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Regular las drogas baja el consumo
Wouter Jan LOK dijo que en Holanda las drogas están prohibidas pero no se persigue la venta de 5 gramos de cannabis en las cafeterías.
Cuando se habla de casos exitosos en políticas de tolerancia a la venta y consumo de drogas, Holanda siempre es uno de los primeros. A decir de Wouter Jan Lok, ministro consejero de Asuntos Económicos de la Embajada del Reino de los Países Bajos, el número de consumidores ha disminuido considerablemente desde que las políticas se tornaron más tolerantes a los estupefacientes.
Pero contrario a lo que se afirma en la mayor parte del mundo, en Holanda las drogas sí están prohibidas, explica el diplomático; no obstante, no se persigue la venta de 5 gramos de cannabis en coffeeshops, ni tener menos de 30 gramos de cannabis (marihuana y hachis) para consumo personal; es decir, su venta está regulada.
Pero lo que funciona en este país no garantiza que pueda replicarse con éxito en otras naciones, enfatiza Wouter Jan Lok. En Holanda la responsabilidad en el consumo se inculca a edad muy temprana. Es cuestión de tradición, el sistema de educación dirige a los niños para que sean ellos los que decidan .
Antes de prohibir, a los jóvenes se les explica el riesgo de consumo de sustancias adictivas y lo mismo cuenta para el alcohol y tabaco. Siendo realistas, expresa Lok, no puede evitarse que las drogas, incluyendo el tabaco y alcohol, lleguen a los menores, pero sí se puede construir en ellos criterio para que sean capaces de decidir lo más conveniente . Los holandeses, dice, son una comunidad más pragmática que moral, si permitir significa disminuir, la gente no tendrá problema en aceptarlo .
Adicción centrada
Las políticas holandesas sobre las drogas distinguen entre cannabis y drogas duras, cuyo objetivo es lograr una separación de mercados. Por otro lado, la venta de drogas blandas en los coffeeshops es de 5 gramos por persona y tiene como finalidad evitar que los consumidores de marihuana queden marginados o entren en contacto con otras drogas más peligrosas.
Conocidos internacionalmente, los coffeeshops o establecimientos de hostería en la que no se puede vender alcohol pero sí se vende cannabis, concentran el problema de las adicciones en espacios controlados y facilita a las autoridades la distribución.