El viernes pasado cayó un balde de agua fría sobre el equipo negociador mexicano. La reunión a puerta cerrada de los tres ministros duró apenas media hora, sin avances sustantivos. Casi al mismo tiempo, en un encuentro con los líderes de la industria automotriz, Donald Trump reiteró sus críticas al NAFTA y volvió a la carga con sus demandas a la industria automotriz: “quiero que ustedes hagan millones de automóviles más en los Estados Unidos”, dijo en un mensaje que fue televisado.

Un desconcierto pesimista predomina en la delegación mexicana. “La probabilidad de llegar a un acuerdo antes de la fecha límite es mucho menor al 50%, digamos entre 20 y 30%”, me dice un empresario que ha participado en el cuarto de al lado. Quedan tres días para la fecha fijada como límite por el líder del Congreso de Estados Unidos y no hay solución a la vista. El viernes 11 de mayo era un día clave para lograr avances y fue todo lo contrario: la demostración de la falta de voluntad del Gobierno de Trump.

En el capítulo de reglas de origen del sector automotriz está el nudo principal. En ese asunto, trascendió que los equipos técnicos ya habían llegado a un principio de acuerdo, tomando como base la contrapropuesta mexicana, en la que se aceptaban parcialmente las exigencias de Estados Unidos. Trump rechazó lo acordado por los equipos técnicos. Quiere más.

El problema está en los detalles pero también en la narrativa: Trump no está dispuesto a ceder en ese ni en ningún otro tema. El equipo negociador mexicano esperaba que las concesiones en el tema automotriz se tradujeran en flexibilidad de Estados Unidos en otros capítulos. La sunset clause, por ejemplo. Ese era uno de los puntos en los que México esperaba señales amistosas, pero no ha ocurrido así.  El equipo que encabeza Robert Lighthizer insiste en que México y Canadá acepten una clausula donde el TLCAN expira cada 5 años de manera automática. La renovación requeriría acuerdos tripartitas.

La cosa está mucho más complicada de lo que pensábamos hace unas semanas, reconoce alguien que ha participado en las negociaciones. Hemos entrado en un territorio de incertidumbre que se reflejará en presiones al tipo de cambio. No será volatilidad extrema porque todavía hay un colchón donde caer: el TLC sigue en vigencia, mientras que Donald Trump no solicite formalmente su intención de abandonar el acuerdo. Eso sería irracional pero no es imposible. Estamos en año electoral: en Estados Unidos renuevan Congreso en noviembre.

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.