Durante los últimos meses, en México, la polarización política y lo políticamente correcto ha inhibido en cierta manera el humor sobre asuntos públicos; sin embargo, persiste la costumbre de hacer chistes sobre la realidad y sus actores, incluso, ante la pandemia del Covid-19, expone Manuel Ajenjo.

El experimentado escritor y guionista de televisión, reconocido por sus libretos en programas como El privilegio de mandar, La Güereja y algo más, Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, entre otros, relata que así como sucede con los asuntos políticos, con la pandemia del llamado nuevo coronavirus, el humor ha funcionado como una manera de adelantarse al posible daño y burlarse de él.

¿Este año, debido a la pandemia del Covid-19, la crisis económica pegada a ella, el miedo a contagiarse, entre todo lo que ha pasado en este año, cómo ha impactado a la hora de hacer humor sobre asuntos públicos?

—Yo pienso que se ha dificultado un poco porque no es tema gracioso que la gente se pueda morir, pero, por otro lado, también tenemos una especie de exorcismo hacia la muerte y hacia la enfermedad, que lo manifestamos a través del humor y prueba de ello es la cantidad de memes que se han hecho al respecto.

Yo inclusive, en El Economista, un día me llegaron tantos memes que pude hacer todo un artículo de pura antología de memes del Covid-19, “Chistes contra el Covid-19”, se llamó.

Todos los días he tratado de meter uno o dos memes, que me han estado llegando e, incluso, le he aclarado al lector que no los invento yo, sino que están allí en el colectivo y vaya usted a saber quién los invente. Pero tienen mucho ingenio.

Yo creo que es eso, se me ocurre la palabra exorcismo, en el sentido de evitarlo, o por lo menos decir a lo mejor me muero de eso, pero antes me burlo.

¿Funciona como catarsis?

—Exactamente. Yo dije exorcismo, puede ser también como una catarsis. Al mexicano siempre se nos ha dicho que la muerte nos importa poco y que no se qué. Yo creo que es eso, o sea, es una manera de adelantarse un poquito al posible daño el hecho de burlarse de ese daño.

Lo mismo sucede con el humor político, que es una manera de defenderse de la gente ante la toma de decisiones de los políticos. Con eso la gente puede decir tú a mí me friegas, pero yo me burlo de ti.

— ¿Hacer humor de lo que está pasando este año, funciona para alertar a la gente?

—Para concientizar no. Yo no creo que esa sea la labor del humor. El humor expone un defecto o una característica huma que no siempre es agradable, más no es función social del humor mandar un mensaje de pórtense bien, pónganse el cubrebocas. Eso no es función del humor. Pasa a ser panfletario el humor cuando hacen esos roles. O sea, yo como humorista voy a hacer que la gente se porte bien. Pues no, esa no es mi labor. Mi labor es hacer una caricatura de mira, ve como te ves cuando te emborrachas o mira lo que puede pasar cuando te pasas un alto o mira lo que pueden hacer si no te pones el cubrebocas, pero no es en sí una moraleja. El humor no tiene moraleja, es el humor por el humor.

¿En los últimos dos años qué tanto ha cambiado el escenario nacional para hacer humor político y sobre los asuntos públicos?

—Yo siento que el humor siempre ha existido igual, ahora hay una tendencia hacia lo políticamente correcto que sí está operando como una especie de censura, muchas veces el mismo escritor o caricaturista se autocensura.

Ahora, el chiste político es un vehículo para atacar el liderazgo que oprime a la sociedad.

El chiste político debe de transgredir valores políticos y morales, los rituales, los símbolos impuestos para defender a los gobernantes.  Ese siempre va a existir.

Por ejemplo, yo hoy publiqué un epigrama, con todo respeto para nuestro presidente, donde acabo diciéndole que va a ir a Estados Unidos a dar las nalgas, así con esas palabras, porque si lo disfrazo, lo pongo más tenue o uso un eufemismo, pues pierde fuerza.

Como dije anteriormente, hay que transgredir los valores y los rituales. Además, acabar con solemnidad, que caracteriza al político mexicano.

No hay un solo político mexicano… por ejemplo en Estados Unidos incluso contratan gente de las que hacen chistes para programas o cómicos para que le hagan una introducción al político de dos o tres chistecitos y luego ya aborda su tema. Aquí no, el político es muy serio, es muy solemne. Entonces, ante la solemnidad las escenas cómicas o lo cómico es una manera de burlarse.

El humor político es un medio para atacar a un liderazgo con el que no siempre uno está de acuerdo. Y trasgredir valores políticos y morales, normas y, sobre todo, esa solemnidad que de repente ataca a los políticos que parece que están salvando al mundo y cuando terminan sus labores, nos damos cuenta que lo que estaban salvando era a la octava generación de su familia, con lo que se llevaron.

¿Qué tanto se pueden seguir haciendo o no chistes de gays, gordos, flacos, enanos, sin herir susceptibilidades?

—Ahí es donde digo que lo políticamente correcto ha inhibido ese tipo de chistes, porque hay comunidades. Están tomando conciencia. Aunque a veces exageran.  Por ejemplo, acabo de ver a un standupero que se “sale del closet” a través del stand up, pero hace chistes raciales. “¡Ay los morenos!, ¡qué asco!” y no sé qué dice. Entonces yo pienso: oye manito, tú quieres una inclusión y excluyes. No, pues no se vale. Si quieres que incluyan a los gays, incluye tú también a los morenos. ¿No? No te burles de ellos.

Sí, lo políticamente correcto nos está perjudicando un poco a los humoristas porque siempre topa uno con eso, con una comunidad a la que agrede con el humor.

¿Y cómo lidian con la polarización política?

—A eso iba yo, eso también ha inhibido a algunos. Al menos a mí de repente me inhibe porque no quiero cooperar, obrar a través de lo que yo diga a esa polarización que estamos sufriendo.

Lo malo de esa polarización es que viene desde arriba. O sea, el presidente, con todo respeto se lo digo, propicia esa polarización, al hablar mal de los periódicos que lo critican. Siempre dice “con todo respeto” y es válido, pero bien que ya metió el zarpazo, ya metió la mano ¿No? Eso bien puede hacer que alguien, aparte de con sentido del humor, con cierta responsabilidad se inhibe.

Por ejemplo, este caso de que para mí no debería de ir a Estados Unidos porque sabemos que ni caso le va a hacer (el presidente Donald) Trump, sino que lo va a usar para su reelección y él va a ir.

Bueno, en ese caso yo siento que mi deber, la función social del humor es hacerle ver eso a la gente que el presidente está equivocado. Hay otros puntos en los que el presidente puede estar equivocado, pero tampoco puede estar uno echándole leña al fuego de la polarización.

¿Cómo lidian con los “espontáneos” que defienden al Presidente?

—A mí me dio un consejo Roy Campos. Me dijo que no hiciera caso de ningún comentario de lo que escribo, aunque sea positivo. Y lo sigo.

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