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Latente, violencia en Irlanda por rescate
Aunque estoicos, los irlandeses han aceptado su nueva situación. En 2008 era una de las economías más ricas de Europa, dos años después, miles de habitantes recurren a los subsidios por primera vez en su vida.
Dublín.- Anne Fullham, una abogada irlandesa del sector inmobiliario de 44 años de edad que perdió su empleo en marzo, nunca imaginó que se encontraría aceptando subsidios.
"Cuando yo iba al colegio (...) era la profesión más segura que uno podía tener -ser médico, abogada, arquitecta. Y ahora los arquitectos y abogados están en problemas", comenta.
La repentina implosión de la economía irlandesa ha dejado a su gente desconcertada. En sólo unos pocos años, el desempleo ha trepado desde casi un 4% a cerca de un 14 por ciento. La clase media, la clase trabajadora, jóvenes y adultos han debido acudir a las oficinas de beneficencia, muchos de ellos por primera vez en su vida.
Fullham, que llegó a recoger su cheque semanal de ayuda por desempleo de 196 euros (262,5 dólares) enfundada en un elegante abrigo, con aretes y maquillada, dice sentirse afortunada porque su marido, abogado también, todavía tiene su puesto en una compañía alemana.
Pero el matrimonio tiene como gasto fijo el pago de la hipoteca de una propiedad "que ahora no vale nada", se queja Fullham.
El primer ministro irlandés, Brian Cowen, se vio obligado a recurrir a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional para obtener un rescate financiero y el miércoles anunció alzas en los impuestos y recortes del gasto por 15.000 millones de euros.
Eso implica que viene más sufrimiento tras dos años de recortes salariales, pérdida de empleos y cierres de compañías en una escala no vista en varias generaciones.
Pat Quinn, que en Navidad cumple 58 años, nunca había conocido la inactividad hasta que la crisis económica atacó a Irlanda hace casi dos años.
Su último empleo fue en una fábrica de chocolates envolviendo las golosinas. Quinn solía hacer horas extras tras un turno de 12 horas, llegando a las 7:30 en la mañana y marchándose a las 9 de la noche.
Tras ser despedida por reducción de personal el 2008, ahora intenta mantenerse lo más ocupada que puede. "No me sentaré todo el día porque me volvería loca si lo hiciera".
"UNA ESPECIE DE COSA RARA"
Para el momento en que emergió la crisis económica, el 2008, Irlanda se había convertido en uno de los países más ricos de Europa. Pero hace sólo una generación era una nación pobre, y Fullham considera que eso facilitó que las personas aceptaran el sorpresivo retorno a las privaciones.
La expansión "fue una especie de cosa rara. Solíamos pasar dificultades. Aún tenemos padres que vivían vidas muy austeras", dijo.
A sus 51 años, Pat Waine perdió su empleo hace cuatro meses como director de una compañía de revestimiento de pisos, una de las incontables firmas constructoras que quebraron con el colapso del auge de la construcción.
"No es sólo desempleo, es desempleo en una situación en la que todo está explotando", dijo.
Su mujer trabaja en el sector público con niños con necesidades especiales, pero tiene un contrato anual y anticipa que perderá su empleo en la próxima ronda de despidos del Gobierno.
Hasta ahora, los irlandeses han soportado la mayor parte del golpe con estoicismo. Prácticamente no se han producido los disturbios callejeros que afectan a otros países europeos, como Grecia. Pero Waine dice que ve la ira real burbujeando bajo la superficie.
Como muchos otros en el país, Waine afirma que la decisión fatal del Gobierno fue garantizar las deudas de los bancos, dejando a los contribuyentes la obligación de pagar por una cuenta que nunca podrán asumir.
"Tenemos encima la carga de las deudas de juego de los especuladores", dice. "Creo que se verán desórdenes civiles en Irlanda. No hay duda de que se vienen".
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