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La charrería se convirtió en un circo: Urquiza Septién
El queretano José Miguel Urquiza Septién, quien se ha dedicado profesionalmente tres décadas a la charrería, analizó que el deporte nacional que en la actualidad está acabado y se ha convertido en un circo, por intereses de la misma Federación, comentó.
El queretano José Miguel Urquiza Septién, quien se ha dedicado profesionalmente tres décadas a la charrería, analizó que el deporte nacional en la actualidad está acabado y se ha convertido en un circo, por intereses de la misma Federación.
La charrería está acabada, es un circo, ya no colean; la cala es regular, los jinetes ya no tienen la rienda que tenían antes los caballos , comentó.
Urquiza Septién nació en 1926 y desde los ocho años comenzó la práctica de dicho deporte.
Dijo que la Federación de Charrería, por sus diversos intereses, entre ellos los económicos, dejó al abandono la esencia de este deporte, ya no son los charros que había antes, de los que yo conocía, como Alfonso Rincón, Antonio Gil, Manuel Ordoñez y Miguel Domínguez .
Trayectoria
Miguel Urquiza Septién fue reconocido por encabezar cinco congresos de charros, recordó que desde niño empezó a coger la riata para florearla, y su enseñanza con José Chucho Tirado, varios años después siguió con Manuel Ordoñez.
Fue con un caballo que teníamos en la calle 16 de septiembre, donde yo nací un 27 de septiembre, se llamaba Tutubisi, me lo regaló mi papá, pero ya ni me acuerdo por qué le puse ese nombre. También nos íbamos al rancho de Obrajuelo , recordó.
Entre sus vivencias, relató el jinete, está presente que su familia contaba con bastante ganado para arar la tierra, lo cual era aprovechado para practicar con el lazo, mover el ganado de un cerro a otro, lo hacía con los vaqueros que teníamos, me gustaba mucho, me querían mucho y siempre querían que fuera con ellos .
Añadió que para las charreadas les pedían ganado y sus hermanos, Carlos y Manuel, hacían el préstamo, porque él era el único charro, y Manuel Segura era su mayor impulsor cuando ya era joven, en la década de los 40.
Me apoyó mi familia y también me dediqué mucho a arrendar caballos de raza angloárabe e inglés. Carlos me llevó a don Luis Vázquez, un revolucionario, que era muy de a caballo, y él me enseñó, era de los meros buenos, me contaba que una vez metieron los caballos al hotel Hidalgo y que aventaban la riata, eso fue en la Revolución, eran tremendos, a mí me tocó el final , narró con entusiasmo.
elvia.buenrostro@eleconomista.mx