El Jueves Santo es el día en que se conmemora la llamada Última Cena, en la que Jesús tomó alimentos por última vez con los 12 apóstoles, antes de ser aprehendido y crucificado.

La última cena es un acto trascendental no sólo en términos religiosos judeocristianos, sino también en términos simbólicos de la trascendencia de la relación entre los alimentos, la incorporación de los alimentos y la sociabilidad alrededor de compartir la comida. Para los creyentes católicos, la última cena marca la institución de la Eucaristía como símbolo de comunión entre los cristianos y Cristo.

En términos sociológicos, la Última Cena tiene diferentes simbolismos que ilustran nuestra relación con la comida y la sociabilidad alimentaria. Para los creyentes, a partir del pan y vino, las personas que lo comen, “incorporan” también a Jesús. El principio de incorporación es una de las invariantes del comensal humano. Según el sociólogo Claude Fischler, el principio de incorporación se resume en la frase “Somos lo que comemos”. Aunque esta frase es comúnmente utilizada en términos biológicos acerca del valor nutricional de los alimentos, lo cierto es que su significado filosófico va más allá de los atributos biológicos de los alimentos. El somos lo que comemos, incorpora también símbolos, identidades, significados y creencias. En este sentido, la Eucaristía de la Última Cena, a través del simbolismo de “comer y beber la carne y la sangre de Cristo”, ilustra cómo nuestra relación con el principio de incorporación trasciende las propiedades nutricionales.

Además, es significativo que la Última Cena de un personaje de importancia histórica como Jesús, transcurre en compañía de sus apóstoles, los más allegados a él. Bien podría Jesús simplemente haber elegido no comer del estrés de saber que iba a ser aprehendido, o por el contrario, tomar sus alimentos de manera aislada sin que esto trascendiera. En los evangelios que describen la Última Cena, se hace hincapié en este hecho, pues en compartir los alimentos radica el símbolo de la unión que desde ese momento establecen los apóstoles con Jesús. Los banquetes comunitarios entre los judíos de la época de Jesús, eran actos ya investidos de importancia en la sociedad.

La Última Cena se volvió objeto de culto iconográfico a partir de la representación de Da Vinci, que todos sabemos, obedece a los cánones estéticos europeos de la época, y no a un retrato histórico fidedigno de la apariencia de Jesús y sus apóstoles. Sin embargo, en esta obra icónica de altísimo valor artístico, se retratan también el poder de las interacciones sociales al momento de comer, poniendo especial énfasis, por ejemplo, en la auto exclusión que Judas el traidor hace de sí mismo en torno a la mesa.

La Última Cena representa también, en cierto modo, nuestra relación con el mundo terrenal por medio de la comida. La última cena de los condenados a muerte es una de las interrogantes de los análisis de prisioneros condenados a muerte en Estados Unidos. ¿Qué comerías si supieras que hoy es tu última cena?, es al final, un sinónimo de saber cómo sería tu despedida del mundo terrenal a partir la relación que estableces con las comidas de tu preferencia, por razones diferentes. Independientemente de las creencias de lo que suceda después de la muerte, la última cena marca la última oportunidad de relacionarse con el mundo de lo terrenal a partir de la incorporación de un alimento de disfrute.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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