En el 2014, Petróleos Mexicanos (Pemex) le entregó una lista al Estado mexicano, representado por la Secretaría de Energía (Sener), con los bloques de extracción y exploración petrolera que quería operar. El Estado fue muy deferente: le concedió a Pemex, mediante asignación directa, prácticamente 100% de las reservas 2P que solicitó, y más de dos terceras partes de los recursos prospectivos (oportunidades exploratorias) que solicitó.

Hokchi y Amoca-Miztón-Tecoalli (AMT) son de las pocas excepciones. Para esas oportunidades, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y la Sener decidieron cuestionar a nuestra petrolera de cabecera. Bajo escrutinio, Pemex no pudo acreditar las capacidades técnicas, financieras y de ejecución, así que sus planes de producción se archivaron. Como resultado, la primera opinión sobre los campos, que venía de Pemex, fue desechada. La CNH y la Sener licitaron ambos campos en la Ronda 2.1, dándole al mejor postor la oportunidad de presentar planes de delimitación y eventualmente de producción. Hokchi, una filial de la argentina Pan American Energy, en conjunto con E&P Hidrocarburos y la italiana ENI, ganó los derechos para presentar una segunda opinión y ejecutar esos planes.

Esta segunda opinión ha resultado ser mucho más valiosa. Empezando por AMT, que esta semana se volvió el primer campo petrolero productivo en aguas someras mexicanas operado por una petrolera internacional (ENI), es claro que la velocidad, recursos invertidos y producción esperada no sólo han crecido, se han multiplicado. La primera opinión, a cargo de Pemex en el 2014, planteaba que se empezaría a perforar seis años después. Bajo la segunda opinión, se ha empezado a producir en apenas tres años y la producción alcanzará más de 80,000 barriles diarios para apenas el 2021. La primera opinión planteó una producción acumulada de 116 millones de barriles de petróleo crudo equivalente de aquí al 2040, a partir de una inversión de 2,657 millones de dólares. Bajo la segunda, se está ejecutando un plan para producir 387 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, 430% mayor, a partir de una inversión de 7,500 millones de dólares, lo cual a su vez implica un crecimiento de 380 por ciento. De acuerdo con los planes archivados de Pemex, la producción de AMT apenas superaría 40,000 barriles diarios durante un año. Bajo los planes de ENI, el pico de producción, de más de 80,000 barriles diarios, podría durar hasta cinco años.

La segunda opinión para Hokchi también ha implicado un enorme crecimiento. Gracias a los trabajos de exploración y delimitación de la operadora, sus reservas 1P ya pasaron de 21 a 129 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Las expectativas de producción acumulada de aquí al 2040 se han más que triplicado, creciendo de 116 millones de barriles de petróleo crudo equivalente a 387. El pico de producción creció en 60% respecto a lo propuesto por Pemex y va a durar mucho más tiempo.

Los dos casos son evidencia anecdótica de algo mucho más profundo. Es cierto que Pemex es una petrolera competente en aguas someras. Pero eso no significa que, al tener que cargar con la operación de casi 200 campos petroleros, no haya presentado o ejecutado, en alguna ocasión, planes cajoneros, que no le están sacando todo el provecho a los recursos nacionales. Que opere 200 campos no significa que opera 200 campos al máximo de su capacidad. ¿Cuántos campos de Pemex están subutilizados o suboperados? Más allá del incumplimiento de los planes mínimos de trabajo en dos terceras partes de sus asignaciones, ¿cuántos de estos programas mínimos plantean, en principio, cargas insuficientes que desaprovechan buena parte de las oportunidades? Mientras exploramos esas preguntas, es importante recordar que, aun cuando hemos pedido segunda opinión en estos campos, la toma gubernamental se ha mantenido en más de 80% de las utilidades totales. Aún si pensáramos que Pemex paga 100%, el crecimiento de producción de más de 300%, que también ocurrirá más temprano, sobrecompensa cualquier pérdida imaginada.

Hay que reconocer que, por más cariño y confianza que haya, la primera opinión no siempre es la buena. Como Daniel Rodríguez, de Platts, sugirió al analizar el tema: “A los mexicanos y al gobierno federal no les debería importar quién extraiga el petróleo, sea Pemex o privados. Lo que importa es que se produzca”.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell