En uno de sus pasajes más evocados, el libro Escudo de Armas de México, escrito por Cayetano de Cabrera y Quintero en 1746, relata cómo la Nueva España sufrió el azote de llamada la epidemia de matlazáhuatl, una calamidad que cobró la vida a cerca de 40,000 personas entre los años 1736 y 1739.

El documento, el cual forma parte de la colección del Museo Franz Mayer, constata además que, en esa urgencia de sanidad, los habitantes del Valle de México apelaron a la intercesión divina, como se hacía de urgencia en Europa cuando sus poblaciones eran azotadas por alguna epidemia. En ese contexto, a la par de que se organizaban rezos públicos, peregrinaciones y encomendaciones, la Virgen de Guadalupe fue proclamada como patrona de la Ciudad de México y, consecuentemente, de toda la Nueva España. A ella le fue atribuido el cese del brote epidémico.

Esa reliquia editorial es el eje rector discursivo y su autor el gran narrador de la exposición Virgen de Guadalupe. Arte y Devoción, que esta noche se inaugura en prácticamente todas las salas temporales del Franz Mayer y que a partir de este viernes 20 de julio abre para todo el público.

El imaginario colectivo

Compuesta por más de 280 piezas, entre obras de arte, retablos, prendas, broches, medallones, exvotos, fotografías y otros objetos de entre los siglos XVII y XXI, provenientes de la colección Franz Mayer, otras 20 de otros recintos y particulares, ésta es la primera exposición en el museo que explora la iconografía, el arraigo en el colectivo mexicano, la tradición y lo innegable del acompañamiento de esta divinidad en la historia del país.

Que estén reunidas tantas representaciones iconográficas sobre la misma figura resulta un aliciente y nunca un tedio. Invita a la minuciosidad; a interesarse en las pequeñas variaciones, mínimas pero significativas, de las copias fieles de la imagen del ayate. Ahí están los discursos que cuentan más sobre la línea histórica de este tipo de arte que primero fue sacro y después fue de lo más colectivo. De ahí que la muestra esté dividida en dos partes: Arte y Devoción.

El arte

La primera parte de la muestra está colmada de dorados. Los marcos que, casi churriguerescos, embellecen las pinturas de la Virgen flanqueada por distintos pasajes de su mito. Como aquella con las orquestas de ángeles pintada en Oaxaca en 1737. Y los retablos de la colección Rivero Lake del siglo XVIII. O los cuadros de vírgenes con los mantos estrellados, con incrustaciones de piezas nácar.

Se dice que todas las piezas de la muestra parten del siglo XVII, época en la que proliferó la imagen en óleos sobre tela y madera, así como en esculturas, con fines didácticos religiosos, hay una excepción: una pieza antiquísima, del siglo XVI, pintada sobre madera, con apenas los contornos, y algunos vestigios de color, con la que parece ser la escena de la Tercera Aparición. Una reliquia única en su tipo notablemente castigada por el tiempo aunque innegablemente valiosa por su testimonio histórico.

La devoción

La segunda parte, una recopilación de reproducciones que han salido, en su mayoría, del creativo individual. Desde imágenes de la virgen hechas en talavera, en barro modelado y madera policromada; los trabajos minuciosos en piedra tallada y en plata martillada. O los pequeños broches y medallas con imágenes milimétricas, pero detalladas, de la Virgen de Guadalupe, llamados “detentes”, que solían llevarse con uno mismo, escondidos entre la ropa o en la cartera, a manera de protección espiritual y cuya fabricación se encargaba a las monjas.

Un muro con más de 40 conmovedores exvotos, fechados en su mayoría en las décadas de los años 40 y 50, pero un par fechados en 1868 y 1841, con diversas escenas trágicas de las que los autores salieron librados y sobre las cuales, por escrito, agradecen la intervención de la Virgen. Y la bicicleta de un peregrino que es parte de la colección de MODO. Pero también las series de fotos de peregrinos que el fotógrafo Federico Gama ha trabajado para las series 12D y Los Iluminados, que le ponen rostro a los dueños de esta devoción.

El Museo Franz Mayer

El mayor atributo de este recinto, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es su colección de artes decorativas. El Museo Franz Mayer fue fundado en 1986 por el empresario, coleccionista y filántropo del mismo nombre, de origen alemán. Franz Mayer nació en Mannheim, Alemania, llegó a México a principios del siglo XX y se naturalizó mexicano en 1935. Desde sus inicios, el museo alberga piezas tan disímiles como textiles, platería, escultura, plática, mobiliario y escultura tanto de factura mexicana como europea e incluso proveniente de Oriente. Los materiales, estilos y procedencia de las obras tienen en común el haber sido elaboradas entre los siglos XVI al XIX. El inmueble en el que se ubica este museo funcionó como el primer hospital en América de la orden de San Juan de Dios.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx