En la mañanera del 7 de octubre de este año, el presidente López llamó traidores a la Patria a quienes voten en contra de su iniciativa de Ley Eléctrica. No es menor el calificativo. En los hechos, mueve la discusión a un terreno más oscuro, lejos de los parámetros de la democracia. Ya no se trata de ganar o perder en democracia, ahora estamos, una vez más, en el terreno de se cumple mi voluntad o se cumple mi voluntad, no hay de otra y son traidores los que voten en contra. No traidores a la causa del mandatario, sino traidores a la Patria. 

Con este calificativo debía quedarles claro a los representantes de la Iniciativa Privada, a los legisladores y partidos de oposición, a las calificadoras, a los socios del T-MEC y a los expertos que el debate sobre la Ley Eléctrica (y la nacionalización del litio) no es de razones técnicas, acuerdos firmados o de perspectivas económicas. No. El debate es callejero y telenovelero, de malos y buenos, de traidores y patriotas. 

¿En dónde se dirimirá quién tiene razón? En los medios, los expertos y columnistas ya ganaron, pero el presidente López se burla de ellos. No tienen el alcance ni la fuerza política para triunfar donde hace falta. La IP, con tibieza, levanta apenas su voz para protestar contra la Ley y, al mismo tiempo, dice que ya está la tercera ola de inversiones listas para cuando al mandatario los invite a Palacio. Los socios del T-MEC guardan silencio. 

En un mundo globalizado, pero tremendamente injusto y desigual, AMLO vende rencor y nacionalismo ramplón: ¿Acaso no queremos que los extranjeros dejen de saquearnos? ¿No queremos empresas de todos los mexicanos que sean fuertes? ¿Qué los recursos sean nuestros y para nuestro beneficio? Lo peor es que un vistazo al pasado reciente mostró que, en efecto, muchas empresas extrajeras se llevaron la parte del león y propiciaron la corrupción o que explotaron grandes volúmenes de oro y plata con impuestos mínimos. Así que, ¿qué defienden, neoliberales? 

Los expertos sacan de sus portafolios buenas razones: energías limpias, inversión, cobertura eléctrica suficiente, precios razonables. Señalan que la opción de López Obrador encarecerá a la larga el precio de la electricidad y hará que el litio sea mal explotado con la asesoría boliviana. En respuesta, el mandatario “de todos los mexicanos”, según las palabras melifluas de ese prócer del periodismo que es Lord Molécula, saca de la bolsa de trucos de Beto el Boticario (tatatiu, tatatiu) una perla: no aumentaremos el precio de la “luz”. Y esto a la ciudadanía le sabe a miel frente a una inflación que dicen que superará el 6% para este 2021. 

Que será subsidiada la producción de electricidad, “qué importa, lo relevante es que no subirá de precio”; que el próximo gobierno se verá en aprietos, “no tenemos futuro, solo presente”; que habrá más contaminación, “como si Alemania, Estados Unidos, Australia o China no cometieran pecadillos carboníferos”. El prócer ha hablado.

Se dice que la decisión de aprobar o no la Ley Eléctrica está en manos del PRI porque sus votos en el Congreso son decisivos. ¿Estás con el Team AMLO-Cárdenas-López Mateos o con el Team Salinas-PAN-Neoliberales? Esta es la pregunta que el presidente López le ha hecho al deshilachado PRI y lo ha encuerado en la calle. No es el emperador caminando desnudo, es ese partido viejo y agotado que debe agarrarse de algo para sobrevivir. En un interesante artículo de Salvador García Soto se asegura que el PRI, escoja lo que escoja, ya perdió. Partiendo de esta idea, el Revolucionario Institucional escogerá la opción que lo haga perder menos. Personalmente, creo que ligarse a López Obrador no les da nada, a menos que se fusionen con MORENA (algo improbable). En todo caso, no veo más que la posibilidad de que voten divididos y, en el mejor de los casos, se queden en el bloque opositor. 

Pero si este camino no resulta y el PRI le da los votos necesarios, creo que los amparos, las demandas y los cuestionamientos paralizarán su entrada en vigor, obligando al presidente a salirse con la suya mediante golpes de autoridad y decretos.

En lo personal, si hubiera una CFE con recursos, tecnología, bien administrada, eficiente, limpia y sin corrupción creo que se podría apoyar, pero la voluntad no hace realidades y hoy la Comisión es lo contrario a todo esto. Por desgracia, el tono de la discusión también ha derivado en educados contra ignorantes o pueblo bueno contra aspiracionistas, lo cual es una desgracia clasista de parte del presidente López, pero también de muchos de sus opositores. 

El asunto es, en buena medida, que AMLO es un excelente comunicador de ideas simples y las oposiciones no lo han sido.