“Con la ropa de sus muertos/Lentamente con sus manos vulnerables/Une trozos de una tela húmeda en dolor.

“Y en esos trozos recobra la vida usurpada/ Los hijos desaparecidos en la plenitud de una vida.

“Ella, la arpillerista, es frágil como las agujas que sus manos sujetan / Y es fuerte como una mujer que busca a sus hijos/ Que camina toda una vida para encontrarlos/ Que denuncia exilios y torturas”.

El poema de Marjorie Agosín da cuenta de la colección de arpilleras hospedada desde este lunes en el Vestíbulo de la Biblioteca de la Universidad Anáhuac Norte, donde el arte se suma a la denuncia, donde el dolor se convierte en pieza artesanal, donde la lucha por los derechos humanos queda plasmada en una pieza textil y comunica al mundo los horrores de las dictaduras latinoamericanas de los años 70 y 80 que enviaron al exilio de cientos familias, las torturas en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, las represiones policiacas y militares más recientes y los millares de desapariciones forzadas de personas que enlutan otros millares de hogares en todo el subcontinente, pero especialmente en México, en pleno siglo XXI.

Es la exposición Justicia Transicional-ArteTextil, curada por Roberta Bacic, con 17 piezas cuidadosamente seleccionadas, procedentes de Chile, Cataluña, Colombia, Argentina, Perú, País Vasco e Irlanda, confeccionadas por las manos de mujeres destrozadas por la desaparición de sus hijos, padres, hermanos o hermanas; que hablan de familias en el exilio, el  y la lucha por la justicia.

“He aquí una muestra de cómo el arte textil se va convirtiendo en un lenguaje universal y atemporal para narrar y denunciar las violaciones a los derechos humanos, explica Roberta Bacic. “Muchas de las piezas fueron cosidas por mujeres artesanas que empezaron a coser a partir de las vivencias dolorosas y que hoy viajan a través de su trabajo textil”.

Estas piezas son también hebras de la historia de la identidad de los pueblos. “La mayoría de estas arpilleras son cosidas, no bordadas; son hechas con pedacitos de material que muchas mujeres conocen como apliqué; pero la inspiración ya está allí, vienen de la tradición de las bordadoras de Isla Negra y de otros pueblos, que bordaron escenas de la vida cotidiana y de sus memorias, pero también cuentan historias sobre la dictadura militar, sobre los desaparecidos y la sobrevivencia”, añade Bacic.

La exposición forma parte de la Jornada Internacional sobre Justicia Transicional convocada por la Facultad de Estudios Globales y la Cátedra A.G. Leventis-Anáhuac en Estudios de Chipre, en colaboración con el Centro Anáhuac en Derechos Humanos y el acervo Conflict Textiles, de la Universidad de Ulster, en Irlanda del Norte, de donde proviene la colección de arpilleras reunida por Roberta Bacic.

“Verdad y justicia; familias y lucha; impunidad y reparación son palabras que nombran realidades de conflicto y paz en nuestros días. En contextos sumamente desafiantes, la justicia transicional emerge como una posibilidad de reparar lo que la violencia quiebra”, expresa la doctora Yael Siman Druker, directora de la Cátedra A.G. Leventis-Anáhuac en Estudios de Chipre.

“No es casual que Chipre aparezca como un caso central en nuestra jornada internacional: la isla mediterránea representa el cruce entre conflicto y justicia, la lucha incesante de las familias de los desaparecidos, y el arte textil, tradición heredada  por mujeres chipriotas de generación en generación”, indica Siman.

Del lefkaritiko a la arpillera

Estas piezas que conforman la exposición son llamadas arpilleras porque fueron bordadas y cosidas a partir de trozos de tela provenientes de sacos de papas o de harina, con textiles ásperos como el yute o la jarcia, y se nutren de la inveterada tradición textil chipriota, de la cual el lefkaritiko es el estilo más representativo por la diversidad de colores y la gran cantidad de puntos y diseños –más de 650- que se emplean en su confección.

“En esos trozos de tela, las mujeres empezaron a contar sus luchas y sus victorias a través de una aguja, un hilo y retazos de materiales”, explica la curadora Roberta Bacic. “Lo más importante es que es todo hecho  a mano y originalmente todo con retazos, y  en lo posible con retazos con valor afectivo. Las mujeres que no sabían hacer croché le hicieron un punto festón, no importaba que fueran artista o no, el caso es que tenían una historia que contar, y quisieron que fueran cuadros para colgar en los muros, quisieron que su costura fuera más allá de la labor doméstica de pegar un botón”, detalla Bacic.

Muchas arpilleristas de la dictadura chilena fueron anónimas, y sus obras estaban proscritas, no podían exhibirse en espacios públicos, hacerlo ahora, aquí y en otras partes del mundo, es un acto de justicia y reparación, explica Roberta Bacic, ex integrante de la Comisión de Verdad y Reconciliación en Chile.

“La colección, que rebasa las 300 piezas, nace de mi deseo de hacer un trabajo en memoria de los desaparecidos y de las familias que buscan. En este paseo vamos a ver el tema de los desaparecidos, de los familiares que buscan, las exhumaciones, la prisión, el retorno, la memoria, la protesta, la resistencia y cómo se va configurando este trabajo, todo, cosiendo”.

En la exposición,  que estará en el vestíbulo de la biblioteca de la Universidad Anáhuac  hasta el 5 de octubre, destacan algunas piezas como Nuestras Víctimas 2 de Mayo 2002, que narra la matanza de Bojayá a manos de las FARC colombianas; Mi Guernica, una arpillera del País Vasco donde una hija cuenta la historia de su madre que vivió el bombardeo; Libertad a los presos políticos;  una arpillera arquetípica, dice Bacic, donde una mujer que no es una artista textil  cuenta la experiencia de ir de cárcel en cárcel a buscar a los hijos y que incorporaba a la policía frente a la cárcel, como parte de su vida y de su protesta. 

“Cada una de estas obras revela un tiempo interno y un tiempo externo, dice Roberta, ahora las arpilleras en Chile ya no hablan de la dictadura, porque ya no hay dictadura, pero los problemas no se terminan y ahora la técnica se ha vuelto un lenguaje para contar las historias de lucha y de victoria de los pueblos.”

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