asumirá el cargo de director general de Contenidos tanto de Televisa como de Univisión.

Con esta nueva estructura mejorará la capacidad de Televisa y Univisión de servir a una audiencia combinada de aproximadamente 175 millones de personas en EU y México, con un poder adquisitivo total cercano a los 2 billones de dólares. Asimismo, ambas empresas podrán enriquecerse de las distintas formas de distribuir y producir contenidos en un mundo en el que los hábitos y patrones de consumo están cambiando a pasos agigantados.