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Arte e Ideas

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De cuando me dormía arrullada por el beisbol

Este deporte es el alma del pueblo de EU; también es mi forma de ser mujer.

Es algo en lo que pienso mucho: ¿Qué significa ser mujer? No es por aguar el asunto, pero le diré que no soy una mujer tradicionalmente femenina. ¿Faldas? Ni de broma. ¿Maquillaje? Eh, a veces pero si puedo evitarlo, mejor. Mi mejor amiga dice que depilarse la cejas es un momento para la meditación, supongo que el dolor tendrá algo que ver. Yo no sé nada de eso. Todos esos rituales (eso son, ¿no?) de cierta identidad femenina me pasan por encima de la cabeza.

Desde niña ha sido así. Yo era la brusca, la machorra, la que jugaba con los niños varones. Tengo dos hermanos mayores, así que estaba perfectamente entrenada para saber cómo vencerlos en sus juegos.

Afortunadamente ahora los niños están menos sometidos a roles de género estrictos, pero yo me la pasé mal muchas veces. Te vistes como niño , me dijo otra niña y me sentí de lo más ofendida. Le di un zape y me castigaron. Valió la pena y me reí mucho desde el rincón del salón. Había defendido algo, aunque no tenía claro qué.

Jeans, juegos rudos y groserías pero algo en mí se sentía mujer, si no ¿por qué la muina?

En fin, soy una mujer no muy convencida de los lugares comunes del género y que no sabe bien a bien qué significa el feminismo. Lo que sí puedo asegurar es que soy la mujer que de niña se dormía arrullada por el box que veía mi padre los sábados por la noche. Y entre semana me quedaba frita con las narraciones de los partidos de beisbol, como si fuera un rezo, como si fuera la voz de Sherezada contando miles de historias al sultán. Yo era el sultán, no Sherezada, desde luego.

En fin, para no seguir con la confesión personalísima, diré que los deportes (bueno, no todos) forman parte fundamental de mi identidad. De chica me dormía, pero de grande ver un partido de beis o de americano, metida en mis cobijas, es un placer similar al de una comilona. El atasque deportivo de un domingo de la NFL combinado con un juego de postemporada de las Ligas Mayores: no me den más, con eso soluciono mi mundo.

En los últimos días me he dedicado, con disciplina de santa, a ver la extraordinaria serie Baseball, del documentalista Ken Burns.

Obra monumental, Baseball está conformada por 10 documentales de hora y media cada uno que dan cuenta no sólo de la historia del beisbol sino, también, de la historia sentimental del pueblo estadounidense. Filmados hace 20 años, cada episodio mantiene el descaro de lo reciente y la solemnidad de la investigación teórica. Es al mismo tiempo entretenimiento e historia.

Ty Cobb, con fuego en la mirada y sangre en los spikes; Christy Matthews, el caballero cristiano que se negaba a lanzar un juego en domingo; el espectacular bateador Honus Wagner; los Medias Negras, que vendieron a los apostadores la Serie Mundial de 1919: todos fantasmas del diamante que en manos de Burns vuelven susurrantes a la vida.

Hay algo muy estadounidense del beisbol -dice un entrevistado- es un deporte demócrata, que los inmigrantes aprendieron para integrarse al país . También fue, ya no lo es, un deporte racista, que durante siglo y medio tuvo dos ligas separadas, una para los blancos y otra (varias, en realidad) para los negros. Burns no le saca al tema, por cierto, casi en todos los episodios de la serie se cuenta un fragmento de la historia del beisbol negro, y después se habla de la integración racial de las grandes ligas.

Pero yo iba para otro lado. Ese asunto de saber el juego para integrarse: creo que a mí me pasó lo mismo. Para integrarme a mi familia yo aprendí de deportes. Pero el beis es también mi modo de ser yo misma, diferente a mi padre y mis hermanos; el deporte de ellos es el americano, el mío es el rey de los deportes (qué bonito lugar común, ¿no?, el mero rey. Baseball rastrea su origen: resulta que viene de una publicidad del siglo XIX). Soy mujer porque me gusta el beisbol.

Baseball es una de esas obras que apela a griegos y troyanos. ¿No le interesa el beis? Véalo como una historia de industralización de Norteamérica, o como un observador de la democracia en América al estilo de Tocqueville, ese aristócrata francés que ha sido el mejor comentarista de la vida demócrata en EU.

Si es usted fanático de la pelota ya se está tardando en verlo.

Veo Baseball de Ken Burns como aquella niña que se mecía entre el sueño y la vigilia con las narraciones desde el Parque del Seguro Social.

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