Es preciso reiterar que la lucha contra el calentamiento global va a reconfigurar la economía global y las relaciones geopolíticas mundiales. De ahí la importancia de la COP 26 de Cambio Climático que concluyó el sábado 13 de noviembre en Glasgow. Su desenlace no es para desatar la euforia, pero tampoco la frustración. Arrojó importantes productos políticos, normativos e indicativos que significan pasos, tal vez aún demasiado cortos, pero en el sentido correcto, para minimizar los daños al planeta causados por los Gases de Efecto Invernadero (GEI). Hubo novedosos y audaces pronunciamientos sobre bosques y acabar con la deforestación para el 2030; desfasar el uso del carbón en la generación de electricidad; abatir las emisiones de metano (potente gas de efecto invernadero) en 30% al 2030; y acelerar la electrificación del parque vehicular y dejar de producir vehículos de combustión interna entre el 2035 y el 2040. Incluso, sorprendió la declaración conjunta de China y Estados Unidos en favor de temas climáticos torales.

El producto central fue el Pacto de Glasgow por el Clima, que, con un lenguaje cuidadoso, pero también asertivo, reafirmó el objetivo global de mantener el aumento en la temperatura del planeta debajo de los 2.0°C y de buscar que no supere los 1.5°C por encima de los niveles preindustriales, como premisa para evitar los peores impactos del cambio climático. Reconoce que tales límites de aumento en la temperatura exigen reducciones de emisiones de GEI del 45% para el 2030 con relación al 2010, con la meta de llegar a cero emisiones netas hacia la mitad del siglo. Exhorta a acelerar el desarrollo, despliegue y diseminación de nuevas tecnologías, y la adopción de políticas para lograr una transición hacia sistemas energéticos con energías limpias, acelerando los esfuerzos para dejar atrás el uso del carbón (en el caso de México, consideremos como equivalente al combustóleo) y los subsidios a los combustibles fósiles (en el caso de México, a través de beneficios fiscales en el IEPS). Algo esencial; el Pacto de Glasgow enfatiza la importancia de proteger, conservar, y restaurar los ecosistemas naturales, incluyendo bosques y otros ecosistemas terrestres y marinos, con la finalidad de que funcionen como sumideros de carbono y protegiendo la biodiversidad.

El Pacto de Glasgow también asume la urgencia de incrementar el financiamiento, capacidades y transferencia tecnológica para la adaptación al cambio climático, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad en los países más pobres. Demanda la presentación de planes nacionales de adaptación, y apremia a integrarlos dentro de la planificación nacional, regional y local. Particularmente, en materia de financiamiento a países pobres, el Pacto de Glasgow por el Clima enfatiza la necesidad de movilizar todas las fuentes para superar los 100 mil millones de dólares anuales. Igualmente, reitera la urgencia de escalar la acción y el apoyo para minimizar y afrontar pérdidas y daños asociados con el cambio climático en las naciones pobres y vulnerables.

El Pacto de Glasgow promueve acciones de reducción de emisiones en sectores prioritarios (energía, industria, transporte, agricultura, bosques), que contribuyan al cumplimiento e implementación de los compromisos (NDC) de reducción de emisiones. Y algo de gran trascendencia: reconoce la importancia de proteger, conservar y restaurar ecosistemas para generar servicios cruciales como sumideros y reservas de gases de efecto invernadero, reduciendo la vulnerabilidad al cambio climático. El Pacto afirma la importancia de la colaboración internacional (mercados y transacciones de carbono) en acciones climáticas innovadoras.

La COP 26, así mismo, generó documentos técnicos metodológicos, indicativos o de guía sobre temas cruciales para el Acuerdo de París, tales como la Guía para Enfoques Cooperativos Basados en Mercados de Carbono (Artículo 6 del Acuerdo de Paris); Financiamiento climático a largo plazo; Guía para el Fondo Verde del Clima; Guía para el Global Environmental Facility del Banco Mundial; Guía para Transparencia en inventarios de emisiones, seguimiento a NDC, financiamiento y apoyos (Artículo 13 del Acuerdo de París); Marcos de Referencia Temporales comunes y seguimiento a los compromisos de reducción de emisiones (NDC), comunicaciones, información, registro público, ambición (Artículo 4 del Acuerdo de París); y, Pérdidas y Daños derivados del cambio climático (Mecanismo de Varsovia); entre otros.

Con referencia a nuestro país, vale decir que fue decepcionante la delegación oficial mexicana, por su bajo nivel, ausencia de liderazgo, falta de oficio y de contenidos serios, incapacidad técnica, vacíos institucionales, desconocimiento e improvisación. Fue un estrepitoso fracaso diplomático. Todo ello es resonancia clara del desprecio y retrocesos del actual gobierno en los temas de energía, climáticos y ambientales.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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