Buscar
Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Colegio Madrid, setenta años

En 1939 acabó la guerra civil española. La Segunda República, sistema político democrático que sustituyó a la monarquía, fue finalmente abatida por las tropas de Francisco Franco que, desde ese año hasta su muerte en 1975, impuso una dictadura militar oscurantista -¿qué dictadura no lo es?- en España.

En 1939 acabó la guerra civil española. La Segunda República, sistema político democrático que sustituyó a la monarquía, fue finalmente abatida por las tropas de Francisco Franco que, desde ese año hasta su muerte en 1975, impuso una dictadura militar oscurantista -¿qué dictadura no lo es?- en España.

En México, en ese entonces era presidente Lázaro Cárdenas que, de 1937 a 1940, apoyó a la Segunda República no sólo con armas y dinero sino, en plena guerra, le dio exilio a los hijos de los combatientes caídos y, una vez concluido el golpe militar, le abrió las puertas a familias enteras de republicanos que, con el tiempo, fundarían instituciones educativas y culturales que contribuyen a forjar un país basado en la libertad del individuo, igualdad de oportunidades, conciencia social, respeto frente a lo diverso, honestidad y laicismo.

Una de esas instituciones se llama Colegio Madrid que, en este año, celebra 70 de existencia, escuela en la que dio clases mi abuela Josefa Losada, muchacha aristócrata desheredada por su familia al casarse con un comunista -mi abuelo, Marcial Fernández, a la postre jefe de carabineros antifranquistas en Galicia-, mis tíos y mi padre (socialista), mi hermano, yo, mis sobrinas y mis amigos más entrañables, la mayoría hijos de ese exilio como el que también sufrieran los chilenos y uruguayos en 1973, y los argentinos en 1976.

Bajo la inspiración del Instituto Libre de Enseñanza, fundado en 1876 en España por Giner de los Ríos con la proclama del derecho a la libertad de cátedra, el Colegio Madrid tuvo como primer director a Jesús Revaque, y como primera sede, una casa de campo (conocida como el Castillo) a las afueras de la Ciudad de México en lo que entonces era el pueblo de Mixcoac, inmueble que había pertenecido a la familia porfirista Limantour que, tras la Revolución Mexicana, abandonó el país.

En ese sitio, otrora situado en lo que hoy es la estación del metro Mixcoac, un paradero de camiones, peseros y un galerón que se utiliza de tienda, estudié la primaria y parte de la secundaria, y mis mejores recuerdos son las clases de música en las que nos enseñaban tanto canciones populares españolas como las de la guerra civil, las de dibujo al carbón, las competencias deportivas, el recreo y las historias que nos contábamos en torno al túnel que había debajo del castillo, que comunicaba con el castillo del Colegio Williams y, según la leyenda, en una de sus ramificaciones llegaba al bosque de Los Dinamos, en la delegación Magdalena Contreras.

Para finales de los 70, el Madrid cambió de dirección al lugar en el que ahora se encuentra, en una Villa Coapa que hace 30 años aún era rural, tanto que, en nuestro primer día de clases, Fratta y yo metimos al colegio a una vaca que pastaba en un terreno aledaño. Y ahí concluí la secundaria y cursé la preparatoria, y con mis amigos inauguramos el campo de futbol en el que el primer gol lo metió Ricardo García del Jalón.

Por lo anterior celebro a nuestro colegio de la misma manera que brindo por sus ex alumnos que, en gran medida, forman parte de la historia y del presente de México tanto en el mundo de las artes como en el científico. Por razones de espacio sólo mencionaré a los escritores con los que he colaborado en un proyecto editorial común, el del sello Ficticia: José de la Colina, Francisco Montellano, Javier García-Galiano, Rodrigo Johnson, Diego García del Gállego, Flavio González-Mello, Francisco Serrano Carreto, Cecilia López, Carmen Fuentes, Paulina Ugarte, Carlos Cuarón, Alejandro Estivill, Gustavo Marcovich y Manuel Lino.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete