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La incertidumbre por el T-MEC se puede mitigar
Las políticas internas, la debilidad institucional y deficiencias en energía, educación, salud y seguridad profundizan la incertidumbre económica; las revisiones anuales del T-MEC agravan el panorama para inversión, crecimiento y competitividad nacional.
Opinión
Los Estados Unidos se negaron a prolongar el T-MEC por varios años y habrá revisiones anuales. Así, se prolonga la incertidumbre y es una mala noticia, con la economía sigue estancada, con inversión débil, empleo formal declinante, deuda pública peligrosamente creciente, etc. A largo plazo, la perspectiva es sombría: las deficientes gestiones de la salud, educación y seguridad pública auguran un futuro en el que México no será parte de la prosperidad que se avizora globalmente.
Pero lo que pasa con el T-MEC no es la única causa de la incertidumbre que aqueja al país y quizá no la más importante. Las políticas internas la causan: la reforma judicial y la incompetencia y docilidad de la Suprema Corte, la desaparición de órganos autónomos de regulación y de transparencia y las reformas electorales, entre otras. El régimen ya es arbitrario.
El gobierno podría tomar medidas para mitigar el daño que la incertidumbre del T-MEC genera.
Es muy probable que la exigencia de los Estados Unidos respecto al T-MEC incluya temas diferentes a los comerciales. Y en eso México podría ser más cooperativo. Si bien implicaría daños a Morena, indudablemente sería positivo para el país. El mejor ejemplo es Rocha Moya y compañía, ¿a quién conviene protegerlo además de AMLO y cercanos? ¿A la soberanía, al pueblo? Claro que no.
La seguridad de energía es fundamental para que florezca la inversión privada y, con ello, el crecimiento a corto plazo. El gobierno parece reconocer que la política de AMLO disuade la inversión privada. Ahora la invita tanto en electricidad como en hidrocarburos. Pero lo hace muy tímidamente. La ley de infraestructura y su "planeación vinculante" busca atraer la inversión, pero bajo restricciones disuasivas importantes que se justifican como defensas de la "soberanía", como el arbitrario 54% de participación de la CFE. Probablemente sí concurra la inversión privada, pero no con la fuerza y rapidez que la situación exige —que se podría lograr con procesos más abiertos y transparentes— y quienes participen sean principalmente las élites de costumbre con acceso al poder.
Asimismo, es urgente adoptar políticas incluyentes de formación de capital humano relevante para el futuro. El enfoque de educación pública, la calidad de los libros y el declinante sistema de actualización y responsabilidad de los maestros son inadecuados y nocivos para la fuerza laboral futura en un mundo cada vez más tecnológico que inevitablemente demandará mano de obra muy calificada y prescindirá de la no calificada. La brecha entre las clases que pueden pagar escuelas de calidad razonable y quienes no, solo se ampliará.
En esa línea, también es imprescindible lograr un sistema de salud sostenible y con la calidad suficiente. El plan de salud universal con el IMSS-Bienestar no parece suficientemente equipado ni operativa ni financieramente. Nuevamente, el rezago de cobertura y calidad de la salud entre quienes cuentan con servicios privados y los que no continuará creciendo.
Finalmente, es imprescindible mejorar la seguridad pública cotidiana. Los homicidios registrados han disminuido en el margen, pero las desapariciones han ascendido. La extorsión se generaliza en los municipios, lo que compromete particularmente la sobrevivencia y expansión de las empresas pequeñas. Nuevamente, más exclusión. Se requiere un sistema de seguridad a distintos niveles que asigne eficientemente responsabilidades y recursos entre los órdenes de gobierno.