La posibilidad de nacer siendo parte de un decil (distribución de la población de acuerdo con el ingreso familiar) y moverse a otro a lo largo de la vida es conocida teóricamente como movilidad social. En México las dificultades para tener movilidad social son persistentes; 7 de cada 10 personas que nacen pobres así se quedan.

Es casi una regla que el lugar de nacimiento, por la estructura sistémica, definirá la mayoría de las veces el destino social y económico de las personas. De acuerdo con el estudio de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, hay cinco factores determinantes en la (in)movilidad social: desnutrición, rezago académico, deserción escolar, precarización del empleo y desigualdad de oportunidades

El caso de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, los estados con más pobreza del país, es un espejo que refleja cómo la población que nace en situación de desventaja hereda esta condición a sus nuevas generaciones y así consecutivamente perpetúan la pobreza. 

Desde 1990 hasta 2015 los tres estados con más pobreza son Chiapas, Guerrero y Oaxaca, sólo entre ellos cambian de posición. Esta situación es la que el estudio califica como “pobreza crónica”; explicada también porque justamente en estos tres estados se concentran niveles altos de desnutrición, deficiencia académica y empleos informales.

En Chiapas, por ejemplo, el 68% de la población mayor de 15 años presenta rezago educativo y no tiene la educación básica (primaria y secundaria) completa. En Oaxaca esta cifra también es del 68% y en Guerrero del 64 por ciento. A escala nacional esta cifra es de 35%, significativamente más baja por los altos niveles de escolaridad en estados con mayor generación económica como la Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco. 

Otro de los indicadores que refleja el rezago de la población que reside en estos estados es el nivel de ingresos y la condición laboral. En Chiapas, 79% de la población carece de ingresos laborales suficientes, mientras que el 84% de los trabajadores no tiene acceso a instituciones de seguridad social como el IMSS o el ISSSTE

Para Guerrero y Oaxaca la situación es similar: el 75 y 74% de la población ocupada tiene ingresos insuficientes respectivamente y el 82 y 83% trabaja sin seguridad social, de acuerdo con las cifras del estudio. 

¿Cómo afecta la desnutrición, el aprovechamiento académico y el ingreso?

La combinación de algunos factores es fundamental para el desarrollo social, económico y cultural de los mexicanos. De acuerdo con el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), la seguridad alimentaria es clave para un buen desarrollo escolar en niños y adolescentes; a su vez, este desarrollo en la vida académica será determinante para su acceso efectivo a la inclusión laboral y los ingresos; en esta misma línea el nivel económico determinará sus posibilidades de vivienda, salud, recreación, cultura y hasta participación cívica. 

A modo de círculo, en México, la movilidad social es casi imposible, especialmente cuando no se actúa desde la política pública para incentivar el desarrollo en regiones vulnerables y rezagadas. De acuerdo con el estudio realizado por Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, en el país existe una gran paradoja que explica por qué la pobreza se produce desde la puerta de salida que debiera ser la solución para la misma.  

La población que nació y creció en los estados más pobres, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, ejemplifica la problemática: 67% de las personas que nacen en el sur de México en el rango de mayor pobreza permanecen ahí toda su vida y sólo el 2% de ellos logra escalar al rango de ingresos más altos. 

Nacer en regiones económicamente más prósperas es otra historia. En la región norte del país sólo el 23% de quienes nacen pobres se quedan ahí y hasta un 8% de ellos alcanza a salir a los estratos más altos de la población. 

Estas cifras evidencian la estructura sistémica de desigualdades; no es igual ser pobre en Nuevo León que ser pobre en Chiapas y el destino socioeconómico estará definido por múltiples factores que se conjugan y se traducen en oportunidades. 

¿Por qué no se acaba la pobreza?

El estudio resalta también las carencias de las políticas públicas que no han logrado reducir, ni los niveles de pobreza generales ni las brechas de desigualdad por ingresos; especialmente porque no se atacan de manera directa las causas de la problemática. 

Como baches en la efectividad de las acciones gubernamentales para atacar estas problemáticas se encuentran: la ausencia de enfoques claros para atacar las raíces de la pobreza, la inconsistencia en los planes y programas enfocados al desarrollo social, su insuficiente cobertura y las deficiencias en la cuantificación y cualificación de sus resultados. 

Aún con más insistencia se debe focalizar la problemática de la (in)movilidad social en México en estos momentos de recesión económica. De acuerdo con el informe del CEEY (Centro de Estudios Espinosa Yglesias), el impacto de la pandemia en el mercado laboral es significativo y las condiciones de trabajo de los mexicanos serán determinantes en el riesgo de caer en alguno de los rangos de la pobreza. Por lo que es fundamental continuar insistiendo en la implementación de políticas públicas que protejan, por ahora de manera emergente y posteriormente de manera estructural, a la población nacional. 

ana.garcia@eleconomista.mx