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Arte e Ideas

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“En México nos hemos olvidado del público”: Moncada

Se estrenó con un elenco de 12 actores ingleses y seis mexicanos el 29 de junio en el teatro Swan, en Stratford; la directora del montaje es Roxana Silbert.

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Después de varios viajes a la capital inglesa, en los trabajos previos a la presentación y estreno de su obra A soldier in every son. Códice Tenoch, en el marco de las Olimpiadas Culturales, para el dramaturgo mexicano Luis Mario Moncada el púbico inglés sigue siendo una incógnita, quizás por el vértigo y puntualidad que exige el trabajo con los ingleses o por la despersonalización de una obra que comenzó siendo su creación.

Horas antes de esta entrevista, el dramaturgo anunció el día de ayer, junto con el Director de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), que este trabajo, montado en una coproducción de la Royal Shakespeare Company (RSC) de Londres y la CNT, será parte de la programación de la edición XL del Festival Internacional Cervantino.

La obra se estrenó con un elenco de 12 actores ingleses y seis mexicanos el 29 de junio en el teatro Swan (Stratford).

La directora del montaje es Roxana Silbert, quien fue encomendada por la RSC para rastrear por Latinoamérica a autores o proyectos que pudieran formar parte del Festival. La obra se presentará en el Cervantino en inglés con subtítulos en español.

El proyecto de Moncada surgió por un encargo no concretado, que consistía en adaptar La vida y muerte del rey Juan, de Shakespeare, a un contexto prehispánico. El encargo llevo a Luis Mario a las bibliotecas, donde encontró lo que él considera todo un mundo maravilloso y desconocido . En varios documentos históricos halló un episodio que le pareció calzaba perfecto con la obra de Shakespeare: la usurpación del reino de Texcoco por parte de Tezozómoc, rey de Azcapotzalco, antes de la conformación de la Triple Alianza.

Moncada se planteó la realización de una trilogía.

Para el montaje del Festival de Shakespeare, el autor preparó, en un primer momento, una versión más corta que unificaría las tres en una sola.

Es una obra que reescribí siete veces en el último año, estaba concebida como una trilogía y entre enero y marzo hice una versión nueva compactando las historias, modificando la estructura. Hice tres versiones más entre marzo y junio y una más cuando ya estaba en ensayos, que ya eran cambios muy en específico.

Fue un triple proceso: yo escribía, luego la trabajaba un traductor que la pasaba de forma literal al inglés y después un dramaturgo inglés le daba un tratamiento más adecuado , dijo.

¿Qué fue lo más interesante ?del proceso?

Lo más interesante fue enfrentarme a una disciplina y una técnica de trabajo muy distinto, que responde a una alta exigencia. Fue muy aleccionador, te das cuenta de que siempre puedes escribir de una manera más contundente.

¿Qué lección podemos extraer los mexicanos de este método de trabajo?

Es un sistema de trabajo que se basa en su conocimiento del público, cuenta con objetivos claros y ahí no existe la individualidad creativa, en el sentido de que es imposible decir que yo soy el creador, sino que todo debe obedecer a un bien común. Uno de los puntos fundamentales de las joyas del teatro inglés es su público, es un público que devora el teatro. No caben las poses. Aquí, en México, se nos ha olvidado enfocarnos en el público y diseñar códigos efectivos de identificación con él. En México nos falta ejercitar ese mecanismo.

¿Qué te pareció la puesta en escena?

Me pareció muy sorprendente en cuanto al manejo de la energía, de cierto universo que parece poco común, aunque Shakespeare es reconocible ahí, pues las escenas conservan su espíritu. Creo que como obra es muy dinámica, es entretenida, la gente no se aburre y queda clara la historia, pero desconozco cuál sea la lectura que se puede hacer sobre esa otra cultura. Tiene una vitalidad que no tiene el teatro que se recarga más en lo verbal y que se percibe con la energía física de los actores, se siente un nervio y hay un salvajismo que reacciona a la primera provocación.

¿Cómo reaccionaron el público ?y la crítica?

Todavía no puedo evaluar, aún es muy cercano lo que tiene que ver con la recepción del público y qué tanto de la idea original quedó en la versión final, pues hubo muchas modificaciones solicitadas por el director y tú cedes porque vas respondiendo a la emergencia. La reacción del público inglés sigue siendo un enigma para mí. A las 6 la tarde del estreno ya había seis o siete críticas en periódicos ingleses, por lo que el feedback es inmediato. Hay de todo, la primera que leí otorgaba cinco estrellas (máxima puntuación) y la calificaba como un soberbio ejercicio. Afirmaba que era notoria la colaboración entre las compañías. En general, las críticas reconocían que el trabajo es muy profesional y ambicioso; hay quien dice que no está bien logrado, como The Guardian, que mencionó que no termina de trascender la visión shakesperiana contemporánea. Algunos se han quejado porque les causa confusión los nombres de los personajes. Pero al respecto, todos hicimos la tarea con Shakespeare; sus historias tampoco te quedan muy claras a la primera.

¿A quién representa más, a Shakespeare o a México?

Todo el tiempo que estuve trabajando la obra me interesaba más la historia mexicana, pero al acoplarla con los requerimientos de la directora se decantaba también hacia dialogar con lo isabelino, entonces creo que está a medio camino. Es una obra que no termina de ser inglesa, pero desde México se va a ver como una obra extranjera. Es una especie de obra bastarda, lo cual tiene mucho sentido, pues dos de los personajes son bastardos. A este mundo de inestabilidad es el que yo quería retratar y ahí está, ese mundo donde se necesita llegar a acuerdos y negociaciones. Me quedo con el hecho de que tengo 18 actores entregados y los veo perfectamente identificados con lo que realizan, que defienden mucho a esos personajes.

aflores@eleconomista.mx

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