La novela Esa luz que nos deslumbra, del escritor mexicano Fabrizio Mejía Madrid, reconstruye el año de 1968 desde un punto perdido en el tiempo y el espacio que muchos no vivieron. Por las páginas de esta novela se nos aparece un México que ya no existe y cuya fisionomía ha cambiado a lo largo de medio siglo. Un México lleno de contradicciones, de repeticiones y de ilusiones.

El escritor, nacido en la Ciudad de México en ese mismo año, es uno de los que no vivió a conciencia ese año. Pero a través del paso del tiempo, el fantasma del 68 ha estado presente en la memoria colectiva de todos los mexicanos. En 1968, el gobierno mexicano reprimió a balazos a los estudiantes que participaron en un movimiento político que reclamaba mayores libertades en el país. La fecha más emblemática es el 2 de octubre, cuando el Ejército y grupos policiacos masacraron a estudiantes en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, en la Ciudad de México.

“Decidí hacer una novela porque yo nací ese año y me hubiera gustado haber participado en el 68 y la única manera que tengo de participar es escribir una novela sobre eso”, contó Mejía Madrid en entrevista telefónica con El Economista. “Es una cosa que me han contado desde niño. Mucha gente a mi alrededor que participó en el movimiento y también parientes de mis amigos. Siempre fue muy entrañable y era tratar de encontrar una expresión que no fuera sobre los 60 libros del 68 ni los expedientes de la fiscalía de delitos políticos del pasado”, dijo. 

Para lograr este acercamiento desde la ficción, en este mundo construido habita una polifonía de personajes y voces con historias interconectadas que inicia en la construcción de la Villa Olímpica y recuerda las asambleas del movimiento universitario, las conversaciones y todo lo demás que pasaba alrededor.

Mejía Madrid describe su obra como una novela “que sirve para rellenar el 68 (…) más allá de todo lo que le hemos puesto en estos 50 años, como mito fundador del movimiento democrático de México o el origen de las guerrillas de los setenta o del feminismo. Todo eso es cierto, pero hay que rellenarlo de lo que sentían los chavos, lo qué se discutía en las oficinas de gobierno, y qué pasó con toda esa gente que no era ni de un bando ni del otro”.

Al igual que en sus novelas Un hombre de confianza — sobre el exdirector de la Dirección Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios— y Disparos en la oscuridad —sobre el expresidente Gustavo Díaz Ordaz, quien gobernaba en 1968—, los secretos del poder son un tema que ha abordado y continúa explorando los sucesos reales de la historia mexicana reciente. 

“A mí me interesa la realidad porque no son los diálogos que uno ha visto en las series de narcos donde todos son muy serios y se amenazan los unos a los otros, cuando en realidad son decisiones que se toman sobre la base de cosas no dichas”, dijo Mejía Madrid. 

Esa luz que nos deslumbra invita al lector a viajar en el tiempo y ver 1968 desde otra óptica. Más allá de los mitos, las historias y las cicatrices que dejó ese momento, la novela nos hace mirar hacia otros lados y acercarnos a ese momento desde la ficción. 

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