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Ciencia y políticas públicas, rumbo a una relación sana

La evidencia y asesoría que pueden proporcionar expertos? a los gobiernos no se debe hacer de cualquier manera.

En momentos de crisis o en la vida cotidiana, una buena relación entre la ciencia y los gobiernos no puede sino ser benéfica para la población. Ésta es la idea que está detrás del nuevo reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Scientific Advice for Policy Making. The Role and Responsibility of Expert Bodies and Individual Scientists (Asesoría científica para políticas públicas. El papel y la responsabilidad de los grupos de expertos y de los científicos individuales).

El reporte, elaborado por el Foro Global de Ciencia de la OCDE, propone una checklist que los países pueden seguir para asegurarse de que los procesos de asesoría científica sean efectivos y confiables.

El Foro de Ciencia se originó a partir de que en el 2012, unos sismólogos italianos fueron demandados por no predecir el terremoto de L’Aquila, y los debates en torno al tema han surgido también crisis como la del ébola o el desastre de Fukushima.

Cada vez es más usual convocar a la comunidad científica -dice el reporte- para que provea de evidencia y asesoría a los gobiernos en torno a la creación de políticas públicas en temas que van desde emergencias de salud pública hasta problemas a largo plazo, como el envejecimiento de la población o el cambio climático. Esta asesoría puede ser una pieza valiosa o hasta esencial de una política pública, pero su impacto depende de cómo sea formulada y comunicada y de cómo sea percibida por el público al que va dirigida y otras partes interesadas .

Una empresa global

El reporte fue elaborado con la representación de 14 países y de la Comisión Europea. Aun así, una pregunta evidente es cómo puede haber una sola checklist para los diversos países, cada uno con sus prácticas y políticas propias.

El doctor Frédéric Sgard, representante del Foro Mundial de la Ciencia de la OCDE, explicó para El Economista que la ciencia en sí misma es una empresa global.

No hay ciencia nacional, sólo las políticas nacionales de ciencia. En el campo de la información científica, la cultura nacional, las tradiciones y los sistemas políticos son muy importantes. Es por esto que no abogamos por un modelo único de asesoramiento científico. Sin embargo, hay principios comunes que deben ser compartidos, para garantizar la calidad, la pertinencia y la integridad de los consejos .

Además, Sgard aseguró que algunas cuestiones requieren una respuesta transnacional o internacional; este es el caso de los desafíos globales (cambio climático, pandemias, etcétera) o para el evento local que puede tener un impacto transnacional (podemos pensar en tsunamis o grandes eventos volcánicos, entre otros).

Es por eso que también llamamos a una mayor colaboración entre los sistemas nacionales de asesoramiento, para evitar mensajes conflictivos o contradictorios , dijo el administrador de este proyecto.

El informe propone una lista de verificación para los diferentes países, ante esto el también científico explicó que básicamente se abordan las diversas etapas del proceso de asesoría y proponen mecanismos para garantizar que el asesoramiento científico es de alta calidad y de confianza.

Ante el cuestionamiento del tipo de responsabilidades que deberán asumir los científicos al ser incluidos en las decisiones de los proyectos nacionales, Sgard aseguró que es una pregunta compleja, los científicos tienen un papel en los debates y las políticas públicas, pero se debe establecer una separación entre su función de asesoramiento -donde los científicos deben proporcionar información sobre los conocimientos actuales sobre temas específicos e incertidumbres-, y la toma de decisiones, que es competencia de los responsables políticos .

Principios generales para las consejerías científicas

El Foro Global de Ciencia de la OCDE identifica que se han establecido algunos principios generales y guías para el establecimiento y operación de las estructuras de asesoría científica .

  1. Delimitar el problema: Mientras algunos problemas pueden ser relativamente sencillos, por ejemplo la evaluación del riesgo que implica un solo agente, otros pueden ser mucho más complejos y pueden ser enfocados desde muchas perspectivas diferentes. Así, los eventuales usuarios de la asesoría deberían, en una situación ideal, participar con los científicos en la delimitación del problema. En el caso de problemas complejos habrá varios grupos de eventuales usuarios.
  2. Seleccionar a los asesores: Involucrar a los expertos adecuados y evitar los conflictos de interés es crítico para la calidad y legitimidad del proceso de asesoría. Cada vez esto implica juntar científicos naturales y sociales y sobrepasar las diferencias en el lenguaje y la terminología. Declarar los conflictos de interés de carácter financiero o institucional ya se hace con frecuencia, pero los conflictos de carácter ideológico o científico pueden ser igual de importantes y más difíciles de identificar.
  3. Producir el asesoramiento: Una vez que se ha definido el problema y se ha escogido a los expertos, es importante que se les permita trabajar de manera independiente, sin interferencia de políticos u otros interesados. Conforme aumenta la complejidad de un problema también lo hace la incertidumbre científica en torno suyo, por lo que por regla general la asesoría científica debe comunicar con claridad las incertidumbres o probabilidades asociadas. Si hay tiempo, es recomendable que otros expertos evalúen la asesoría.
  4. Comunicar y usar la asesoría: Reportar de manera prematura, imprecisa o desviada puede echar a perder el proceso. Quién es responsable de comunicar qué a quién es una pregunta crítica.

La transparencia del asesoramiento científico es de fundamental importancia. Hasta donde sea posible, la asesoría y la evidencia en la que se basa se debe poner a disposición del público a la brevedad. Los tomadores de decisiones deben estar en posibilidad de explicar cómo se tomó en cuenta el asesoramiento científico para la elaboración de la política pública. En especial deben poder explicar los puntos donde las decisiones entran en conflicto con la asesoría científica.

Los tres factores fundamentales

  1. Tener una propuesta clara, con roles y responsabilidades bien definidos para cada uno de los participantes. Con claras diferencias entre, por ejemplo, la consejería y la toma de decisiones y de éstas con la comunicación.
  2. Involucrar a actores relevantes, científicos, tomadores de decisiones y otros participantes de acuerdo con lo que sea necesario, especificando de manera clara y transparente por qué se les convoca.
  3. Producir asesorías que sean sólidas, desinteresadas y legítimas, que estén basadas en la mejor evidencia científica disponible y que carezcan de interferencia política o de otra índole.

nelly.toche@eleconomista.mx

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