Estamos de puente celebrando. Nuestra estimada Carta Magna cumple 100 años y por todos lados sale la efigie de don Venus, mi general Venustiano Carranza.

Si quieren tener una gran experiencia enterándose de qué hizo don Venus y por qué es una figura clave en nuestra historia y en el país que ahora somos, les recomiendo que lean el libro Los carrancistas: la historia nunca contada del victorioso Ejército del Noreste (Planeta), del historiador Pedro Salmerón Sanginés.

En la foto que corona este texto podemos verlos en fila: Carranza en medio, como primer jefe del Ejército Constitucionalista, y varios de los congresistas, prohombres, como se les llamaba entonces, que se reunieron desde 1916 hasta el 5 de febrero de 1917.

Aquel congreso constitucionalista fue como todos los fragores políticos: frenético, peleado, justo y al mismo tiempo desigual.

Para empezar con esa desigualdad hay que recordar que la participación de los revolucionarios agraristas villistas y zapatistas se vio muy acotada por este congreso, que más bien se sentía burgués y quería creerse moderno, citadino.

Para hablar de la justicia de nuestra Constitución hay que hablar de los derechos obreros. La nuestra es casi la primera ley en elevar los derechos laborales y reconocer la lucha obrera. Después se dice que la constitución de la malhadada República de Weimar tomaría la nuestra como ejemplo de ley superior moderna y útil.

Nuestra Constitución cumple años. ¿Seguirá su espíritu lo bastante vivo como para que lo celebremos?

concepcion.moreno@eleconomista.com