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Enseñar es aprender dos veces

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Hay en la enseñanza dos partes distintas — dijo Justo Sierra, el llamado Maestro de América, en el primer debate de la Comisión de Instrucción Pública ante la Cámara de Diputados en 1881. "La primera se aplica a las facultades morales, la segunda a las intelectuales. La una, forma al niño y hace al hombre; la otra hace ciudadanos y trabajadores.” En cuanto al método, era un creyente en que había que enseñar a pensar y no a memorizar. (Lo anterior como nota para las que no sabían que hay ideas que Sierra tuvo antes de todas las reformas y todas las campañas). "Es la educación, decía, la que genera mejores condiciones de justicia: educar evita la necesidad de castigar".
Sin embargo, las reflexiones sobre la educación y quienes la imparten, comenzaron desde la antigüedad. Nada más como dato curioso, y para amenizar la lectura, sepa usted, lector querido, que los romanos, tan dados a la fiesta como nosotros, celebraban el 15 de mayo el aniversario del nacimiento de Mercurio, hijo de Júpiter y de la diosa Maia, una más de las doncellas que sucumbió a la fascinación de este muy travieso dios. Cuenta la mitología que cuando Mercurio era muy pequeño y estaba preso de la aburrición, le robó el ganado a Apolo mientras este dormía, convirtiéndose así en el santo patrón de los ladrones que, al fin y al cabo, también tienen su corazoncito (maligno). El joven Mercurio, gracias a ciertos atributos mágicos —como su capa, sus sandalias aladas y su caduceo— era capaz de recorrer grandes distancias a una velocidad sorprendente Y aunque parezca que poco tiene que ver con la enseñanza, era maestro en la adivinación y sabía lo que al mundo le esperaba.
La historia es interesante y larga, En otras regiones y culturas el término maestro se utilizó para designar a los guías espirituales, pero también se aplicó a figuras históricas que sembraron enseñanzas que perduraron a través del tiempo. Por ello figuras como Picasso, Einstein y María Curie , se unen a personajes como Jesús, Buda, Mahoma, Confucio y Lao Tse, cuyas enseñanzas cambiaron la historia del pensamiento y el devenir del mundo.
En cuanto a la palabra Maestro habrá que decir que tiene otros significados: “el que conduce”, “el que guía”, “el que enseña el camino”, y no solamente “el que instruye” . Por ello existen maestros en artes y oficios como la música, arquitectura, literatura, pintura o albañilería, catadores, joyeros, zapateros, cocineros, joyeros y hasta mezcladores de licores. Es equivalente a sensei —título japonés que se refiere a los que enseñan y provocan autoridad—, a gurú — experto en artes marciales, filosofía moral y disciplinas que entrenan al cuerpo y la mente— y sinónimo de “profesor”, término que viene de la voz profesar y quiere decir “ejercer un oficio con inclinación voluntaria y continua” y consagrarse a tal actividad de manera total.
El origen de nuestra celebración nacional —que hoy adelantamos para que nos dure toda la semana— no tiene una historia tan antigua. Se remonta a 1917 cuando dos diputados presentaron ante el Congreso de la Unión el proyecto de instituir un día para honrar al magisterio, proponiendo que fuera cinco días después del Día de la Madre.
Fue así como, el 27 de septiembre del mismo año, el Congreso dio su aprobación y por ello la primera conmemoración del Día del Maestro en México se llevó a cabo el 15 de mayo de 1918. (Justo a la mitad del mes, lector querido, un día en el que nosotros los mexicanos —que somos como somos y no nos parecemos a nadie— no festejamos el nacimiento en 1924 de Jaime García Terrés (chilango ilustre y más ilustrado poeta), ni la rendición de Maximiliano en el Cerro de las Campanas y muy ligeramente a San Isidro Labrador. Dedicamos el día entero a los maestros, que por supuesto no dan clases ese día.
Conviene reconocer que el maestro es uno de los profesionistas más influyentes de la vida social, admitir que su material de trabajo es la ciencia y cultura, su objetivo transmitir el conocimiento de una generación a otra y su método aconsejar y orientar para crear opiniones tanto individual como colectivamente.
Para conmemorarlos conviene alejar de la mente conceptos que los denuestan como el de que “no hay tonto que no pueda enseñar algo”, que tienen toda la culpa de que los niños no aprendan tan bien como deberían, que los maestros no enseñan porque saben muy poco y que no pueden sembrar en sus alumnos ideas claras sobre el objeto de la existencia, la importancia de la escritura y la lectura ni la seguridad de que vale mucho la pena cualquier esfuerzo por aprender o que es un privilegio aprovechar la enseñanza porque muchos ni siquiera tienen escuela, clases o un maestro presente que siempre se presente.
Enseñar es aprender dos veces, apuntó Confucio. Y la grandeza de un pueblo se mide en su educación, dijo Justo Sierra.
