Despúes de la contracción económica inédita que derivó en la pérdida y suspensión de millones de empleos en México durante el segundo trimestre del 2020, los meses posteriores se han ido recuperando algunas plazas laborales con la reapertura, sin embargo, ésto no se ha traducido en una recuperación efectiva del bienestar de la población. 

La reapertura de actividades económicas y sociales sí impulsó una baja en el desempleo y el descanso laboral; pero se conservan las problemáticas en la caída general del ingreso de los hogares, la precarización de los empleos, la sobrecarga laboral doméstica, y especialmente, los altos niveles de ansiedad y problemas emocionales, dijo Graciela Teruel Belismelis, directora del EQUIDE-IBERO, en su participación en el panel "Propuestas de las OSC para mejorar el acceso a los derechos sociales en el contexto de la pandemia Covid-19" organizado por el Coneval.

Al corte de agosto del 2020, mes en que ya se observa una importante recuperación del empleo, se registró que 31.6% de los hogares declararon que al menos un integrante del hogar perdió su trabajo fuente de ingresos y la reducción promedio de los ingresos de las familias fue de casi la mitad (46.3%), de acuerdo con cifras de la Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID-19 en el Bienestar de los Hogares Mexicanos (ENCOVID-19).

Por su parte, la seguridad alimentaria también se ha visto vulnerada a escala nacional; mientras en el 2018 el 45% de la población tenía acceso a alimentación y para julio se redujo a 30 por ciento.

Adicionalmente, la problemática de salud mental también se disparó como consecuencia de la recesión económica: 1 de cada 3 mexicanos reportan síntomas severos de ansiedad.

Covid-19 golpea más fuerte a los pobres

Estas problemáticas se profundizan al momento de analizarse por estrato socioeconómico; la encuesta reflejó que los mexicanos que pertenecen a los niveles de ingresos más bajos son quienes presenten mayor vulnerabilidad ante la pandemia, no sólo por su incapacidad económica para enfrentar la crisis sino por sus condiciones específicas de exposición al contagio, de desprotección laboral, de ubicación geográfica y marginación. 

La encuesta realizada por el EQUIDE-IBERO reflejó que mientras la población más rica del país conservó durante la pandemia un nivel prácticamente nulo de inseguridad alimentaria severa (1%), en la población más pobre el 18% se encontró en esta situación

Los mexicanos en los estratos más bajos de ingreso también reportaron más pérdidas de empleo y una contracción mucho más severa de los ingresos. 

El problema de ansiedad y estrés impactó de manera más profunda a la población en pobreza; mientras en los niveles socioeconómicos más altos el 20% enfrentó síntomas, en los más bajos la cifra escala hasta el 40 por ciento.

En este sentido, la directora del EQUIDE-IBERO puntualizó también la necesidad de dar seguimiento a las problemáticas de desarrollo social y sus impactos diferenciados entre la población. Enfatizó que la política pública y el gasto ejercido en dirección a contrarrestar los efectos de la pandemia serán determinantes para el bienestar de la población.