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Opinión

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Zonas económicas especiales

Todas las buenas intenciones del programa ZEE quedaran frustradas si las inversiones privadas no acuden para secundar los esfuerzos gubernamentales.

El síndrome italiano la separación dual de un país en un norte más próspero y un sur atrasado y pobre ha estado presente en México desde hace mucho tiempo. Quizá el secretario Videgaray, en la presentación del programa para la zonas económicas especiales (ZEE), debió haber reconocido ese hecho para precisar a continuación que la brecha económica entre sur y norte se ha ensanchado a partir de la entrada en vigor del TLC hace 20 años.

¿Cuales han sido las causas por las cuales los estados del sur se han quedado rezagados con respecto a los del norte? A reserva de una investigación más profunda sobre el caso, pueden adelantarse algunas explicaciones que en cierta forma se derivan del sentido común. Por ejemplo, esos estados del sur es donde los niveles de violencia e inseguridad son más elevados en México, como también la plaga de esa calamidad nacional que es la corrupción. Es en Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Tabasco donde existen comunidades de pobres más aisladas y también en donde resulta más difícil romper el aislamiento y la marginación con obras públicas, por la difícil geografía de la zona y el agreste clima.

Si se desea impulsar el desarrollo económico en esas entidades del país tan estancadas y pobres indudablemente van en el sentido indicado las propuestas de hacer inversiones públicas en infraestructura para asegurar el abasto de energía y conectividad logística (sic.) en las regiones que se pretende impulsar. También irían en el sentido adecuado las propuestas de ofrecer ahí beneficios fiscales directos a la inversión y el empleo, un marco regulatorio que propicie la instalación de negocios, la promoción de empresas ancla y apoyos adicionales para el comercio exterior y en particular para las exportaciones. En lo que no hay seguridad alguna, es en que todos esos esfuerzos y apoyos serán suficientes para contrarrestar las inmensas inercias y desventajas que dan lugar a que los estados mencionados, además del sur de Michoacán y Veracruz, estén tan subdesarrollados.

Con todas las buenas intenciones con que se ha lanzado el programa de las llamadas ZEE, los esfuerzos enfrentarán el reto de que las acciones gubernamentales sean seguidas por inversiones y proyectos de carácter privado. De no ser de esta manera y los retos a superar para que así ocurra serán muy altos se quedará en tan sólo una idea loable el programa de las ZEE.

bdonatello@eleconomista.com.mx

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