Ayer, Grecia escapó dramáticamente del colapso inmediato por el voto favorable en el Parlamento a un nuevo programa de consolidación fiscal acordado con la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde el año pasado. El programa busca reducir del balance público a mediano plazo 28,400 millones de euros, 12.5% del PIB, aumentando impuestos, reduciendo gastos y disminuyendo el tamaño de la deuda pública a través de la privatización de activos públicos por 50,000 millones de euros. El triunfo político del gobierno de Papandreou sólo otorga a Grecia y a la eurozona un poco más de tiempo para buscar una solución estructural a la falta de competitividad y sobreendeudamiento del país. Superada esta etapa, ahora viene la discusión de los detalles del segundo paquete de rescate.

La elevada deuda pública griega, 150% del PIB, no es sólo problema de Grecia, es problema del sistema financiero europeo. La deuda de aproximadamente ?343,400 millones se distribuye así: 33% en el mercado financiero fuera de Grecia, bancos, compañías de seguros y otros inversionistas; 21% en bancos comerciales de Grecia y Chipre; 17.9% en manos del Banco Central Europeo (BCE); 17.9% en el FMI; 14% en préstamos de países de la UE; 21% en la seguridad social griega, y 3% en otros inversionistas de ese país.

Grecia requiere de otros ?110,000 millones entre los años 2012 y 2014 para pagar los vencimientos de deuda y fondear el déficit público proyectado. La UE y el FMI organizarán este nuevo paquete de ayuda financiera, pero a diferencia del primero y por exigencia de Alemania, los tenedores privados de deuda deberán conservar una exposición no trivial al riesgo soberano de Grecia, refinanciando voluntariamente a largo plazo y a su vencimiento una proporción de la deuda en sus manos. Esta condición detuvo el avance de estas negociaciones, ya que las agencias calificadoras de crédito y el BCE advirtieron que pondrán en default a la deuda griega si se obliga a los acreedores a ofrecer nuevos créditos en condiciones desfavorables. Un default desorganizado seguramente llevaría a Grecia fuera de la eurozona y podría disparar una crisis bancaria de grandes dimensiones. Los bancos comerciales franceses están proponiendo una solución a este problema.

Se trata de una solución al estilo de los bonos Brady. Con recursos del nuevo paquete de ayuda, Grecia pagará 100% del valor principal de sus bonos al vencimiento. Los acreedores privados, principalmente bancos comerciales, reducirán su exposición inmediata a Grecia en 30%, el restante 70% se dirige a un fideicomiso o vehículo-especial por 30 años que los invertirá: a) 20% en bonos AAA cupón cero de 30 años emitidos quizás por la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera, y b) un nuevo bono griego de 30 años, que paga una tasa cupón similar a la tasa de interés de los préstamos del FMI y la UE, más un premio igual a la tasa de crecimiento de Grecia en un rango de 0-2.5 por ciento. Así que la tasa máxima cupón seria 8% cuando Grecia crezca por lo menos 2.5 por ciento. Se espera que las calificadoras den el visto bueno, dado que el nuevo financiamiento a Grecia se otorga por medio de un vehículo que mejora el crédito actual. Esta propuesta otorga algunas ventajas a Grecia, extiende significativamente el plazo de la deuda como en el Plan Brady, pero a diferencia de éste no reduce el valor presente neto de la deuda. No es una buena opción a largo plazo, pero quizás la menos mala de las opciones de corto plazo. Más adelante, si se obtiene un balance primario y si los impuestos financian el gasto público, surgirán otras y mejores opciones para la reestructura.

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