México se encuentra en guerra: una guerra no militar que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado unilateralmente y que incluye a prácticamente a todos los frentes de vínculo entre los dos países. Pero México no se encuentra aislado en ese estado de guerra en razón de que Trump se la ha declarado también al resto del mundo. Por su racismo, xenofobia y nacionalismo trasnochado, al enemigo lo integra la otredad completa, es decir, todos los que no son estadounidenses: el resto del mundo.

En el orden estrictamente comercial, Trump está actuando bajo un supuesto que difícilmente se cumplirá. Ese supuesto es que en la escalada de proteccionismo que lanzará contra la totalidad de los países del orbe las exportaciones de Estados Unidos se mantendrán en los niveles que mostraban cuando tomó posesión. Pero la humanidad nunca ha actuado de esa manera. Lo normal es que los individuos y las naciones reaccionen ante los estímulos. En ese orden, lo que cabe esperar es que si Trump le aplica aranceles a todas las importaciones que realiza EU, lo más probable es que el mundo le replique con la misma medicina: una avalancha de proteccionismo contra las exportaciones estadounidenses.

¿Qué podría esperarse al final de una guerra proteccionista de esas características como la que se dio en el periodo de entreguerras del siglo XX? Con respecto a Estados Unidos, que se redujeran sensiblemente tanto sus importaciones como sus exportaciones dejando el saldo de la balanza comercial del país en el mismo signo y magnitud que presenta actualmente. Es decir, el déficit comercial de EU no se modificaría que es precisamente lo que Trump busca aunque el comercio mundial sufriría una contracción muy dañina con perjuicios muy severos para los niveles de bienestar en el mundo.

¿Acaso alguien podría explicarle a Trump lo que invariablemente cabe esperar del proteccionismo comercial? La respuesta es que precios más altos para los bienes que adquieran las familias, menor calidad para esos bienes y también menor variedad. No es fácil de explicar, pero el mayor daño que principalmente podría esperarse de un proteccionismo global generalizado sería lo que los economistas llaman técnicamente una asignación subóptima de los factores de la producción. La consecuencia sería un mucho menor PIB mundial (incluyendo desde luego el de EU) y muy posiblemente una menor capacidad de crecimiento global. El descrito sería el legado comercial de Trump para la humanidad, más otros que se acumulen en frentes de acción distintos.

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