Por muchos años, Mineral de Pozos estuvo abandonado y se le consideró un pueblo fantasma. Quienes conocen su historia cuentan que en la década de los 60 en este lugar habitaban unas 90 personas y que incluso años más tarde se les ofrecía dinero para que vivieran aquí.

Tanto en el centro como en las orillas aún se ven muchas casas y haciendas en ruinas; las calles empedradas y la plaza principal tienen poca gente; pero no siempre fue así. En su época de gloria, Pozos vivió una enorme riqueza durante la Colonia gracias a la extracción de metales como el oro, la plata y el mercurio.

Después de un primer abandono y saqueos en la guerra de Independencia, fue hasta el Porfiriato que nuevamente tuvo bonanza. En esos años hubo más de 100 minas y unos 80,000 habitantes. Fue la época dorada y de florecimiento de esta ciudad, se construyeron los principales edificios como la casa municipal y la escuela modelo, así como vías y estaciones ferroviarias. Fue de las primeras localidades que tuvo luz eléctrica, telégrafo y tren. Aún se pueden observar estos edificios en el centro de Pozos; en la esquina de la plazuela aún está La Fama, que en su tiempo fue el almacén de las telas más caras traídas de Francia para la confección de vestidos.

Su final llegó en 1926, cuando durante la Guerra Cristera, sumado a la depresión internacional y la caída del precio de los metales, las mineras comenzaron a cerrar. La estocada fue una inundación, que arrasó con todo dentro de las minas y dejó a esta ciudad en ruinas.

Al estar en este lugar invariablemente se siente una energía por todo su entorno mágico, su pasado legendario y por las leyendas de sus pobladores. Este misticismo hizo que se convirtiera en Pueblo Mágico en el 2012 y desde entonces su economía se ha levantado poco a poco. Actualmente hay cerca de unos 3,000 habitantes; cuenta con hoteles, hoteles boutique y se han desarrollado actividades ecoturísticas como visitas a las minas, rappel, rutas para bici de montaña o cuatrimotos y montañismo aprovechando su ambiente semiárido, las ruinas arquitectónicas, paisaje semidesértico y clima seco.

La ruta de las minas

Del centro de Pozos sale un tractour que te lleva a tres haciendas de Mineral de Pozos; pero también se puede llegar con una touroperadora o en auto particular. El costo de boleto para entrar es de 70 pesos.

La primera de tres paradas es la Hacienda El Triángulo, de 1882. En esta hacienda se encontraron lingotes de oro enormes, que volvieron millonarios a los dueños.

Para quienes disfrutan de caminar por lugares áridos, por nopaleras y agaves, el lugar se les hará fantástico; pero también por la tranquilidad que puedes encontrar entre los muros de esas exhaciendas y minas.

Los guías cuentan que aquí hubo unas 60 compañías y más de 360 tiros de mina, las cuales pueden estar conectadas, por eso, cuando se rompió un manto acuífero todas se inundaron y murieron miles de mineros.

El tiro tiene unos 500 metros de profundidad, pero sólo son visibles unos 80 porque los demás están inundados; quienes deciden entrar a la mina sólo podrán bajar uno o máximo tres niveles, pues los demás están inexplorados o inundados. Se dice que hay hasta 16 niveles.

Entre los campos se observan los cuartos de máquina, las tiendas de raya, lo que fueron los hornos de fundición, de trituración, tanques de cianurización y la entrada y salida de los mineros.

Los más aventurados entrarán a la mina de Argentina, en la Hacienda Angustias, con casco y lámpara, adentro podrán conocer un poco más e incluso quedar a oscuras mientras se cuentan relatos de terror.

La última parada de este lado de Pozos es la Hacienda 5 Señores, porque pertenecía a cinco dueños.

Al lado contrario, a unos 2 kilómetros del pueblo, está Santa Brígida, la mina más antigua de Guanajuato y que fue operada por los jesuitas. Sus tres hornos se han convertido en la imagen icónica de Mineral de Pozos.

La fachada de la hacienda es lo que más se conserva, pero adentrándote por las nopaleras verás los respiraderos de las minas y los tiros por donde sacaban todos los minerales.

Las minas también se recorren en bici de montaña por la ruta Rocas de Plata que concluye en lo más alto del Cerro Pelón. El tour dura tres horas.

Calles empedradas

Antes o después de maravillarte con las minas, recorre el pueblo. De casi todo Mineral de Pozos se puede ver en lo alto el templo inconcluso, una estructura de lo que iba a ser una iglesia pero que nunca se terminó porque el pueblo fue abandonado. A dos cuadras hacia abajo, pasando lo que fue la hacienda de los dueños de Santa Brígida, está la parroquia de San Pedro Apóstol (patrono de los mineros), de 1611, y que cada junio tiene su fiesta patronal. A ésta asisten miles de personas y termina con una misa en el Cerro Pelón, ese que está rumbo a las minas y desde donde se admira todo Pozos desde lo alto.

Si se sube un par de calles más está la Delegación Municipal; su reloj suizo traído en el Porfiriato sigue funcionando. En este lugar deberían estar los documentos que contienen la historia de Pozos, pero fueron quemados y no hay casi registros.

Algunos lugareños pueden contar leyendas e historias de fantasmas que se aparecen de entre las casas de adobe y las calles empedradas.

También está el taller Manos Creativas, en donde cuatro mujeres artesanas cosen a mano o en máquina los trajes típicos de todos los estados y venden sus muñecas típicas. La suya es la pozeña, pero tienen a la tehuana, poblana, queretana, zacatecana, charra, etc.

No dejes de probar los chiles rellenos mixtos. El chile poblando está relleno de tinga mientras que el seco de camarones, elote y champiñones. Otro típico es el sope de escamoles. Para el calor, un aguamiel de pulque con sabor agridulce; o un colonche, con tuna roja fermentada.

Música prehispánica

De camino a las minas está La Casa del Venado Azul, donde Luis Cruz desde hace décadas se dedica a la fabricación de instrumentos prehispánicos como la marimba de piedra, teponaztli, tambor de maguey, flautas de xiote, huéhuetl, gorcham o palos de lluvia, entre muchos otros que él ha mexicanizado.

Utiliza pieles de chivo, de vaca, y materiales de la zona como ahuehuete o maguey, del que utiliza todas sus partes ya cuando están secos.

Al escucharlo tocar alguno de sus instrumentos pareciera que entras a una sala de musicoterapia y canto, en un ambiente de relajación.

Él ha sido impulsor del Festival de la Toltequidad, que se realiza en julio, para la preservación de las tradiciones y en la promoción de las expresiones artísticas que no encuentran cabida en circuitos comerciales.

Ha perfeccionada tanto su técnica que músicos reconocidos como Santana, Café Tacvba, Maldita Vecindad y Shakira le han comprado instrumentos.

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