El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), además de contribuir a la identidad y al estudio del origen de nuestras culturas nacionales, es un organismo que genera derrama económica, aseguró su director general, Diego Prieto Hernández.

El titular de la institución aseguró que al menos 14% de los visitantes que llega a México acude a un museo o una zona arqueológica del INAH: “ese 14% está representando algo más de 2,500 millones de dólares, mientras que el INAH cuesta 250 millones de dólares al año. Hay que cuidar a la gallina de los huevos de jade”, dice refiriéndose a la institución que encabeza.

A pesar de que las nociones de turismo y patrimonio arqueológico son actualmente un binomio que atrae a millones de visitantes al país cada año, lo cierto es que no siempre gozan de una relación armoniosa, sobre todo cuando se contrastan las visiones de los investigadores y de los promotores del turismo o la economía de la cultura.

Entre las tareas sustantivas que desempeña el INAH (investigación, conservación y difusión del patrimonio arqueológico, histórico y paleontológico de México) la difusión, además de conocimiento, deriva en turismo, una de las áreas económicas que más dinamiza al país, después de las remesas y los hidrocarburos. Sólo en el 2018 las zonas arqueológicas y los museos del INAH recibieron 27 millones de visitantes, de ellos 7 millones provenientes del extranjero.

“La gente viene a México a conocer Chichén Itzá, Monte Albán, Teotihuacan, al Museo de Antropología, a ver la Guelaguetza, a conocer las tradiciones de los pueblos, y no nada más a las playas”, expone Prieto.

“Somos una institución que aporta mucho al país no sólo en términos de identidad, de orgullo nacional, de sentido de pertenencia, de reconocimiento de orígenes, sino que aportamos muchísimo a dinámicas económicas, no sólo a la nación, también a las localidades y regiones”, expresa en entrevista el director del INAH, Diego Prieto Hernández.

Usa la figura coloquial de la gallina que pone huevos de jade que, aunque parece atrevida, tiene sentido cuando explica que además de que el INAH, ya de por sí austero, dinamiza distintas áreas de la economía nacional y local, genera sus propias ganancias.

“El INAH aporta recursos autogenerados (por concepto de entradas a zonas arqueológicas y museos y pago de derechos varios) que equivalen a la quinta parte de su costo de operación anual”, asegura.

“Cuando hablo de la importancia económica no hablo del autofinanciamiento, sino de la derrama económica, de la dinámica de las comunidades, porque Teotihuacan no es lo que se cobra, Teotihuacan es un conjunto de negocios que están alrededor de la zona arqueológica. La importancia que puede tener Monte Albán, por un lado, Santo Domingo y el Museo de las Culturas de Oaxaca en la economía oaxaqueña”, comenta el funcionario.

Una de las áreas de oportunidad que todavía hace falta explorar en este sentido es Tajín, “una zona arqueológica que todavía puede detonar actividades no sólo culturales y educativas, también de índole turístico”, destaca.

Además, anunció que próximamente se abrirán al público la zona arqueológica de Las Ventanas, en el estado de Zacatecas, con las condiciones turísticas, de infraestructura vial y de seguridad para recibir a poco más de 4,000 visitantes por semana.

“Vamos a hacer con otras dependencias de la Secretaría de Cultura la recuperación de comidas tradicionales, la música, la danza y en general las expresiones de la ritualidad en los pueblos indígenas y afrodescendientes”, menciona.

“No dejemos de reconocer esto, porque si no cuidamos instituciones tan valiosas como el INAH, sería como matar a la gallina de los huevos de jade, porque el oro en nuestros pueblos no era tan valioso, pero el jade sí, entonces cuidemos eso, todavía hay mucho que trabajar y explorar”, recapitula.

El bendito Tren Maya

Uno de los proyectos emblema del gobierno de la cuarta transformación es el Tren Maya, un sistema ferroviario que conectará los estados del sureste mexicano con la península de Yucatán, cuyo costo se ha calculado en 150,000 millones de pesos. El Tren Maya ha suscitado voces adversas y dudas por el daño ambiental y al patrimonio arqueológico que supondría si no se ejecuta en acato a las normas y donde la presencia del INAH es fundamental.

Para el director del INAH, Diego Prieto, el proyecto es una gran oportunidad para el país y para la institución, y revela que el INAH tendrá participación en tres planos: la protección del patrimonio arqueológico que se vaya encontrando sobre la ruta del tren, es decir, las tareas de salvamento; el mejoramiento de la infraestructura de las zonas arqueológicas y sitios históricos que se ubican en el área de influencia del ferroviario, y el trabajo de vinculación con las comunidades indígenas y mestizas de la región.

“Tenemos el tema de la habilitación de zonas arqueológicas que puedan constituir áreas de atracción cultural, educativa y turística, que se van a ver involucradas en la medida en que se incremente la visita y, dependiendo de cómo quede el trazo final (del tren), serán como entre 30 y 50 zonas arqueológicas; probablemente se decida abrir algunas cuatro más, es una posibilidad que está planteada”, dice el director.

Arqueólogos que trabajan desde hace muchos años en la región refieren a El Economista que probablemente el director del INAH pudiera referirse a la apertura de los sitios arqueológicos de Ichkabal, en Quintana Roo; Kulubá, en Yucatán; Plan de Ayutla, en Chiapas, y Nadzca’an, en Campeche.

Por lo pronto, a falta de trazo definitivo o proyecto ejecutivo del TrenMaya, “el INAH se ha concentrado en los trabajos arqueológicos en la región y en el mejoramiento de la infraestructura, los servicios y la experiencia de visita en las zonas arqueológicas que ya se tienen abiertas al público”, explica el director.

Diego Prieto también asegura que los vestigios arqueológicos que surjan en la ruta del Tren Maya estarán a salvo, serán resguardos con profesionalismo y haciendo uso de tecnología lidar disponible para la detección de estructuras que deban ser conservadas. “Finalmente, quien haga la obra tiene que cubrir los gastos del salvamento”, afirma.

“También vamos a desarrollar de la mano de la Secretaría de Cultura el programa de museos comunitarios, alineados al programa de Cultura Comunitaria, en el que trataremos de que los materiales que se vayan localizando en la ruta del tren se incorporen a estos museos y queden a resguardo de las comunidades”, dice

Civilizaciones originarias

Dentro de las metas que se avecinan con la nueva configuración de la SC, el INAH planea entrar en la dinámica de Circuitos Culturales dentro y fuera del país para proyectar la importancia histórica y cultural de México “como un país que representa la continuidad como una de las grandes civilizaciones originarias del mundo, así como lo reconocería nuestro maestro Miguel León Portilla”, expresa el antropólogo.

“El instituto no es ninguna entidad cerrada en las fronteras, tenemos el Museo Nacional de las Culturas del Mundo que nos presenta la diversidad cultural del planeta y sus diferentes regiones y países. Constantemente estamos saliendo. Ahora mismo tenemos en Arizona una exposición muy importante de Teotihuacan que estuvo en San Francisco y después en Los Ángeles, también el año pasado tuvimos esta exposición importante de Los Reinos de Oro con la visión un poco comparativa de las civilizaciones que florecieron en Mesoamérica y en los Andes”. Además anunció que en el año en curso se prepara una exposición internacional con el tema de la civilización olmeca y los pueblos del Golfo de México con el Museo Quai Branly, en París.

En números

  • Visitantes a zonas arqueológicas y museos del INAH en el 2018: 27 millones
  • Recursos autogenerados en el 2018: 710 millones de pesos
  • Recursos autogenerados en 5 meses del 2019: 350 millones de pesos
  • Zonas arqueológicas por donde pasará el Tren Maya: entre 30 y 50
  • Zonas arqueológicas de próxima apertura: 5
  • Personal eventual del INAH: 1,550 trabajadores (de diciembre del 2018 a febrero del 2019 rescindieron a 210)