Las víctimas de abusos sexuales de curas esperan en México al papa Benedicto XVI con unísono reclamo: que haya justicia y que los culpables respondan en tribunales civiles, en especial en los casos cometidos por los Legionarios de Cristo, congregación fundada por Marcel Maciel.

El papa Benedicto XVI se ha reunido en varios países con víctimas de abusos sexuales de sacerdotes, pero no está previsto que lo haga durante en su estancia desde este viernes al lunes 26 de marzo en México.

Las disculpas "no son suficientes, no sirven de nada, la Iglesia debe entregar a la justicia civil a todos los abusadores", dijo a la AFP Joaquín Aguilar, vocero de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP, por su sigla en inglés), que atiende a 129 víctimas y que solicitó sin éxito una cita con el Papa.

"Su visita me produce una infinita tristeza", afirmó Saúl Barrales, quien durante su adolescencia fue asistente del fundador de los Legionarios de Cristo, el sacerdote mexicano Marcial Maciel, y asegura que el ahora Papa supo tempranamente de los abusos que cometía este cura, fallecido en 2008.

Joseph Ratzinger estuvo desde 1981 al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en un periodo en el que cobraron fuerza las denuncias por abusos sexuales y otras irregularidades cometidas por Maciel, que finalmente resultaron ciertas.

"Ratzinger lo sabía todo. La verdad la conocía desde que era prefecto", señaló Barrales.

Las primeras denuncias, dijo, fueron interpuestas ante el Vaticano en 1998 por la abogada austríaca Martha Wegan, pero el proceso recién fue abierto en 2004 y terminado después de que Ratzinger fuera elegido Papa en abril de 2005.

Varios expertos coinciden en que Ratzinger supo de estas denuncias, pero aseguran que no intentó encubrir a Maciel.

Según el vaticanólogo Bernard Lecompte, hombres cercanos a Juan Pablo II como su secretario personal Stanislaw Dziwisz, o el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano entre 1991 y 2006, "rehusaron obstinadamente de dar fe a acusaciones tan insensatas" contra Maciel.

Pero Ratzinger nombró en 2002 al sacerdote maltés Charles Sciluna al frente de la pesquisa y lo "envío a investigar en contra de la opinión de sus pares de México".

Maciel fundó la congregación de los Legionarios de Cristo en 1941, y las denuncias en su contra son por abusos sexuales a menores y por sostener una doble vida con dos mujeres y varios hijos. La congregación cuenta hoy con tres obispos, más de 800 sacerdotes y presencia en 22 países.

En mayo del 2006, Benedicto XVI obligó a Maciel a "renunciar a cualquier ministerio público" y "a retirarse a una vida de oración y penitencia", pero para las víctimas de los abusos de este sacerdote, esa decisión del Vaticano es insatisfactoria.

El exsacerdote Alberto Athié, convertido en activista a favor de las víctimas de abusos, asegura que como cardenal Ratzinger "obstaculizó el proceso de denuncia formal que hicieron varios ex legionarios en 1998 como prefecto, o al menos lo retuvo, fue un acto deliberado".

El obispo de Saltillo, Coahuila (norte de México), Raúl Vera, un activo defensor de los derechos humanos, considera que Juan Pablo II obligó a los obispos a comunicar al Vaticano las "denuncias serias" contra curas, y Benedicto XVI "endureció esa medida".

Ratzinger aumentó el plazo que tenían las víctimas para denunciar los abusos, de 10 a 20 años después de cumplir la mayoría de edad.

Marco Tosatti, otro vaticanólogo, asegura que Ratzinger fue el primero en desconfiar del fundador de los Legionarios de Cristo.

"Maciel tenía una habilidad fuera de lo común, era manipulador, carismático, pero Ratzinger fue el primero en no caer. Trató de bloquearlo, pero no fue capaz de hacerlo, debido a gente cercana al Papa que no quería creer en esas acusaciones", dijo Tosatti. "Desde que fue electo Papa, actuó rápidamente" sostuvo a la AFP.

Por el contrario, Athié anunció que se publicarán archivos sobre Maciel de la Congregación para la Doctrina de la Fe y aseguró que éstos muestran que se pudo haber intervenido a tiempo, porque Maciel "era definitivamente un delincuente".

Otros activistas contra los abusos enfatizan en que los pedidos de perdón que ha hecho Benedicto XVI a las víctimas no bastan.

"Un perdón verbal no nos basta. Muchos de nosotros sufrimos cáncer y otras enfermedades derivadas de la angustia y el dolor de esos abusos", añadió Barrales.

El exasistente de Maciel no fue violado sexualmente, pero soportó un abuso emocional ante los pedidos del cura para que le consiguiera la droga (dolantina, derivado de la morfina) a la que era adicto, lo cual según Barrales le hizo abandonar su vocación sacerdotal.

MIF