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Arte e Ideas

Lectura 3:00 min

Una abuela y su nieta, perdidas y encontradas

No quiero dormir sola, de Natalia Beristáin, narra la historia de una abuela y una nieta que comparten la misma soledad.

Los abuelos ocupan un lugar especial, aunque pequeño, en la historia del cine. La abuela muda de la película coreana El camino a casa recorre un largo trecho para llegar al corazón de su nieto pero lo logra; el abuelo de Little Miss Sunshine, interpretado por Alan Arkin, es un sociópata pero es el único que realmente entiende a la aspirante a reina de belleza del título; y Sara García en… de doña Sarita no hace falta hablar: está inscrita en nuestros genes culturales.

Hay abuelos desgraciados y abuelos de comercial, pero casi todas las películas de abuelos y nietos repiten la misma fórmula: la ingenuidad (o insensatez) del nieto encuentra buena brújula en la experiencia (o mala leche) del abuelo y el abuelo, gracias al nieto, recibe una rejuvenecida existencial.

¿Pero qué pasa cuando nieto y abuelo están perdidos al mismo tiempo? ¿Qué pasa cuando ninguno de los dos sabe vivir?

No quiero dormir sola, de Natalia Beristáin, es esa historia: la de una abuela y una nieta que están en el mismo momento de la vida: ese momento en el que uno se siente totalmente sin rumbo.

Algo no marcha bien con Dolores (Adriana Roel). Un día, una vecina suya preocupada llama a Amanda (Mariana Gajá), nieta de Dolores, para avisarle que hace días no la ve. Cuando abren el departamento y la encuentran encerrada en su habitación, dos cosas saltan a la vista: la suciedad de la casa y la cantidad de botellas de whisky vacías.

El alcoholismo de Dolores es sólo una sugerencia (aunque la verdad es que se la pasa tomando casi toda la película), el verdadero drama es que está perdiendo el control de su mente y que está muy sola.

Amanda no quiere hacerse cargo de Dolores. Ni le tiene paciencia ni la entiende ni se siente cercana a esa abuela a la que llama por su nombre de pila con un tono cada vez más fastidiado… pero la verdad es que Amanda no sabe qué hacer ni tiene realmente a quién recurrir. Amanda, no hace falta decirlo, también está muy sola.

Natalia Beristáin hace de ésta, su ópera prima, una historia muy personal: hace años ella misma tuvo que hacerse cargo de su abuela, la actriz Dolores Beristáin, cuando ésta tuvo una crisis médica asociada con el Alzheimer.

Natalia Beristáin no sólo es nieta de una actriz, también es hija de los actores Arturo Beristáin y Julieta Egurrola, así que toda su vida ha transcurrido entre rodajes y obras de teatro. Por eso las referencias al mundo cinematográfico a lo largo de No quiero dormir sola no son gratuitas: son un modo de hacer todavía más personal la historia.

No quiero dormir sola es una historia intimista que evita el tono edificante del melodrama facilón.

Dentro de la tradición de los abuelos y nietos cinematográficos, la relación que No quiero dormir sola retrata queda como la del ciego que guía a otro ciego.

¿Puede un ciego guiar a otro ciego? La Biblia dice famosamente que ambos caerán en un hoyo, pero a veces, el conocimiento bíblico se equivoca. A veces los dos ciegos deciden caminar juntos por un campo minado.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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