Al doctor Arturo Álvarez-Buylla se le conoce internacionalmente como un destacado investigador en neurociencias del desarrollo y en la neurobiología de células madre. Sus trabajos sobre la producción y renovación de neuronas en el cerebro de mamíferos adultos (neurogénesis), así como los relativos a la formación de tumores cerebrales o a la determinación biológica del comportamiento, también han sido positivamente reconocidos por la comunidad científica.

Pudiera decirse que la carrera del doctor Álvarez-Buylla es tan sobresaliente, que sus probabilidades de seguir develando nuevos secretos sobre el funcionamiento del cerebro, lo sitúan como un posible candidato mexicano al Premio Nobel en ciencias. Por lo pronto, la semana pasada se anunció que el norteamericano Joseph Altman, el italiano Giacomo Rizzolatti y el mexicano Arturo Álvarez-Buylla recibirán el prestigiado Premio Príncipe de Asturias 2011.

Para poder dimensionar en parte la importancia de los trabajos de estos tres científicos, baste saber que gracias a sus demostraciones, hoy se perfilan nuevos caminos para el tratamiento de enfermedades cerebrales tan devastadoras como el Parkinson, el Autismo y la demencia de Alzheimer.

Si bien es cierto, que desde hace aproximadamente 30 años Arturo Alvarez-Buylla salió de nuestro país para continuar investigando en Estados Unidos y Europa, los cimientos de su formación académica provienen de la UNAM, en donde fue premiado con la Medalla Gabino Barreda por el mejor promedio de su generación en la Facultad de Medicina.

La novela familiar de Álvarez-Buylla es verdaderamente interesante. Por el lado materno, su abuelo Wenceslao Roces Suárez, desde muy joven destacó en los estudios y ganó en la Universidad de Asturias el Premio Extraordinario, al término de la licenciatura en Derecho. Un año más tarde, recibió el Premio Extraordinario de Doctorado por la Universidad Central de Madrid y posteriormente una beca para Alemania. A su regreso a España se opuso a la Dictadura desde el Partido Comunista Español y luego fue exiliado a la Unión Soviética.

En 1942 Wenceslao Roces llegó a México. Comenzó a trabajar de manera brillante en el Fondo de Cultura Económica, pero fue en la UNAM donde se hizo merecedor de las más altas distinciones.

Por la rama paterna, Arturo Álvarez-Buylla también tiene una historia singular. Su padre Ramón Álvarez-Buylla, oriundo de Asturias, fue un destacadísimo investigador, estudió medicina y fisiología en la URSS y, al final de la Segunda Guerra Mundial, llegó a México para reunirse con su madre y hermanas después del exilio. El padre de este, llamado Arturo y de quien le viene el nombre al hoy galardonado, fue fusilado siendo el Alto Comisionado de la república en Marruecos, por haberse negado a secundar la revuelta de Franco.

Existen destinos excepcionales marcados por historias en que se mezclan de extraña manera la inteligencia, la tragedia y el valor para producir algún resultado favorable para la humanidad. Tal vez hoy el doctor Arturo Álvarez-Buylla estará meditando sobre las palabras del gran León Felipe ¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla… , y después de todo, se sienta satisfecho.