El reto del cartón político en México es hacer una buena lectura de la realidad y plasmarla, considera José Hernández.

El caricaturista del periódico La Jornada comparte las directrices de su trabajo: Uno, tener claro que el objeto de la burla es quien está en el poder y abusa de él y nunca hacer escarnio de las víctimas; dos, no hacer caricaturas de información que no esté corroborada y, tres, hacer una buena lectura de la realidad y tener un gran respeto por el lector.

¿Cómo influye el hecho de que estemos atravesando por una pandemia en el trabajo de un caricaturista político?

—Realmente situaciones así de complicadas no es complicado hacer humor sobre ello, porque precisamente el humor es un gran mecanismo de defensa; es algo que nos permite enfrentar situaciones muy complicadas e incluso irreversibles como la muerte. Recuerda que no se cuentan mejores chistes como en un funeral.

Entonces, siendo el humor un mecanismo de defensa o una manera de poder aliviar tensiones, en una pandemia y una crisis económica, no solo no sería complicado, sino hasta benéfico.

Algo que no hay que perder de vista es que en el humor político se hace escarnio de personajes públicos y no hacer burla de las víctimas.

¿En los últimos años como ha evolucionado el humor político? ¿Es más fácil o más difícil?

—Para mí sigue siendo lo mismo. No le veo una complejidad especial, Se dice que los caricaturistas que nos asumimos de izquierda y que tenemos una mayor identificación con el gobierno del presidente, Andrés Manuel López Obrador, se nos iba a dificultar hacer cartones y realmente no.

Aunque estemos de acuerdo con ciertas medidas y obviamente no las vamos a criticar, sigue habiendo una serie de cosas con la que uno no está de acuerdo y criticamos.

Hay una serie de cosas que le critico a López Obrador y que lo he hecho desde siempre, por ejemplo, su alianza con personajes realmente impresentables que representan lo peor de la política. Esas son cosas que sigue haciendo y lo ha hecho toda su vida. Es un personaje muy pragmático.

Otra cosa que le critico a López Obrador es su conservadurismo en ciertos temas, por ejemplo, cuando se pone a hablar de cuestiones cristianas o religiosas, o alusiones a ese tipo de temas. A mí no me parece que sea muy correcto.

Últimamente en estos dos años el menosprecio que a veces demuestra por ejemplo con el movimiento feminista, pues también yo se lo he criticado mucho.

¿Qué es lo importante del humor político?

—En el cartón político, el humor es solo un elemento. Que incluso yo digo que no es el más importante. Hacer humor político no es hacer un chiste de políticos; implica cosas más complejas, hacer un análisis político, hacer una buena lectura de lo que está pasando.

Es más importante hacer una buena lectura de lo que sucede y con base en ello hacer una crítica, que simplemente contar un chiste.

En ese sentido, hacer humor político no solo es chistes de políticos y no solo es hacer una crítica del poder político, sino también de los otros poderes que existen y que inciden como el poder empresarial, el poder mediático, el del Clero, en fin. Se tiene que hacer una crítica de todo ello.

¿Qué tanta riqueza de personajes hay?

—Desde hace bastante tiempo el poder político, el poder del presidente es mucho menor del que había en los años 60, 70 o en los 80. Incluso en esa época era muy común decir que en el periodismo en México había tres intocables: La virgen de Guadalupe, el Ejército y el presidente. La virgen por sagrada, el Ejército por peligroso y al Presidente por Sagrado y peligroso. Eso ha cambiado y básicamente porque el poder económico empezó a tener muchísima fuerza.

¿En cuanto a personajes caricaturizables cómo estamos?

—Para la gran mayoría de los caricaturistas su personaje favorito es López Obrador porque se presta, es un personaje muy protagónico, con muchas características que se facilita para hacer caricaturas. 

Ahorita es el más caricaturizable, pero yo he estado atento a otros personajes y va variando. Ahorita un personaje es el exsecretario Jorge Castañeda, por sus desafortunados comentarios en un programa de televisión y así ha sido, cada semana salen personajes, sobre todo los que están en el escaparate. Por ejemplo, el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell tiene muchos reflectores y se presta mucho para hacer caricaturas, pero es más difícil porque no es un personaje que cometa pifias muy graves.

¿Influye en su trabajo la polarización política?

—Si existe una polarización y para mí no representa trabajo. Mientras uno tenga muy claro lo que piensa, esta polarización no representa ningún obstáculo.

Carlos Monsiváis decía que antes lo que era común que un caricaturista hiciera era exagerar las cosas. Tomar una situación y llevarla al extremo de lo ridículo para poder hacer un cartón, pero que ahora (hace 10 años) los personajes de la política eran tan ridículos que ya no era posible llevarlos al extremo de lo ridículo porque ya estaban instalados ahí. Entonces el trabajo del caricaturista era darle un sentido lógico al plasmarlos en la situación que estaban. Y eso no ha cambiado mucho de cuando me lo dijo. Ahora el reto es encontrarle coherencia al absurdo que sucede.

¿Cuál es la fortaleza de un cartón político?

—Lo más importante de un cartón político no es el humor, que sea chistoso, sino que sea muy preciso y que sea congruente.

En un chiste de humor blanco a lo mejor lo más importante es el humor, pero en el genero periodístico del cartón político lo más importante es que sea preciso, que haga una buena lectura de lo que está sucediendo y que, con humor y buen dibujo, complemente que sea un buen cartón.

¿Qué es lo relevante en este oficio?

—Tener claro quien es el objeto de la burla es el que está en el poder y abusa del mismo; nunca se hace escarnio de las víctimas; no hacer caricaturas de información que no esté corroborada; una buena lectura de la realidad y tener un gran respeto por el lector.

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