En países como México, el empleo en sí mismo no es suficiente para disuadir la criminalidad, revela el más reciente estudio del Banco Mundial, quien recomienda hacer frente al problema de la violencia a través del aumento de los esfuerzos preventivos.

El informe Fin a la violencia en América Latina: una mirada a la prevención desde la infancia hasta la edad adulta , expone que por mucho tiempo, la lógica en la región giraba en torno a la siguiente tesis: el crimen y la violencia históricamente se creían síntomas de las fases iniciales del desarrollo de un país que se podían curar con crecimiento económico y reducciones de la pobreza, desempleo y desigualdad.

Sin embargo, el Banco Mundial, advierte que la violencia persiste como un reto importante para la región, a pesar de los importantes logros económicos y sociales experimentados por la región durante la última década.

Los estudios ahora muestran que el desarrollo económico no necesariamente brinda mayor seguridad en las calles. Los acontecimientos que tienen lugar en América Latina y el Caribe ejemplifican este punto , se lee en el documento.

Al realizar estudios a nivel micro en México, el Banco Mundial observa que el delito y el trabajo no se sustituyen, sino se complementan; es decir, muchos individuos, en lugar de elegir una opción entre un trabajo legal o ilegal, se mueven en un espectro continuo entre ambos caminos.

El análisis a nivel micro en Brasil y México indica que la calidad del empleo juega un papel central en la relación entre mercado laboral y comportamiento criminal.

Esto es especialmente pertinente para aquellos jóvenes con baja escolarización, quienes son propensos a enfrentar perspectivas de empleo legal con escaso potencial de crecimiento salarial, adquisición de habilidades y estabilidad laboral, y quienes de última terminarán trabajando en el sector informal.

El vicepresidente para la Región de América Latina y el Caribe del Banco Mundial, Jorge Familiar, abunda que los estudios muestran que el desarrollo no necesariamente brinda mayor seguridad en las calles.

Se mantiene la violencia

Recordó que entre el 2003 y el 2011, el crecimiento regional anual promedio en América Latina y el Caribe, excluyendo la crisis mundial del 2009, alcanzó casi 5%; no obstante, la violencia y el crimen se mantuvieron en los mismos niveles durante ese mismo periodo.

Los altos niveles de crimen y violencia tienen un alto costo en vidas humanas y lastiman el desarrollo. Para tener éxito, la región necesita construir un tejido social más inclusivo y con mayor igualdad de oportunidades, así como implementar políticas de prevención que hayan funcionado en disminuir la violencia, tales como la reducción de las tasas de deserción escolar y el aumento de empleo juvenil de calidad , expuso Jorge Familiar.

Según el informe, la inseguridad es el resultado de muchos factores, como el tráfico de drogas y el crimen organizado; los débiles sistemas judiciales y de cumplimiento de la ley que fomentan la impunidad; así como de la falta de oportunidades y apoyo para jóvenes que viven en comunidades desfavorecidas.

Asimismo, expone que el crimen y la violencia están altamente concentrados en zonas geográficas específicas de barrios y ciudades, por lo que no todos los países, ciudades o comunidades de la región sufren los mismos niveles.

El informe destaca que no hay fórmula mágica o política única para solucionar el problema y enfatiza que basarse sólo en una mayor acción policial o una mayor encarcelación no es suficiente. Una combinación bien enfocada de iniciativas puede desempeñar un papel importante en la prevención de actos violentos y conductas delictivas.

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