Por el efecto de la cuarentena por el Covid-19, María P., que labora como ayudante de limpieza, viene pasando por una difícil situación económica. Su esposo y su hijo quedaran desempleados de la empresa de construcción y el restaurante en donde trabajaban, respectivamente, y de momento su salario es el único sustento de la familia. Esta situación no es muy diferente a la que millones de mexicanos están pasando debido al paro de distintas actividades económicas. Según la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) que publicó el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) con datos al mes de abril 2020, el total de personas con empleo cayó en 12.5 millones en el dicho mes con respecto a marzo de los cuales solamente 700,000 eran empleos formales y el restante empleos informales.

Distintos estados han comenzado a levantar las restricciones de movilidad aun cuando el ratio de propagación del Covid-19 no muestra señales de disminución conscientes del trade-off que enfrentan las familias entre tener una crisis sanitaria o una económica. Algunos países, en los que no se incluye a México, han implementado medidas agresivas para ayudar a las familias a solventar esta crisis a costa de un mayor endeudamiento del Estado, no obstante, esta ayuda solamente es temporal.

El panorama económico para México es aún incierto, tal como lo señaló Alejandro Díaz de León, gobernador de Banco de México, en el último Reporte de Inflación. El consenso de analistas económicos espera un decrecimiento de -7.8% del PIB en el 2020 y una recuperación de 2.5% para el 2021, que implícitamente dice que tendremos una lenta recuperación económica. Ante este escenario, muchas familias consumirán los ahorros que acumularon en épocas de bonanza hasta que logren nuevamente estabilizarse económicamente. Esto es a lo que se puede denominar ahorro procíclico.

El concepto es simple: ahorrar en épocas donde se tenga solvencia económica y utilizar el ahorro en épocas de dificultad económica. En temporada de vacas gordas, es importante que las familias destinen un cierto porcentaje de sus ingresos al ahorro y que vayan construyendo un fondo que les permita hacer frente a cualquier imprevisto, o que a su vez les permita afrontar épocas de vacas flacas. Esto, que suena lógico en la práctica, es muy difícil de implementar. Las Finanzas del Comportamiento o Behavioural Finance denominan a esta dificultad como Sesgo de Autocontrol.

El Sesgo de Autocontrol existe cuando las personas fracasan en actuar en consecuencia de sus objetivos de largo plazo debido a la falta de disciplina. En su lugar prefieren una mayor satisfacción en el corto plazo. Estas conductas no solo aplican al ahorro, sino también a otras situaciones, como cuando se quiere perder peso o dejar de fumar. En el caso del ahorro, las personas saben que deben ahorrar, sin embargo, les cuesta trabajo sacrificar consumo presente. La forma de superar este sesgo es mediante la planificación financiera. Determinar un presupuesto personal de ingresos y gastos es fundamental para determinar la capacidad de consumo y ahorro. Posteriormente, es importante definir un plan de inversiones por escrito de forma que pueda ser revisado periódicamente, con la composición de activos que permitirán cumplir con los objetivos financieros de largo plazo. Si, en la medida de lo posible, el hábito del ahorro forma parte de la vida cotidiana, se podrán evitar situaciones financieras complicadas en el futuro.

*El autor es CFA, Executive Director Latam Head of Fixed Income Investments.

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