El quehacer de Pierre Bastien como fabricante de instalaciones sonoras que utiliza para dar vida a composiciones musicales lo ha colocado como parte de una práctica denominada arte sonoro , un arte que rompe las fronteras entre la imagen y el sonido.

En su carrera ha rechazado la inclusión de su trabajo en categorías como la música experimental . En México, además del concierto en el festival NRMAL, dará una conferencia en el programa NODO sobre historia del arte sonoro.

¿Cómo te sientes acerca de tu ?trabajo como parte de esta práctica artística?

En los primeros años de mi carrera daba principalmente conciertos, pero no pertenecía a ninguna categoría. En los años 70 y 80 ya practicaba la música que hago ahora, pero no cabía en ningún lado, estaban la música clásica, el pop, el folk, el rock, el jazz y yo no estaba en ninguna de estas categorías. Entonces, como fabricaba dispositivos sonoros, poco a poco me fui involucrando con galerías y festivales que trabajaban con este arte que no tiene fronteras entre lo visual y lo sonoro.

En ese momento fue eso lo que se denominó arte sonoro, después se fue desarrollando poco a poco. Yo diría que lo que me interesó del arte sonoro en los 90 y 2000 fue conocer artistas cercanos a mí, artistas que trabajan con el aspecto visual y sonoro en simultáneo. En particular quienes trabajan con las propiedades y principios físicos, objetos materiales, es decir, esculturas sonoras.

Así que mi conferencia se va a centrar en las esculturas sonoras, más que en el arte sonoro electrónico, porque me interesa mucho más el aspecto físico de esa manifestación. Haré un vínculo entre la tradición y el arte contemporáneo, con dispositivos sonoros tradicionales que tienen un eco en los jardines zen japoneses.

¿Qué pasa primero, la idea del sonido o el diseño de la máquina?

Lo primero que me lleva a fabricar un dispositivo es la idea musical. De ahí parte todo. La máquina es sobre todo un medio. En la música se habla de un instrumento-música como un objeto que sirve para expresar algo.

Las máquinas también son instrumentos o pequeñas orquestas que me sirven para expresar una idea musical. Sin embargo, llega a suceder que durante la construcción, ésta influye sobre la idea musical. Esa idea llega a cambiar durante el trabajo manual en el taller.

Hay una interacción entre la idea musical inicial y su confrontación con los materiales, sus principios físicos. Es una especie de compromiso, un ajetreo entre las dos cosas... Y a veces también hay sorpresas; cuando es una buena sorpresa, la guardo.

Es decir, si estoy fabricando una máquina que debe expresar alguna cosa y resulta que expresa algo distinto, porque cometo errores o porque no soy lo suficientemente hábil... si es algo bueno, lo conservo. A veces el azar interviene y resultan cosas mejores de lo que había concebido en un principio.

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A lo largo de este proceso, ¿utilizas la escritura como un medio de prescripción, algo como una escritura musical o gráfica para proyectar esa idea musical o las máquinas?

Hay una escritura, pero no es una escritura con papel y lápiz, sino una escritura con desarmadores, soldadura, cautín y piezas de Meccano. Es una escritura porque las piezas componen un ritmo, no del modo en que se escribe el ritmo en el papel de izquierda a derecha. Escribo el ritmo con círculos, es una escritura mucho más bella. Al menos en lo que concierne al ritmo, es mucho más bello verlo escrito con círculos que con líneas rectas.

Por ejemplo, si piensas en el Bolero de Maurice Ravel, tiene un ritmo que puede insertarse muy bien en un círculo, aunque la escritura de Ravel es lineal. Al ver las partituras es mucho más evocador ver el mismo ritmo escrito en un círculo. Mis máquinas no son partituras, pero contienen una clase de escritura musical.

Además, como la mayor parte del tiempo trabajo solo, no tengo la necesidad de escribir.

Y bueno, al final escribo para entregar las partituras a la asociación de autores.

Pero eso viene después, no es una prescripción ni un orden ya establecido de creación.

Hablas del arte sonoro como un arte sin fronteras; tu trabajo se encuentra en discos, conciertos, museos. ¿Cómo influye esto a nivel producción y distribución?

Pienso que cuando se hace un disco, al menos en mi caso, nunca es igual que lo que hago para un museo. ?Cuando hago un disco, trabajo mucho más el sonido. ?En un disco no se ve nada.

Mi intención entonces es que el disco te coloque como en la caverna de Platón. Lo que importa es imaginar las máquinas que no están ahí a partir de todo lo que se escucha a ciegas.

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