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Opinión

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Tiburones

Gabriel Quadri de la Torre

Envueltos en el torbellino autocrático que lleva al país hacia escenarios cada vez más inciertos, parecería nimio o frívolo hablar ahora de tiburones en esta columna. No lo es, porque el tema arroja luz sobre otra más de las facetas inquietantes del régimen: su desdén por los desafíos ambientales y la conservación de la biodiversidad, y su empeño en violar la ley y desmantelar los avances logrados durante las últimas décadas. El recuento de daños ya es abultado —en apenas cinco meses—. Recuérdese que arranca con la cancelación de un ambicioso proyecto de creación de una gran Reserva de la Biósfera en el Mar de Cortés, poco antes de su toma de posesión. Esto es especialmente preocupante en virtud de la importancia y urgencia de la conservación de los ecosistemas marinos de nuestro país, los cuales han estado sujetos a una gigantesca sobre-explotación como consecuencia de captura de instituciones por intereses pesqueros, regulaciones laxas, muy limitada cobertura de Áreas Naturales Protegidas marinas, falta de procesos eficaces de inspección y vigilancia, y subsidios perniciosos otorgados por el gobierno a través de la Conapesca (que promueven un excesivo esfuerzo pesquero y el uso de artes de pesca depredadoras). Un caso emblemático es el de los tiburones y rayas en los mares mexicanos, en donde diversas especies han sido diezmadas, amenazadas y puestas al borde de la extinción.

Existen más de 100 especies de tiburones registradas en aguas marinas nacionales, de las cuales, cerca de 40 son severamente explotadas y pertenecen al menos a cinco familias (Alopidae; Carcharhinidae, Squatinidae, Sphyrnidae, y Triakidae).  Por su lado, se observan en aguas mexicanas alrededor de 80 especies de rayas (tiburones y rayas son parientes cercanos: elasmobranquios o peces cartilaginosos). De ellas, casi 40 especies son objeto de una fuerte explotación. Nuestro país ocupa en el mundo un ominoso lugar entre las naciones que matan el mayor número de tiburones anualmente: en México mueren entre 3 y 6 millones de tiburones cada año como consecuencia de actividades pesqueras. Éstas incluyen a la pesca ribereña artesanal que se lleva a cabo en pangas de menos de 10 metros de eslora, y que contribuye con aproximadamente 40% de las muertes de tiburones. Por su parte, la pesca de media altura y de altura con embarcaciones de más de 10 metros de eslora y que ocurre tanto en aguas costeras como oceánicas, es responsable de 60% de esta terrible cuota de muerte.

A pesar de una mortandad masiva, los tiburones y rayas representan una proporción muy baja tanto del volumen como del valor de la pesca nacional, con apenas 2.5% del total en ambos casos. El valor de todos individuos muertos asciende a alrededor de 400 millones de pesos anuales, y ocupa el décimo lugar entre las pesquerías nacionales.

El exterminio sistemático de tiburones y rayas ha llevado a que diversas especies se encuentren en riesgo o amenazadas, como ocurre con el tiburón blanco, los tiburones martillo, el tiburón zorro, el tiburón oceánico o de aleta blanca, el tiburón sedoso, el tiburón peregrino, el tiburón cailón, varias especies de mantarrayas, y de móbulas (mantas gigantes). Algunas como el tiburón sierra han sido puestas al borde de la extinción.  A pesar de todo ello, las autoridades mexicanas de pesca se han negado a ampliar la lista de tiburones en riesgo o amenazados, o en peligro de extinción dentro de los apéndices de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), ya que ello implicaría serias restricciones al comercio de tiburones y de sus partes.

En buena medida, en la actualidad, el exterminio de tiburones es consecuencia de la demanda de China de aletas de tiburón (para hacer la infausta sopa de aleta de tiburón), y de la incapacidad del gobierno mexicano para impedirlo. A pesar la normatividad que supuestamente lo regula (NOM 029 de Pesca), los tiburones son muertos y sus aletas cercenadas; sin que ni siquiera exista un aprovechamiento comercial integral del cuerpo de estos espléndidos animales. Lo más paradójico, en este contexto, es que los tiburones valen mucho más vivos que muertos. hoy en día representan un activo formidable para el turismo de buceo, que tiene en su observación submarina un mercado floreciente cuyo valor supera en mucho al valor de su pesca comercial.

Próximamente se celebrará una nueva reunión internacional de la Cites para analizar el listado de nuevas especies de tiburones como especies en riesgo, amenazadas o en peligro de extinción. El gobierno mexicano debería apoyarlo. Esto es dudoso, dada la influencia de la industria pesquera y la precariedad institucional, desinterés, e incluso repudio de la 4T a políticas de conservación y sustentabilidad. Veremos...

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Gabriel Quadri de la Torre

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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