Sin abundar mucho en ello, Andrés Manuel López Obrador hizo un desdén al rescate gubernamental de instituciones financieras en quiebra con el argumento de que es inhumano utilizar al gobierno para defender intereses particulares y “desvanecerlo para cuando se trata de proteger el beneficio de las mayorías”.

“Es inhumano utilizar al gobierno para defender intereses particulares y desvanecerlo cuando se trata de proteger el beneficio de las mayorías. No es lícito, no es jugar limpio defender la facultad del Estado para rescatar a instituciones financieras en quiebra y considerarlo una carga cuando se busca el bienestar de los más necesitados”, expresó López Obrador durante la toma de posesión como presidente de la República Mexicana.

En gran parte de su vida política, López Obrador ha criticado el rescate gubernamental a instituciones financieras privadas; por ejemplo, en reiteradas ocasiones hizo señalamientos al pago de intereses del Fobaproa, que en el sexenio de Ernesto Zedillo, se convirtió de deuda privada a pública.

“Fue un saqueo. El llamado rescate bancario —no se rescata a los campesinos, a los empresarios, ciudadanos— costó 1 billón de pesos; han transcurrido 20 años y cada año se destinan de 30,000 a 40,000 millones para pagar intereses del Fobaproa y la deuda sigue igual (la original era de 552,000 millones de pesos)”, expresó hace algunos meses López Obrador, en donde reiteró que “jamás debe de suceder un saqueo así”.

El Fobaproa fue un fondo creado a inicios de la década de los 90 con la finalidad de ayudar a enfrentar las contingencias en el sistema financiero mexicano. Derivado de las crisis financieras de esa época, la solvencia de los bancos comenzó a agravarse y fue cuando dicho fondo compró cartera vencida de los bancos por medio de pagarés.

Fue en 1998, en la administración de Ernesto Zedillo, que se avaló que el rescate bancario se convirtiera en deuda pública la cual, a partir de 1999, ya representaba un cargo al erario. Con esta decisión, la administración del Fobaproa pasó al recién creado en ese entonces Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB).

En la actualidad, el sistema bancario mexicano tiene solvencia, con un índice de capitalización de 15.85% a septiembre pasado, con todas las instituciones ubicadas en la categoría I del esquema de alertas tempranas, con un porcentaje superior a 8%, que es el requerimiento de capital mínimo.

Sin embargo, existen otros sectores, como el de las sociedades financieras populares, en el cual varias de estas instituciones tienen problemas de solvencia y no cumplen con los niveles de capitalización requeridos para este tipo de instituciones, las cuales se enfocan en la atención de la población ubicada en la base de la pirámide.