Esta semana en Estados Unidos el diferencial entre las tasas de interés de los bonos con vencimiento a tres años y la de bonos a cinco años se volvió negativo. Esta inversión parcial de la curva de rendimientos no se observaba desde el 2007, en vísperas de la Gran Recesión, lo que envió una alerta a los mercados financieros.

La importancia del spread de rendimientos de corto y largo plazos surge de la evidencia histórica en la que las recesiones de los últimos 60 años han sido precedidas por esta inversión de la curva.

Si bien el promedio de días desde la inversión hasta una recesión ronda los 600 días, la volatilidad actual de los mercados y un bajo desempeño en el sector inmobiliario, que afecta principalmente a la población de recursos medios y altos (responsables de gran parte de la actividad económica), podrían apresurar una desaceleración.

Ahora bien, la lógica detrás de este comportamiento puede verse desde diversas perspectivas: el aumento relativo en la tasa de bonos de tres años respondería a una baja de precio ante una menor demanda de estos instrumentos y, por el contrario, una mayor demanda de instrumentos de mediano plazo buscando una cobertura ante menores rendimientos esperados en este periodo.

Por otro lado, este cambio de demanda no necesariamente se desplaza dentro del universo de renta fija.

Ante la volatilidad actual de los mercados, pareciera que cualquier mejora relativa representa una oportunidad de entrada, por lo que noticias positivas pueden ser el incentivo necesario para que inversionistas que se refugiaban en el mercado de bonos, especialmente en el corto plazo, decidan inclinarse hacia el mercado de renta variable.

Mientras la curva de rendimientos mantenga una pendiente positiva y relativamente alta, puede entenderse que las perspectivas de crecimiento económico son altas, así como las tasas inflacionarias esperadas.

Entiéndase entonces que una curva con pendiente negativa o extremadamente baja (plana) implica exactamente lo contrario: bajas perspectivas de crecimiento y un panorama pesimista de la economía en general.

Es importante mencionar que este movimiento de la curva no fue en absoluto repentino: desde hace ya dos años, el aplanamiento de la curva se hacía notorio, alertando de una posible inversión.

El incremento en la tasas de corto plazo de la Fed y la preocupación creciente por los conflictos comerciales, que deteriora la perspectiva de largo plazo, han contribuido a este aplanamiento.

Por otro lado, este evento aislado no implica que una recesión esté a la vuelta de la esquina en Estados Unidos, pero da inicio a una cuenta regresiva para la eventual inversión del resto de la curva (en particular del spread entre bonos de dos años y 10 años) y posteriormente una recesión.

No obstante, la percepción del mercado de esta primera señal podría acelerar la paulatina inversión del resto de la curva.

El temor de una recesión podría incentivar a un gran número de inversionistas a adquirir bonos de largo plazo, aumentando la demanda y disminuyendo su rendimiento. Asimismo, la oferta y demanda crediticia sería afectada, agudizando la desaceleración económica.

El crecimiento de la economía estadounidense no seguirá indefinidamente y, si la existencia de ciclos económicos es bien conocida por la mayoría de los inversionistas, este tipo de señales funcionan como un recordatorio. El rango de tiempo para que la desaceleración comience es desconocido, pero con o sin inversión en la curva, es un hecho que sucederá en algún punto.

*Alejandra Abarca es analista en Signum Research.