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Opinión

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El mayor error que podría cometer Warsh

Kevin Warsh, el candidato de Donald Trump para presidir la Reserva Federal de EU, parece estar bien capacitado para responder eficazmente a la revolución de la IA. Sin embargo, su compromiso declarado de reducir el abultado balance de la Fed podría aumentar el riesgo de una crisis financiera inducida por el mercado de bonos.

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WASHINGTON, DC – Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, nombró a Kevin Warsh como su candidato para asumir la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos al culminar el mandato de Jerome Powell en mayo, los mercados dieron un suspiro de alivio. Sin embargo, Warsh se enfrentará a dos importantes desafíos en materia de política monetaria, de los cuales solo uno, al parecer, podrá gestionar correctamente.

El primer desafío es la rápida aceleración de la revolución de la inteligencia artificial. La IA va camino a aumentar significativamente la productividad laboral y debilitar la demanda de mano de obra -tendencias que, en conjunto, ejercerán una presión a la baja tanto sobre los salarios como sobre los precios-. Algunas empresas de porte, como Amazon, están despidiendo trabajadores, y los puestos de trabajo de nivel inicial son cada vez más escasos. Si bien esto plantea retos para la economía, también le ofrece a la Fed la oportunidad de llevarla hacia una senda de mayor crecimiento y reducir la inflación hasta su meta del 2%.

A juzgar por sus comentarios hasta la fecha, Warsh parece estar mejor calificado que Powell para responder eficazmente a la revolución de la IA. Mientras que el enfoque basado en datos de Powell respecto a la política monetaria es fundamentalmente retrospectivo, Warsh sostiene que la Fed debería intentar anticiparse a los cambios económicos estructurales, tal y como hizo el expresidente de la Fed Alan Greenspan al anticipar el aumento de la productividad generado por la revolución de Internet en la década de 1990. Esto sugiere que Warsh promoverá una política monetaria que no obstaculice el auge inminente de la productividad de la IA.

Lamentablemente, es posible que Warsh no esté tan bien preparado para afrontar el segundo gran desafío al que probablemente se enfrente como presidente de la Fed: una crisis financiera que comience en el mercado de bonos. Si hay algo contra lo que Warsh se ha rebelado constantemente, es el uso de la flexibilización cuantitativa por parte de la Fed para hacer frente a las crisis financieras y estimular la economía. Warsh sostiene que el balance abultado de la Fed, que actualmente asciende a más de 6.5 billones de dólares, ha distorsionado los mercados financieros y ha fomentado el despilfarro fiscal al indicar que la creación ilimitada de dinero es aceptable.

Warsh cree que reducir el tamaño del balance de la Fed permitirá bajar las tasas de interés a corto plazo -algo que Trump ha defendido agresivamente- sin comprometer la meta de inflación del 2% de la Fed. Lo que Warsh no percibe es que cualquier intento de reducir el tamaño del balance de la Fed aumentará el riesgo de una crisis en el mercado de bonos.

Ese riesgo ya es grave. El gobierno de Estados Unidos tiene actualmente un déficit presupuestario anual cercano a los 2 billones de dólares (más del 6% del PIB) y necesita refinanciar alrededor de 9 billones de dólares en deuda que vence este año. Mientras tanto, los inversores extranjeros -que actualmente poseen 9.4 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, el 30% del total- se muestran cada vez más reacios a renovar sus tenencias de bonos del Tesoro. Lo que antes se consideraba un activo seguro ha visto socavada su credibilidad por el comportamiento errático y antagónico de Trump, incluida su utilización de las finanzas como arma. Se intensifican los temores de que Estados Unidos intente inflar su voluminosa deuda.

Las señales del mercado son tan preocupantes como innegables. En los últimos seis meses, el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años, de gran importancia, ha aumentado hasta casi el 4.3%, a pesar de que la Fed ha recortado su tasa de interés oficial. Ni siquiera el hecho de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, esté financiando ahora al gobierno en gran medida en el extremo corto de la curva ha sido suficiente para revertir esta tendencia. Mientras tanto, el dólar ha perdido más del 10% de su valor en el último año y los precios del oro prácticamente se han duplicado, alcanzando un máximo histórico de casi 5.595 dólares por onza el jueves pasado.

Cabe destacar que, al día siguiente -justo después de que se anunciara el nombramiento de Warsh-, el oro cayó un 10% y el dólar subió ligeramente. Quizá los mercados se sintieron aliviados al ver que, a pesar de sus implacables ataques a la independencia de la Fed y su furia por la negativa de Powell a recortar la tasa de interés oficial, Trump acabó eligiendo a un candidato convencional.

Que la confianza de los mercados resulte estar bien fundada depende en gran medida de cómo Warsh gestione el aumento del riesgo en el mercado de bonos. Ante el hecho de que los inversores extranjeros están perdiendo la confianza en la economía estadounidense, lo último que necesita el mercado de bonos es que la Fed aumente la presión sobre los rendimientos a largo plazo al intentar reducir sus tenencias de bonos del Tesoro. Si bien controlar el balance de la Fed es un objetivo de política monetaria válido a largo plazo, ahora no es el momento de perseguirlo.

El autor

Desmond Lachman, investigador principal del American Enterprise Institute, fue director adjunto del Departamento de Desarrollo y Revisión de Políticas del Fondo Monetario Internacional y estratega económico jefe para mercados emergentes de Salomon Smith Barney.

Copyright: Project Syndicate, 1995 - 2026

www.project- syndicate.org

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