En más de una ocasión he escuchado críticas acerca de las reuniones de altos funcionarios gubernamentales. Algunas veces las críticas se concentran en los recursos que se destinan a organizar dichos encuentros; en otras ocasiones, se señala que las reuniones de presidentes no sirven para nada, ya que jamás llegan a resultados concretos.

No obstante, estas críticas no toman en cuenta que  – para bien o para mal – los aparatos gubernamentales funcionan a partir de estos compromisos y a partir de las instrucciones que los presidentes emiten en cada uno de estos encuentros. 

La primera Cumbre de Líderes de América del Norte (CLAN) se celebró en 2005, y desde ese año hasta el 2016, los presidentes de México, EE.UU. y el primer ministro de Canadá se reunieron de manera periódica para tratar de imprimir en sus equipos la visión requerida para sacar adelante el proyecto de integración regional norteamericano. 

Esto nunca ha sido una tarea fácil, y  es justo decir que México siempre ha tenido que esforzarse para adaptar y reinterpretar la agenda norteamericana a la luz de estas problemáticas y de la visión que tenga EE.UU. de ellas - por ejemplo, en las reuniones de 2005 a 2007, se insistía mucho en la necesidad de creas cadenas seguras de suministro, en desarrollar e implementar programas de viajeros confiables, a través de la reducción de los costos de transacción y la eliminación de obstáculos al comercio. 

Si consideramos la agenda de la CLAN 2021, ¿cuáles deben ser las prioridades? Sin duda, es urgente volver a proyectar a la región como un jugador importante a nivel internacional, mediante una recuperación económica expedita, así como una protección efectiva de nuestras poblaciones contra el COVID-19. También debe ser una prioridad el desarrollar cadenas de suministro confiables en la región, para no enfrentar el riesgo de que nuestros países dependan de la importación de los insumos más básicos. Los mensajes de los Líderes reflejaron precisamente estos temas. 

¿Qué sigue ahora? Como siempre, el éxito de sta agenda dependerá de que se haga un seguimiento e implementación adecuados. Pero me parece que, de manera más significativa, el avance en América del Norte se vería muy fortalecido si alimentamos dos factores: primero, garantizar que México, EE.UU. y Canadá mantengan el espíritu de trabajo e integración que prevaleció durante la negociación y aprobación del T-MEC, con el cual refrendamos que nuestros países son mucho más que vecinos. 

Segundo, América del Norte debe de tener una colección muy bien definda de aspiraciones y objetivos conjuntos. Somos muy buenos socios, y sin duda hemos desarrollado intereses comunesa partir de esa integración económica, pero nos hace falta una idea eje, un gran idea sobre el cual organicemos y enfoquemos todo nuestro empeño. 

Hagamos votos para que la CLAN 2021 sea el primer paso en la definición del imaginario colectivo norteamericano, ya que lo peor que podemos hacer es dividirnos como región, cuando la práctica común en el mundo es competir de manera regional. 

*El autor es académico de la Universidad Panamericana; previo a eso, desarrolló una carrera de veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales.

Twitter: @JCBakerMX

Juan Carlos Baker

Académico

Pistas de aterrizaje

Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.

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