Buscar
Arte e Ideas

Lectura 3:00 min

Celebremos a Alondra

La joven directora puso de pie al público de la Sala Nezahualcóyotl que se le entregó sin reservas, con lo que demostró que México tiene una oportunidad de volver a brillar en el mundo de la música de concierto.

La Sala Nezahualcóyotl, prácticamente llena, aplaudía de pie con fervor. En el aplauso, había mucho más que gusto por las piezas que Alondra de la Para y su Sinfónica de las Américas interpretaron para nosotros.

Y es que Alondra nos demostró que es la nuestra , nuestra oportunidad de volver a figurar en las grandes ligas de la música de concierto, como no lo hacíamos desde que murió Eduardo Mata en 1995.

No tendremos grandes solistas pero tenemos directora, una que, además de su virtuosismo con la batuta, se abre paso en el mundo a la mexicana , con la ventaja de que en ella esa expresión no significa con tranzas o a lo bruto, sino a la magnífica música que interpreta.

Arriesgada

El programa del lunes fue más arriesgado que el que tocará esta noche en el mismo recinto, ya que, salvo por el Concierto del Sur para guitarra y orquesta de Manuel M. Ponce, estaba formado por piezas muy poco conocidas (al menos en la actualidad) y un estreno mundial.

Alondra empezó calentando motores con dos piezas un tanto suaves, la Melodie por violon et orchestre de Gustavo Campa e Intermezzo de Atzimba de Ricardo Castro, que trascurren en un estilo muy decimonónico y, al menos desde una perspectiva actual, con poca propuesta.

El Concierto del Sur interpretado magníficamente con el español Pablo Sáinz en la guitarra, dejó un buen sabor antes del intermedio. Aunque el escaso del volumen del instrumento (y eso que el de Sáinz era de los más sonoros que este cronista ha escuchado) hizo, como suele suceder en los conciertos para guitarra, que la orquesta limitara mucho su dinámica.

Pero al regreso de intermedio, el público no paró de sorprenderse.

Genómica mestiza, pieza a la que hace unas semanas el compositor Enrico Chapela le puso las últimas notas, fue poderosa y convincente y si bien como público no entendimos dónde estaban, en la pieza, las 89 variantes del genoma del mexicano ni sus posiciones en nuestros cromosomas, comprendimos la pieza a un nivel emotivo profundo.

Habiendo escuchado el disco, el que suscribe esperaba con ansias la Sinfonía no. 2: Las antesalas del sueño de Federico Ibarra. Es la pieza que mejor suena en la grabación, pero las oscuras y rotundas notas de Ibarra en vivo estremecen.

El Trópico , tercera parte de la Suite Caballos de vapor de Carlos Chávez no se quedó muy atrás.

Alondra nos había prevenido en conferencia de prensa sobre Imágenes de Candelario Huízar como una obra que en su momento fue un exitazo. Y no cabe duda de que ella supo despertarla de su letargo. Magnifica y emotiva, dejó a la gente queriendo mucho más.

La sala Nezahualcóyotl se caía de aplausos, toda la gente estaba de pie. Alondra y su orquesta ofrecieron dos encores de tamaño y fama más que considerables: Danzón no. 2 de Márquez y Huapango de Moncayo, las grandes favoritas.

Si hubiera sido por nosotros, ahí nos quedábamos para escuchar más y más música mexicana. Algunos afortunados podremos hacerlo esta noche.

KLM

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete