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Cuando la Presidenta le quitó el micrófono al Secretario de Hacienda

Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
Me quedé preocupado después de haber revisado el Paquete Económico 2027 que el secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Edgar Amador, entregó a la Cámara de Diputados el pasado martes 8 del presente, entre otras razones, porque simplemente confirmó lo que comenté en mi colaboración anterior, que el gobierno de la presidenta Sheinbaum nuevamente incumplirá sus metas en materia de finanzas públicas, en este caso las de 2026, y que, en efecto, su promesa de lograr la consolidación fiscal se postergará aún más.
Ahora bien, más que el incumplimiento de las metas y que la promesa de corregir el desorden que este gobierno heredó del gobierno de López Obrador cada vez se aplaza más, lo que preocupa es el aparente desdén por los signos de alerta temprana de que la hacienda pública se ubica ya en lo que podríamos denominar una ruta de estrés hacendario, porque, por un lado, los compromisos ineludibles como el gasto en pensiones, el costo financiero de la deuda del sector público, las participaciones a estados y municipios y la nómina del gobierno siguen una trayectoria creciente, y cada vez representan una mayor proporción del gasto total; y, por el otro, la economía mantiene un ritmo de crecimiento anémico, lo que ha impedido que los ingresos puedan crecer a un ritmo mayor y, con ello, contribuir a mejorar el balance público, además de que el gasto en inversión física se mantiene en niveles que no han contribuido a mejorar sustancialmente el desempeño de la economía.
Ese desdén o actitud de aparente despreocupación y el consecuente fracaso para cumplir los compromisos en materia de política fiscal es lo que, desde mi punto de vista, ha contribuido a ese ambiente de escepticismo entre analistas, instituciones financieras e inversionistas, que adjudican una baja credibilidad a la política fiscal del gobierno de México.
Sin embargo, lo que mayor preocupación me generó es la evidente tensión al interior del equipo económico de la presidenta Sheinbaum, que quedó de manifiesto en la mañanera del miércoles de la semana pasada. De manera particular, cuando el titular de SHCP exponía los aspectos más relevantes del Paquete Económico, tras siete minutos con 19 segundos desde que había iniciado su intervención, y con únicamente cuatro de 12 láminas expuestas, se escuchó a la presidenta Sheinbaum expresar desde el fondo “eso ya le toca al SAT”, a lo que el sorprendido secretario de Estado reaccionó con un tímido, “¿perdón?”, que fue seguido por una firme reiteración de la titular del Poder Ejecutivo, “eso ya le toca al SAT”, que a su vez fue acompañada por otra expresión de incredulidad del secretario: “¿quiere que se lo pasemos al SAT?”. La respuesta tajante de la presidenta, fue “sí”.
Y así, de pronto la intervención del secretario de Hacienda para explicar las supuestas bondades del Paquete Económico fue interrumpida abruptamente para ya no regresar a tomar parte de la exposición. Al jefe del Sistema de Administración Tributaria (SAT) le correspondieron otras dos láminas. Extrañamente, al director general de Banobras, la presidenta le endosó la exposición que correspondía a las últimas siete láminas en las que originalmente el titular de SHCP había previsto referirse al rubro de egresos, o sea, los distintos conceptos de gasto público.
De esta forma, fuimos testigos de cómo el titular de un banco de desarrollo exponía a los reporteros, y a la población, aspectos como los montos asignados a los programas sociales y a los proyectos de inversión prioritarios, la eficiencia en el gasto, los planes para Pemex y CFE, el tamaño del déficit y su trayectoria, el impacto sobre el crecimiento económico y el mensaje final sobre los objetivos del Paquete Económico. En pocas palabras, cuestiones ajenas al mandato que la ley orgánica de Banobras establece en su artículo 3.
Así que, si esa fue la manera de presentar los aspectos centrales de la política hacendaria y fiscal para el próximo año, que no quepa duda alguna que al interior del gabinete económico hay una preocupante descoordinación, pero también intrigas palaciegas, que más pronto que tarde terminarán por reflejarse en un nuevo alejamiento de las metas ofrecidas, y, con ello, mayores complicaciones para poner las finanzas públicas en la trayectoria deseable y muy probablemente, mayores niveles de endeudamiento. En fin, sí hay motivos para preocuparse.


