Las políticas públicas contra la delincuencia organizada de Estados Unidos y de cualquier otro país servirán de muy poco en la medida en que sigan disociadas entre sí, aseveró el investigador de El Colegio de México, Sergio Aguayo.

Dijo que a esa nación hay que combatirles la tendencia que tienen de negar su responsabilidad en los problemas de seguridad que tenemos .

El académico explicó que, si bien Estados Unidos no es responsable de nuestra seguridad, debe quedar claro que si los vendedores de armas pueden exportar a México todo lo que quieren, los cárteles de las drogas tienen acceso al arsenal más sofisticado, lo cual pone en debilidad a las policías municipales y en ocasiones a las fuerzas armadas.

Puso como ejemplo de ello el arma con el que integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación derribó un helicóptero del ejército en el 2015.

Parte de la batalla cultural es recordarles que ellos son corresponsables en los problemas de seguridad en México.

Luego reprochó el hecho de que el gobierno de Estados Unidos se niegue a compartir la información que tienen sobre los cárteles mexicanos.

Ellos, de voluntad, no nos quieren informar, lo cual los hace cómplices de lo que está pasando en el país .

Común que gobiernos?evadan atención ?a crimen organizado

Expuso que es muy común que los gobiernos y las sociedades evadan la atención hacia la delincuencia organizada. Incluso recordó que Estados Unidos se tardó al menos 50 años para adoptar una política pública para atacarla.

Relató que fue hasta 1970 cuando se decretan las llamadas Leyes Rico, que es la esencia de la política de esa nación contra del problema y que consisten básicamente en descabezar y fragmentar a los cárteles, la cual fue seguida acríticamente por México.

México imitó esa estrategia a partir de 1969 cuando fue chantajeado por la Operación intercepción, en la cual el presidente Gustavo Díaz Ordaz cedió ante la amenaza de que si no cooperaba, el presidente Nixon divulgaría una lista de 20 políticos y empresarios de alto nivel mexicanos involucrados en el narcotráfico , expuso.

En ese tenor mencionó que lo que funcionó razonablemente bien en Estados Unidos ha sido un fracaso en México porque tenemos un tejido institucional y social radicalmente diferente.

El mejor indicador es el costo social que han pagado ambas sociedades.

Puso como ejemplo que el número de ejecuciones atribuidas al crimen organizado en Nueva York de 1970 a 1985 fue de 30 ejecuciones por año, cuando en México esa cantidad se puede alcanzar en un día y sólo en una ciudad.

Para el especialista es indispensable replantear la estrategia de seguridad y en ese sentido, el germen que constituye la redefinición hecha por el presidente de la República Enrique Peña Nieto a la política pública de México para atender ese problema es saludable , aunque necesita madurar con el concurso de diferentes instituciones.

Desde su perspectiva, lo que debe ocurrir es una mexicanización en las políticas públicas que empieza por lo planteado por el gobierno actual pero no queda ahí.

Dijo que en México las bases del crimen organizado se sentaron en la década de 1920, cuando ocurrió la prohibición en Estados Unidos y fue hasta el sexenio del presidente Miguel de la Madrid (1987) cuando se reconoce como un problema de seguridad nacional y fue en el mandato del presidente Enrique Peña Nieto cuando se toma un enfoque más adecuado para enfrentarlo.

Dijo que desde 1987 lo que ocurrió fue seguir la política desarrollada en Washington para combatirlo.

En ese aspecto se manifestó por que México adopte una visión regional sobre el problema principalmente por el parroquialismo que hay que ha implicado no haber podido salir del trauma de haber perdido la guerra con Estados Unidos y la actitud de siervos y vasallos cuando se va a Estados Unidos la cual es sorprendente porque parece difícil entender que hay que competirles como iguales.

Integralidad va más allá de ligar comercio con armas y lavado de dinero

Aguayo explicó que el crimen organizado está asentado en cinco circuitos: las drogas, las migraciones, tráfico de armas, la cultura y el lavado de dinero, que es el gran articulador de sus actividades.El investigador señaló que tal vez el crimen organizado es la amenaza mayor para el Estado-Nación.

Sostengo que es importante elaborar un consenso nacional que reconozca que la integralidad va más allá que libar comercio con armas y el lavado de dinero. Es correcto pero insuficiente; es un fenómeno infinitamente más complicado que va a requerir de un esfuerzo sobre todo tomando en cuenta que son casi 100 años de una planta que surgió de la semilla plantada por los Estados Unidos y que llevó a la creación de los cárteles del narcotráfico en México .

En el caso de la migración, añadió, hasta el alto comisionado de las Naciones Unidas reconoció la declaración de Brasil de diciembre del año 2015 que la violencia criminal tal vez si permitiría que algunos de sus desplazados puedan declararse refugiados. De esto en particular dijo que, si bien se trata de una declaración sin validez jurídica tiene un valor enorme porque implica que la comunidad internacional empiece a reconocerlo, pero Estados Unidos no lo acepta y hace lo posible por evitarlo porque pasa lo que ocurre con el asunto de los mexicanos que piden asilo político.

Estamos hablando de una guerra intelectual. Tenemos que ir a los foros académicos internacionales llevando una visión de seguridad mexicanizada y llamo a no comprar las tesis en la materia de Estados Unidos.

Aguayo abundó en que es importante que no dejemos que nos colonicen con la idea de descabezar a los grandes cárteles porque si se sigue eso en México, no habrá política pública para atacar a los 200 cárteles más que hay de menor tamaño y por eso el costo social es tan alto.

Lógica ?del crimen organizado

El investigador planteó sus ideas sobre la lógica en que opera el crimen organizado:

  • Busca riqueza y poder político y usa la violencia.
  • Las mafias y los cárteles son los hijos bastardos del capitalismo y la declaración universal de los derechos humanos.
  • Las mafias y los cárteles florecen mejor en las economías de mercado y el Estado de Derecho. Ello explica porque en un régimen como el cubano o en Nicaragua hay menos crimen organizado.
  • El tamaño e influencia de los cárteles está determinado por la fortaleza de las instituciones y lo adecuado de las políticas. En ese terreno, México está muy mal y eso explica el alto costo social.
  • Mencionó que en tanto no se ataque de frente la corrupción y la desigualdad, será imposible que se logre reconfigurar el Estado para restablecer al estado paralelo.
  • La delincuencia organizada necesita de una base social que justifique su existencia y le permita renovar sus filas. En otras palabras, hay capital social positivo y negativo. El crimen organizado no opera sobre un vacío sino que hay tejido social que lo sustenta. Dependiendo del municipio, hay encuestas que señalan que un tercio de la población apoya al crimen organizado o tienen opiniones que le permiten asentarse.