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Innecesaria reforma electoral en la agenda legislativa

Opinión
El próximo 1 de febrero inicia el periodo ordinario de sesiones del Congreso General. La Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores sesionarán durante tres meses para crear, reformar, adicionar o derogar las leyes que necesita México.
Lo deseable es que el Congreso aborde temas de vital importancia para la vida diaria, legisle con seriedad y con sentido de responsabilidad, pensando en el país y no sólo en el deseo de los partidos políticos.
Uno esperaría que asuntos como el nulo crecimiento económico o la informalidad laboral fueran atendidos urgentemente. Que nuestros legisladores reformen la ley para regresar a las fuerzas armadas a sus tareas esenciales y no manteniéndolos en actividades que desconocen, no entienden y mucho menos se encuentran capacitados para llevarlas a cabo como es el caso de aduanas, manejo de empresas aéreas o ferroviarias; quitarles las responsabilidades que a los civiles atañe, evitaremos que la corrupción siga penetrando a nuestras instituciones castrenses, como se vio el año pasado con los elementos de la Marina en el tema del “huachicol”.
Las declaraciones del presidente de Estados Unidos en el sentido de que para ese país el T-MEC es ya irrelevante, debería de preocuparnos cuando nuestra economía se encuentra estancada y no crece como se promete. ¿Cómo debería actuar nuestro Congreso en este tema? ¿Por qué no agenda reuniones interparlamentarias para abordar el asunto o el relativo a las amenazas de entrar al país a capturar a los que denomina narcoterroristas?
Parece que el tema que dominará la agenda en este periodo de sesiones, será el de una reforma electoral que la Presidenta de la República desea se aborde.
A reserva de comentar en próximas colaboraciones los temas que implican esa reforma electoral, sólo señalaré:
Nadie ha demandado una reforma electoral; cierto, la legislación en la materia adolece de algunas deficiencias, pero no debe ser ese un pretexto para demoler las bases de nuestros sistema electoral o acabar con figuras significativas en el parlamento. De la nada se creó la Comisión de la Reforma Electoral, que se integró sólo con empleados del gobierno y se invitó a participar nada más a simpatizantes ideológicos, los demás no tuvieron cabida. En eso que llamaron foros de discusión, deslizaron sus intenciones: eliminación de diputados plurinominales, disminución de financiamiento público a los partidos, adelanto de la consulta para la revocación de mandato de la presidenta. Una reforma al gusto para imitar los pasos de Porfirio Díaz en la esperanza de perpetuarse en el poder, pero nada de fortalecer el pluralismo, la participación democrática o garantizar la alternancia en el poder.
En un parlamento, no todo se trata de hacer y reformar leyes. El Congreso cuenta con facultades primordiales, como son la deliberativa, la de investigación y de fiscalización. Si hiciera uso de estas facultades en el tema del descarrilamiento del tren interoceánico, la ciudadanía ya contaría con información detallada sobre los hechos; sin embargo a casi un mes de los mismos, el tema ni siquiera se ha abordado en la Comisión Permanente, mucho menos se ha creado una Comisión que investigue y finque responsabilidades sobre la construcción, el costo, los responsables o cualquier otra anomalía; hacer uso de estas facultades de manera responsable cambiaría el rostro de nuestras Cámaras, lo seguiremos deseando, porque pedirlo no parece atendible.
